Para los uribistas, los hechos que contradicen sus prejuicios simplemente no necesitan ser creídos; la experiencia directa de la carencia se sustituye por eslóganes y símbolos que aseguran pertenencia y sentido
En Colombia, la corrupción no es un hecho aislado: es un fenómeno estructural y sistémico arraigado históricamente en las relaciones entre la política tradicional y el poder económico hegemónico. Este entramado ha permitido la captura de lo público, desviando recursos esenciles