@patergongora@UniCatolicos_es@tomasmrico Si a Gaudí, católico ferviente, le dicen que el Sagrario de su iglesia iba a estar escondido en el sótano, le habría dado un telele. Cosas de la reforma litúrgica del mason Bugnini.
@entretusmanos22@iPakino89_ El ecumenismo supone que: o nosotros renunciamos a nuestros dogmas o lo hacen ellos a sus herejías. Lo que se debe hacer es evangelizar a los herejes y convertirlos de nuevo al catolicismo.
@iPakino89_ Somos más, pero al paso que vamos, no nos distinguiremos de ellos; la protestantización de la Iglesia católica avanza sinodalmente; solo hay que ver las performances de la
visita del Papa; los fieles con los brazos abiertos rezando el padre nuestro o los abrazos en “daos la Paz”.
¿Qué es esto?😱
En dos mil años de historia de la Iglesia Católica, la Curia jamás necesitó rebajar la Majestad divina de Nuestro Señor Jesucristo vulgarizando las formas para conseguir evangelizar. Nuestros antepasados -los padres de nuestros tatarabuelos, bisabuelos y abuelos- comprendieron perfectamente la doctrina católica precisamente porque se les enseñó desde el principio a distinguir con reverencia entre la criatura y el Creador. Por eso, al referirse al Hijo de Dios, decían con plena conciencia: "Nuestro Señor Jesucristo". Esa fórmula no es mera cortesía lingüística; es una confesión teológica que salvaguarda la infinita distancia ontológica entre la divinidad (que es solo de Dios por naturaleza) y la humanidad creada.
Llamarlo “mi Jesús”, en cambio, es una expresión de familiaridad sentimental que borra esa distancia sagrada, reduce al Verbo Encarnado al nivel de un compañero emocional y lo iguala, en el trato, con la finitud del hombre. Esta costumbre no pertenece a la Tradición católica, sino que es un sello característico del protestantismo pietista y sentimental, que prefiere un Cristo accesible y domesticado antes que el Señor de señores ante quien “se doblará toda rodilla” (Flp 2, 10-11).
Hoy, ciertos pastores y teólogos de moda, despreciando la inteligencia de los sencillos, repiten este error con un argumento aparentemente pastoral: “hay que aterrizar la doctrina”, “hay que acercarla al mundo”, “hay que quitarle sacralidad para que sea aceptada por los jóvenes”. ¡Hipócritas! En realidad, detrás de esa supuesta "adaptación" se esconde el proyecto más antiguo y sutil de la serpiente: desacralizar. Porque quien logra desacralizar la liturgia, el lenguaje, los gestos y los nombres con que nos dirigimos a Dios, está en camino de vaciar la fe de su sustancia divina. No pretenden evangelizar, lo que realmente buscan es secularizar la Iglesia desde dentro.
En ese ejercicio niegan que la verdadera razón de la Encarnación es elevar al hombre, por la Gracia, hacia el fin para el que fue creado: la visión beatífica, es decir, ver a Dios cara a cara, tal como es (cf. 1 Jn 3,2), desde nuestra condición de criaturas, pero transformadas y elevadas por la gracia santificante. Dios se hizo hombre para que, por la unión hipostática y la adopción filial, el hombre pueda acceder al cielo como hijo de Dios y contemplar eternamente la gloria divina en el amor trinitario, sin dejar nunca de ser criatura. Ese es el fin teleológico supremo de la Redención.
Por lo tanto, esta vulgarización y desacralización de las formas no solo fracasa en evangelizar, sino que aleja dramáticamente al hombre de Dios. Deforma la relación filial y reverente que debe unir a la criatura con su Creador, una relación ordenada y NECESARIA que en esta vida nos enseña a tratarlo con adoración, humildad y amor filial para que, en la otra, en el Cielo, sepamos cuál es nuestro verdadero lugar delante de Él.
Porque el Cielo no es un espacio de igualdades horizontales, ni democratistas ni de camaradería sentimental, sino de jerarquía sagrada: allí los ángeles y santos adoran la Majestad divina en perfecta orden, justicia y amor. Sería absolutamente inconcebible, en esa Gloria, acercarse al Verbo Encarnado diciendo con familiaridad presuntuosa: "hola, mi cumpa Jesús, somos iguales". Solo los demonios desprecian tanto a Nuestro Señor Jesús como para buscar rebajar su autoridad, majestad y soberanía absoluta. Un católico SIEMPRE ha sabido que la verdadera intimidad con Dios nace del reconocimiento gozoso de su infinita trascendencia, nunca de su rebajamiento a nuestra imperfecta medida.
@ObispoMunilla Monseñor, por favor, deje de tutear a Nuestro Señor Jesucristo cuando rece el Señor mío Jesucristo y lea este magnífico post a ver si le convence.
¿Qué es esto?😱
En dos mil años de historia de la Iglesia Católica, la Curia jamás necesitó rebajar la Majestad divina de Nuestro Señor Jesucristo vulgarizando las formas para conseguir evangelizar. Nuestros antepasados -los padres de nuestros tatarabuelos, bisabuelos y abuelos- comprendieron perfectamente la doctrina católica precisamente porque se les enseñó desde el principio a distinguir con reverencia entre la criatura y el Creador. Por eso, al referirse al Hijo de Dios, decían con plena conciencia: "Nuestro Señor Jesucristo". Esa fórmula no es mera cortesía lingüística; es una confesión teológica que salvaguarda la infinita distancia ontológica entre la divinidad (que es solo de Dios por naturaleza) y la humanidad creada.
Llamarlo “mi Jesús”, en cambio, es una expresión de familiaridad sentimental que borra esa distancia sagrada, reduce al Verbo Encarnado al nivel de un compañero emocional y lo iguala, en el trato, con la finitud del hombre. Esta costumbre no pertenece a la Tradición católica, sino que es un sello característico del protestantismo pietista y sentimental, que prefiere un Cristo accesible y domesticado antes que el Señor de señores ante quien “se doblará toda rodilla” (Flp 2, 10-11).
Hoy, ciertos pastores y teólogos de moda, despreciando la inteligencia de los sencillos, repiten este error con un argumento aparentemente pastoral: “hay que aterrizar la doctrina”, “hay que acercarla al mundo”, “hay que quitarle sacralidad para que sea aceptada por los jóvenes”. ¡Hipócritas! En realidad, detrás de esa supuesta "adaptación" se esconde el proyecto más antiguo y sutil de la serpiente: desacralizar. Porque quien logra desacralizar la liturgia, el lenguaje, los gestos y los nombres con que nos dirigimos a Dios, está en camino de vaciar la fe de su sustancia divina. No pretenden evangelizar, lo que realmente buscan es secularizar la Iglesia desde dentro.
En ese ejercicio niegan que la verdadera razón de la Encarnación es elevar al hombre, por la Gracia, hacia el fin para el que fue creado: la visión beatífica, es decir, ver a Dios cara a cara, tal como es (cf. 1 Jn 3,2), desde nuestra condición de criaturas, pero transformadas y elevadas por la gracia santificante. Dios se hizo hombre para que, por la unión hipostática y la adopción filial, el hombre pueda acceder al cielo como hijo de Dios y contemplar eternamente la gloria divina en el amor trinitario, sin dejar nunca de ser criatura. Ese es el fin teleológico supremo de la Redención.
Por lo tanto, esta vulgarización y desacralización de las formas no solo fracasa en evangelizar, sino que aleja dramáticamente al hombre de Dios. Deforma la relación filial y reverente que debe unir a la criatura con su Creador, una relación ordenada y NECESARIA que en esta vida nos enseña a tratarlo con adoración, humildad y amor filial para que, en la otra, en el Cielo, sepamos cuál es nuestro verdadero lugar delante de Él.
Porque el Cielo no es un espacio de igualdades horizontales, ni democratistas ni de camaradería sentimental, sino de jerarquía sagrada: allí los ángeles y santos adoran la Majestad divina en perfecta orden, justicia y amor. Sería absolutamente inconcebible, en esa Gloria, acercarse al Verbo Encarnado diciendo con familiaridad presuntuosa: "hola, mi cumpa Jesús, somos iguales". Solo los demonios desprecian tanto a Nuestro Señor Jesús como para buscar rebajar su autoridad, majestad y soberanía absoluta. Un católico SIEMPRE ha sabido que la verdadera intimidad con Dios nace del reconocimiento gozoso de su infinita trascendencia, nunca de su rebajamiento a nuestra imperfecta medida.
@obioshypolepsis@Javier_Torrox Pues el final “ Lo del Papa es como si Soros le hubiera contratado para un anuncio de la agenda 2030”, me parece buenísimo.
@UniCatolicos_es Con una población apóstata en más del 50%, con un gobierno anticatólico, con más de 100.000 abortos anuales, con una ley de eutanasia y con divorcio expres..¿De verdad, España es hoy una monarquía católica?
@UniCatolicos_es Con lo fácil que es decir: el concubinato, la fornicación, el adulterio…son pecados mortales y, para recibir la comunión hay que estar en gracia de Dios. La
Confesión, sin propósito de enmienda, no perdona los pecados. Así que, si quiere comulgar deje de estar en pecado mortal.