Ōquincuīquê in tōxiuh,
ōquintēcquê in tocuāmmah,
ōquinxitinquê in tocuauh,
yēcē àmo ōhuel ōquinnēlhuāyōquixtīquê in tonelhuāyō.
#náhuatl
CIS 27, Tuxtepec, Oaxaca,México
El 2 de octubre no es pasado.
Es memoria de lucha, organización y resistencia.
En México, el movimiento estudiantil de 1968 tomó las calles y desafió al régimen autoritario del PRI y de Gustavo Díaz Ordaz. Exigía la libertad de los presos políticos, la desaparición del cuerpo de granaderos y el fin de la represión.
Aunque los estudiantes estuvieron al frente, no marcharon solos.
Profesores, madres y padres de familia, obreros y otros sectores populares se sumaron a las movilizaciones y acompañaron la lucha.
Para entonces, el movimiento ya había enfrentado intervenciones policiales y militares. El Estado mexicano respondió a sus demandas con más represión, una escalada que culminó el 2 de octubre en la masacre de Tlatelolco.
Las bengalas lanzadas desde un helicóptero marcaron el inicio del operativo. En tierra, el Ejército y el Batallón Olimpia, un grupo paramilitar infiltrado entre la multitud, participaron en la represión. Sus integrantes vestían de civil y se identificaban con un guante o pañuelo blanco.
Recordamos a las y los estudiantes perseguidos, encarcelados, heridos y asesinados. Honramos a los hombres y mujeres que se organizaron, brigadearon y resistieron, especialmente a las mujeres, tantas veces borradas de la historia.
Como mexicana, reivindico esa memoria estudiantil y popular.
La memoria también es resistencia.
Mientras exista injusticia, habrá juventud organizándose, tomando las calles y negándose a guardar silencio.
2 de octubre no se olvida.