He terminado el entrenamiento más duro que recuerdo desde que soy gordo y el esfuerzo mental que he hecho para no pedirme dos durums es espectacular. Tenía el número en la mano pero he dicho “Lo siento Haseem amigo, pero no, no puedo” y a comer verduras. Seguimos.
Y de repente descubres lo cómodo que estás en la playa sentado en una silla, en lugar de estar tirado en una mierda de toalla, y renuncias gustosamente a ese mínimo resquicio de juventud que te quedaba.