¿Qué dice la evidencia científica sobre el método Montessori?
Tras varios años de trabajo acaba de publicarse nuestra revisión sistemática y metaanálisis en Review of Educational Research.
Analizamos 198 estudios con una perspectiva meta-científica:
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Un nuevo estudio muestra que los médicos y psiquiatras prefieren explicar la ansiedad a sus pacientes con un enfoque evolucionista en lugar de la explicación genética que se enseña habitualmente. Según los resultados, los clínicos son más de cinco veces más propensos a considerar útil esta perspectiva evolucionista para sus pacientes.
La idea central es presentar la ansiedad como un éxito de la evolución que se ha descontrolado un poco. La ansiedad es un mecanismo de supervivencia que se desarrolló para protegernos de peligros reales en nuestro pasado ancestral, como depredadores, escasez de comida o el rechazo del grupo. Funciona como un detector de humo que salta con demasiada facilidad: es mejor reaccionar muchas veces en falso que perderse una amenaza verdadera. En el mundo actual, con redes sociales, noticias constantes e aislamiento, este sistema se activa con exceso y puede convertirse en trastorno de ansiedad.
Esta explicación evolucionista ayuda a los pacientes a ver sus síntomas de forma más positiva, no como un cerebro defectuoso o “roto”, sino como una respuesta normal y útil que simplemente se ha exagerado. El estudio, realizado con 171 profesionales de la salud mental en Reino Unido e Irlanda, mostró que los clínicos también creían que los pacientes estarían más dispuestos a buscar ayuda y tendrían más esperanza de recuperarse con esta visión. Por el contrario, la explicación genética generó más pesimismo sobre la posibilidad de recuperación.
Los investigadores proponen incluir la psiquiatría evolucionista en la formación de los médicos y crear recursos para el público. Entender la ansiedad desde esta perspectiva puede reducir el estigma, ofrecer más esperanza y mejorar los tratamientos, como la terapia de exposición, que aprovecha los mismos mecanismos de aprendizaje que hemos usado durante millones de años.
En resumen, la ansiedad no sería un fallo moderno, sino una característica antigua de supervivencia que, en nuestro entorno tan diferente, a veces nos juega malas pasadas.
El test de dibujo de figura humana parece inofensivo, pero cuando se usan para diagnosticar psicopatología o peor "ubicar la inteligencia", el margen de error no es pequeño: es inaceptable.
La evidencia muestra tasas de mala clasificación de 56 a 65% del dominio conceptual. En la práctica, esto puede traducirse en decisiones educativas equivocadas o diagnósticos erróneos.
Un problema clave es que, muchas veces, no se evalúa el estado psicológico sino la habilidad para dibujar. Incluso cuando se advierte a los clínicos, el sesgo hacia la calidad artística persiste, afectando la interpretación. Así, un niño con poca destreza gráfica puede parecer “problemático”, y uno con buena habilidad puede enmascarar dificultades reales.
A esto se suma una ambigüedad de base: un mismo rasgo en el dibujo puede interpretarse de formas distintas, favoreciendo subjetividad, sesgos de confirmación y sobreinterpretación de variaciones normales o culturales.
El punto crítico no es el dibujo como recurso clínico complementario, sino su uso como herramienta diagnóstica autónoma. Ahí es donde la evidencia no respalda su validez y donde el riesgo ético aparece: decisiones clínicas, educativas o incluso legales (les encanta a los abogados y jueces) basadas en datos poco fiables.
La pregunta no es si debemos dejar de usar dibujos en clínica, sino si estamos dispuestos a dejar de darles un peso que no pueden sostener.
Imuta et al., 2013 (PLoS One); Thomas & Jolley, 1998 (Br J Clin Psychol); Feher et al., 1983 (J Clin Psychol); Bekhit et al., 2005 (Psychol Psychother); Matto, 2002 (Psychol Assess).
¿Qué opinan de esto?
En una clase sobre trastornos de la personalidad con alumnos que eran psiquiatras y neurólogos, surgió una postura interesante: tener cautela al diagnosticar Trastorno Límite de la Personalidad, no por falta de criterios clínicos, sino por el estigma que puede implicar.
Algunos planteaban que, en ciertos casos, sería preferible hablar de “desregulación emocional” para evitar ese impacto.
Esto dejó sobre la mesa una pregunta:
¿El problema está en el diagnóstico en sí, incluso cuando es un diagnóstico de trabajo útil para orientar tratamiento, o en el contexto social que lo rodea?
Y más aún:
¿Ser cautelosos al nombrarlo protege al paciente… o termina reforzando el estigma al tratar el diagnóstico como algo que debe evitarse?
No es un dilema exclusivo de la psiquiatría.
¿Advertir sobre el peso social de un diagnóstico es una práctica clínica responsable, o una forma indirecta de validar el estigma existente?
¿Dónde pondrían ustedes el límite?
No me imagino a los astrónomos debatiendo si la astrología debería formar parte de su disciplina. Sin embargo, en psicología sí se discute la inclusión del psicoanálisis, como si fuera una excepción frente a otras pseudociencias.
Muchos pacientes con ansiedad, depresión o insomnio dicen que la cannabis “les ayuda”. Pero cuando revisamos con cuidado la evidencia científica, la historia es bastante más compleja. Una revisión reciente en @JAMAInternalMed analizó qué sabemos sobre la cannabis y salud mental
El contexto es importante. En las últimas dos décadas el uso de la cannabis ha aumentado de forma importante, y al mismo tiempo también ha aumentado la potencia de los productos disponibles, principalmente por concentraciones más altas de THC. Estos dos fenómenos han convertido a la cannabis en un tema cada vez más relevante desde el punto de vista de salud pública.
Además, muchas personas no la consumen solo con fines recreativos. Entre quienes usan cannabis, entre el 10% y el 30% de la población general y hasta tres cuartas partes de pacientes de atención primaria refieren utilizarla para manejar síntomas de salud, incluidos síntomas de salud mental.
En trastorno por estrés postraumático, por ejemplo, la evidencia actual es de baja certeza y sugiere que la cannabis no reduce la severidad de los síntomas ni mejora otros síntomas de salud mental. En el ensayo clínico más grande realizado hasta ahora, con 80 veteranos, distintas formulaciones de cannabis fumada no mostraron diferencias frente a placebo después de tres semanas de tratamiento.
En ansiedad, los efectos dependen mucho del compuesto y de la dosis. El THC, que es el principal componente psicoactivo de la cannabis, puede tener efectos opuestos: dosis bajas pueden reducir ansiedad en algunas personas, mientras que dosis más altas pueden inducir ansiedad. En contraste, existe evidencia preliminar de baja certeza de que el cannabidiol (CBD) podría reducir síntomas de ansiedad cuando se utiliza diariamente en dosis de aproximadamente 150 a 300 mg durante varias semanas.
En depresión la evidencia es aún más limitada. Los estudios disponibles no muestran que la cannabis mejore los síntomas depresivos. Además, algunos estudios observacionales han encontrado asociaciones entre consumo intenso de cannabis y mayor riesgo de autolesiones o conducta suicida, especialmente en personas jóvenes con trastornos del estado de ánimo.
En trastorno bipolar los hallazgos son más consistentes. Diversos estudios observacionales han encontrado que el consumo de cannabis se asocia con más episodios de manía, menor probabilidad de recuperación y peores resultados funcionales. Por esta razón, los autores recomiendan desalentar su uso en personas con este diagnóstico.
Uno de los aspectos más preocupantes tiene que ver con la psicosis. Estudios experimentales muestran que el THC puede inducir estados psicóticos transitorios. Además, el consumo frecuente de cannabis, especialmente durante la adolescencia, se ha asociado con mayor riesgo de desarrollar trastornos psicóticos. Algunas estimaciones sugieren que el riesgo puede aumentar aproximadamente entre dos y once veces dependiendo del patrón de uso y de la vulnerabilidad individual.
También es importante considerar el trastorno por uso de cannabis. Aproximadamente 3 de cada 10 personas que consumen cannabis en el último año cumplen criterios de este trastorno, y cerca de la mitad presentan formas moderadas o graves con impacto en la vida social, laboral u otras áreas del funcionamiento.
Desde el punto de vista neurobiológico, muchos de estos efectos se relacionan con la acción del THC sobre los receptores cannabinoides tipo 1 del cerebro, que se encuentran en regiones implicadas en memoria, emociones, motivación y control cognitivo.
La conclusión de esta revisión es prudente pero clara: la evidencia actual no es suficiente para respaldar el uso de la cannabis como tratamiento de trastornos mentales, mientras que sí existen riesgos relevantes, especialmente con productos con alto contenido de THC y en poblaciones vulnerables como adolescentes, personas con trastorno bipolar o trastornos psicóticos.
¿Qué opinan?
Fuente: https://t.co/GyvQddLcut
¿Cómo podemos definir a una emoción?
Experiencia multidimensional con al menos 3 sistemas de respuesta:
- Conductual - Expresivo
- Cognitivo - Subjetivo
- Fisiológico - Adaptativo
Chóliz-Montánes, M. Psicología de la emoción: el proceso emocional. Universidad de Valencia. 2005; pp 9-20.
Casi todo mi conocimiento actualizado se lo debo a una informática kazaja que consideró que la información científica era de uso público y debía estar a nuestra disposición gratuitamente:
"Los genes no causan la depresión de manera determinista igual que no son deterministas en la mayoría de las cosas; lo que hacen los genes es interaccionar con el ambiente" —Robert Sapolsky
Este tipo de afirmaciones son muy típicas de un deudor cognitivo. Mijos, a los "procesos cognitivos" también los llamamos "habilidades" porque son altamente dependientes de la práctica. Por eso la insistencia de leer, escribir a mano, memorizar.
-Oye Amlo ¿Cómo se define el despliegue de la GN en el país porque no parece que responda a índices delictivos?
-Es asunto de seguridad nacional.
-¿por qué enviaste 6 mil soldados al metro de la CDMX y ninguno efectivo a un Uruapan donde el alcalde rogaba por ayuda?
Aunque más hombres mueren por suicidio debido a la selección de métodos de mayor letalidad, las mujeres tienen el doble de probabilidades de experimentar pensamientos suicidas o participar en comportamiento suicida
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Decir “hiperactividad” o “inatención” sin describir la conducta no es observación clínica, es adivinanza.
Cada quien entiende algo distinto, por eso las etiquetas sin contexto no sirven.
¿Alguna vez has pensado que hablamos como psiquiatras sin darnos cuenta?
Decimos “trauma”, “fobia”, “ansiedad”, “depresión”, “obsesión”, “paranoia”
Todo ese lenguaje proviene de la psiquiatría del siglo XIX
Y en México, su historia está profundamente ligada a nuestra cultura.
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