Lo siento, pero las colonias tenían que levantarse en contra de Francia en algún momento.
—se tuvo que morder los labios y apartar la mirada de manera más o menos digna para mantener la compostura—
La romaní retrocedió al momento, llevándose una mano al corazón y otra a la frente para demostrar el dolor que le producían sus palabras.
—Mon Dieu! ¡Atacada por quién menos me lo esperaba! ¡No sé si me recuperaré de esto!
—Lo mismo se le quedó una costilla por el camino, pero no se quejó y correspondió de vuelta porque el entusiasmo podía con ella—
En serio, me alegro muchísimo de verte.