Que angustia vivir otra vez un casos como el de Agostina y tener que seguir escuchando opiniones totalmente misóginas incluso hablando de una menor. Es una pesadilla sin fin.
Cuando era chico, mi mamá me mandaba a comer a los cumpleaños para que volviera sin hambre a casa. Volvamos a los valores que nos hicieron grandes como nación.