🚨🇮🇱 | LA CRUDA REALIDAD: Militantes pro-Hamás y negacionistas de la masacre del 7 de octubre fueron expuestos en persona frente a víctimas sobrevivientes del ataque terrorista.
- No es un ataque, es resistencia.
+ Yo estaba bailando con mis amigos. Hombres armados con AK-47 vinieron a matar, violar y quemar a la gente viva...
- No quiero hablar con vos.
On October 7, 2023, Yael Idan witnessed Hamas terrorists murder her sister Maayan. Her father, Tzachi, was taken hostage into Gaza and was later returned to Israel after being murdered in captivity.
Their story must never be forgotten. Keep telling it. Keep remembering them. 💔🇮🇱
May Tzachi’s memory forever be a blessing. 🕊️
Como médico, y especialmente desde la mirada de la salud mental, me parece profundamente preocupante ver a madres y grupos de mujeres aplaudiendo y defendiendo con vehemencia a Lindsay Clancy.
No se discute que la salud mental materna es un problema serio y subatendido. La psicosis posparto, aunque rara (entre 1 y 2 por cada 1.000 partos), es una emergencia psiquiátrica real. Cuando no se diagnostica y trata a tiempo, se asocia a un riesgo elevado de suicidio e infanticidio (literatura estima alrededor del 4 % en casos no tratados). El estrés extremo, el insomnio severo, los cambios hormonales y, en algunos casos, un sustrato bipolar no reconocido pueden distorsionar gravemente la percepción de la realidad y la capacidad de juicio. Eso es medicina, no ideología.
Sin embargo, romanizar o convertir en víctima heroica a una mujer que estranguló a sus tres hijos (de 5 años, 3 años y 8 meses) es otra cosa completamente distinta. Y es éticamente inaceptable.
Según los testimonios de los propios clínicos que la atendieron en los meses previos (psiquiatras y enfermeras de salud mental perinatal), Clancy fue diagnosticada fundamentalmente de trastorno depresivo mayor severo sin síntomas psicóticos y de ansiedad generalizada. Varios de ellos declararon explícitamente que no observaron signos de psicosis ni de manía en las consultas, incluida la del día anterior a los hechos. La defensa sostiene que se trataba de psicosis posparto (posiblemente en el contexto de un trastorno bipolar no diagnosticado) agravada por medicación. Esa discusión clínica y forense debe resolverse en el juicio con evidencia, no en las redes con aplausos.
Lo que no admite relativización es el acto: tres niños asesinados. La enfermedad mental puede explicar un comportamiento, pero no lo convierte automáticamente en justificado ni en merecedor de celebración. Confundir compasión clínica con legitimación moral es peligroso.
Más preocupante aún resulta el comportamiento de quienes salen a defenderla con tanto fervor y sin matices. Ese nivel de identificación y justificación de un filicidio merece, como mínimo, una reflexión seria sobre los mecanismos psicológicos que están operando. No se trata de estigmatizar a todas las madres que sufren, sino de no normalizar la deshumanización de las víctimas (los niños) en nombre de una narrativa de “madre rota”.
La salud mental debe atenderse con rigor, recursos y sin estigma. Pero la empatía no puede llegar al punto de aplaudir a quien mató a tres niños. Ese límite no es opcional.
Este video HECHO EN 15 MINUTOS sobre cómo Pierre Bourdieu te explica La Casita de Bad Bunny la está petando en mi canal. Instruir deleitando es mi lema.
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