Como acertadamente plantea Hernán Sandoval, padre del AUGE, lo que propone el gobierno en salud para personas que han cometido delitos graves, es algo que no se permite ni en la guerra y que degrada la humanidad misma que supuestamente se busca defender.
https://t.co/8hHrOAHSXm
Mara:
Leí su entrevista en El Mercurio y deja una impresión curiosa: parece menos destinada a explicar sus 69 días como ministra que a corregir las consecuencias de aquello que usted misma dijo después de abandonar el cargo.
Hoy afirma: “Este es mi gobierno y yo voy a hacer todo lo posible para que le vaya bien”. Es su derecho. Puede mantener su adhesión al Presidente Kast. Pero la lealtad no modifica los hechos ni convierte declaraciones anteriores en errores de interpretación.
Cuando usted habló de presiones, conflictos y dificultades dentro del Gobierno, esas palabras no fueron inventadas por la oposición. Las pronunció usted. Si eran ciertas, explique qué ocurrió. Si fueron imprecisas, asúmalo. Lo difícil es sostener que contó honestamente su experiencia y, al mismo tiempo, responsabilizar a quienes entendieron aquello que sus palabras permitían entender.
Dice además que su lealtad al Presidente es “absoluta”. En democracia ninguna lealtad política debiera ser absoluta. La lealtad de una autoridad encuentra límites en la Constitución, la ley, los hechos y la responsabilidad pública. Lo absoluto pertenece mejor al territorio de los afectos personales que al ejercicio republicano del poder.
Y usted fue ministra, no integrante de un club de amigos.
También reconoce algo revelador: “Para no cometer ciertos errores debí haber chequeado cierta información”. Pero verificar información no era una precaución extraordinaria. Era parte esencial de su trabajo. Una ministra vocera habla en representación del Gobierno. No basta con recibir información y repetirla: debe contrastarla, comprenderla y responder por ella.
Por eso sorprende que su explicación termine encontrando refugio en un adversario externo. Según usted, la izquierda “se va a articular profundamente para atacar al gobierno del Presidente Kast y a nuestras ideas”.
Señora o señorita Sedini, una oposición se opone, por ello se le llama oposición. Pero además fiscaliza, critica, cuestiona y aprovecha políticamente los errores del Gobierno, como lo hace cualquier oposición cuando cambian los papeles. Eso no es una conspiración ni una anomalía. Es democracia. Usted lo hacía y vociferaba con megáfono en el espacio Sin Filtros, ¿o ya lo ha olvidado?
Más útil sería explicar por qué una ministra permaneció apenas 69 días en una cartera estratégica. ¿Qué falló? ¿Fue usted? ¿Fue el equipo presidencial? ¿Hubo efectivamente presiones internas? ¿Recibió información equivocada? ¿Quién se la proporcionó? ¿Continúa sosteniendo aquello que dijo después de abandonar La Moneda?
Esas preguntas permanecen abiertas.
También afirma que seguirá siendo “independiente”, aunque se declara oficialista, habla de “mi gobierno” y de “nuestras ideas”. Puede no militar y apoyar al Gobierno, por supuesto; pero eso es independencia partidaria, no política. Su posición está perfectamente definida.
Su entrevista contiene además referencias al cariño y a los vínculos personales construidos durante la campaña y el Gobierno. Pueden ser sinceros y valiosos, no lo dudo, pero el afecto no es una categoría de evaluación de la gestión pública. Los ministros se evalúan por competencia, resultados, criterio y responsabilidad.
Por eso la pregunta nunca fue si usted quiere al Presidente Kast. La pregunta es por qué dejó de ser su ministra después de 69 días. Y esa pregunta sigue sin una respuesta convincente.
Usted tiene todo derecho a continuar en política, ingresar a un partido, participar en centros de estudios, defender al Gobierno y librar la “batalla cultural” que estime conveniente. Pero existe algo que debería conocer especialmente bien quien alguna vez ocupó una vocería: las palabras no desaparecen cuando dejan de ser convenientes.
No fue la izquierda quien pronunció sus declaraciones anteriores. No fueron los periodistas ni quienes las comentaron. Fue usted.
Y antes de responsabilizar a quienes las interpretaron, corresponde hacerse responsable de haberlas dicho.
Atte.,
@Eneatipo7 / @MisColumnas
Mara:
Leí su entrevista en El Mercurio y deja una impresión curiosa: parece menos destinada a explicar sus 69 días como ministra que a corregir las consecuencias de aquello que usted misma dijo después de abandonar el cargo.
Hoy afirma: “Este es mi gobierno y yo voy a hacer todo lo posible para que le vaya bien”. Es su derecho. Puede mantener su adhesión al Presidente Kast. Pero la lealtad no modifica los hechos ni convierte declaraciones anteriores en errores de interpretación.
Cuando usted habló de presiones, conflictos y dificultades dentro del Gobierno, esas palabras no fueron inventadas por la oposición. Las pronunció usted. Si eran ciertas, explique qué ocurrió. Si fueron imprecisas, asúmalo. Lo difícil es sostener que contó honestamente su experiencia y, al mismo tiempo, responsabilizar a quienes entendieron aquello que sus palabras permitían entender.
Dice además que su lealtad al Presidente es “absoluta”. En democracia ninguna lealtad política debiera ser absoluta. La lealtad de una autoridad encuentra límites en la Constitución, la ley, los hechos y la responsabilidad pública. Lo absoluto pertenece mejor al territorio de los afectos personales que al ejercicio republicano del poder.
Y usted fue ministra, no integrante de un club de amigos.
También reconoce algo revelador: “Para no cometer ciertos errores debí haber chequeado cierta información”. Pero verificar información no era una precaución extraordinaria. Era parte esencial de su trabajo. Una ministra vocera habla en representación del Gobierno. No basta con recibir información y repetirla: debe contrastarla, comprenderla y responder por ella.
Por eso sorprende que su explicación termine encontrando refugio en un adversario externo. Según usted, la izquierda “se va a articular profundamente para atacar al gobierno del Presidente Kast y a nuestras ideas”.
Señora o señorita Sedini, una oposición se opone, por ello se le llama oposición. Pero además fiscaliza, critica, cuestiona y aprovecha políticamente los errores del Gobierno, como lo hace cualquier oposición cuando cambian los papeles. Eso no es una conspiración ni una anomalía. Es democracia. Usted lo hacía y vociferaba con megáfono en el espacio Sin Filtros, ¿o ya lo ha olvidado?
Más útil sería explicar por qué una ministra permaneció apenas 69 días en una cartera estratégica. ¿Qué falló? ¿Fue usted? ¿Fue el equipo presidencial? ¿Hubo efectivamente presiones internas? ¿Recibió información equivocada? ¿Quién se la proporcionó? ¿Continúa sosteniendo aquello que dijo después de abandonar La Moneda?
Esas preguntas permanecen abiertas.
También afirma que seguirá siendo “independiente”, aunque se declara oficialista, habla de “mi gobierno” y de “nuestras ideas”. Puede no militar y apoyar al Gobierno, por supuesto; pero eso es independencia partidaria, no política. Su posición está perfectamente definida.
Su entrevista contiene además referencias al cariño y a los vínculos personales construidos durante la campaña y el Gobierno. Pueden ser sinceros y valiosos, no lo dudo, pero el afecto no es una categoría de evaluación de la gestión pública. Los ministros se evalúan por competencia, resultados, criterio y responsabilidad.
Por eso la pregunta nunca fue si usted quiere al Presidente Kast. La pregunta es por qué dejó de ser su ministra después de 69 días. Y esa pregunta sigue sin una respuesta convincente.
Usted tiene todo derecho a continuar en política, ingresar a un partido, participar en centros de estudios, defender al Gobierno y librar la “batalla cultural” que estime conveniente. Pero existe algo que debería conocer especialmente bien quien alguna vez ocupó una vocería: las palabras no desaparecen cuando dejan de ser convenientes.
No fue la izquierda quien pronunció sus declaraciones anteriores. No fueron los periodistas ni quienes las comentaron. Fue usted.
Y antes de responsabilizar a quienes las interpretaron, corresponde hacerse responsable de haberlas dicho.
Atte.,
@Eneatipo7 / @MisColumnas
ME IMPORTA UN BLEDO…
Cuando se habla o se escribe de derechos humanos, de memoria o de nuestra historia reciente, siempre aparece alguien que dice, con indiferencia: “me importa un bledo”.
Aunque así sea, es necesaria la porfía. Insistir una y otra vez en la memoria, en la verdad, en la justicia y en la defensa de los derechos humanos. Porque fue demasiado el horror, demasiado el dolor y también demasiada la indiferencia. Y porque esos derechos, que algunos creen conquistados para siempre, pueden volver a ser vulnerados. Hoy, nuevamente, están amenazados.
El próximo sábado 29 de agosto, a las 17:00 horas, en la víspera del Día Nacional de las Detenidas y los Detenidos Desaparecidos, se presentará en el Parque por la Paz Villa Grimaldi la pieza teatral Caballito de Mar.
Son jóvenes quienes, a partir de un relato vivencial, llevan a las tablas aquello que a tantos nos tocó vivir en un pasado todavía cercano. Lo hacen desde otra generación, demostrando que la memoria no pertenece solamente a quienes vivimos esos años: también pertenece a quienes nacieron después y han decidido preguntar, conocer, comprender y contar.
Porque esos hechos no pueden volver a ocurrir. A nadie. Nunca más. Ni siquiera a quienes hoy dicen que les importa un bledo.
Y aquí el bledo tiene algo que enseñarnos.
Durante mucho tiempo fue considerado una planta insignificante, una maleza que crecía casi en cualquier parte y que nadie valoraba. Pero cuando llegaron tiempos de hambre y necesidad, muchos descubrieron que aquello que despreciaban también alimentaba. Sus hojas podían comerse en sopas, guisos y tortillas; eran ricas en nutrientes y vitaminas. Sus semillas están emparentadas con el amaranto.
En Chile también lo conocemos como “moco de pavo”. Crece donde otras plantas no resisten, soporta la sequía y en el campo puede transformarse en alimento para aves y animales cuando escasea todo lo demás.
Con los derechos humanos ocurre algo parecido.
Hay quienes creen que no importan porque nunca han sentido su ausencia. Los consideran algo lejano, incómodo o innecesario. Hasta que un día uno de esos derechos es vulnerado. Hasta que la arbitrariedad toca su propia puerta. Hasta que aquello que parecía garantizado comienza a desaparecer.
Entonces descubrimos cuánto valía.
No deberíamos necesitar perder nuestros derechos para comprender su importancia. Tampoco deberíamos necesitar repetir el horror para entender por qué debemos conservar la memoria.
Por eso seguimos porfiando.
Por eso recordamos.
Por eso jóvenes que no vivieron aquellos años suben hoy a un escenario para contar lo que ocurrió.
Porque la memoria también se hereda. Y defender los derechos humanos significa defenderlos para todas y todos, incluso para quienes los desprecian, incluso para quienes creen que jamás los necesitarán.
El bledo importa.
La memoria importa.
Los derechos humanos importan.
Sábado 29 de agosto | 17:00 horas
Parque por la Paz Villa Grimaldi
Caballito de Mar
Porque mientras exista memoria, habrá una voz que siga diciendo: nunca más.
Al principio pensé que era un montaje
Después vi que no
Lo dijo con convicción
Fui a buscar una explicación aristotélica
Y logré entender que ella navega en la Estupidez
Estupidez (ánoia): Es la falta de entendimiento real (nous) o un razonamiento torcido. El estúpido puede acumular datos o ser técnicamente muy inteligente, pero es incapaz de aplicar esos datos de forma justa o correcta en la vida diaria.
CARTA ABIERTA A LA MINISTRA XIMENA LINCOLAO.
Sra. Ministra: @MinLincolao
No es la primera misiva abierta que le dirijo, y seguro, no será la última.
Usted acaba de aportar una sorprendente frase: profesores y profesionales de humanidades podrían reinventarse como vendedores o trabajar en servicio al cliente.
Extraordinario.
Siglos construyendo universidades para descubrir que el destino del humanista estaba entre la caja y el mesón de informaciones.
Así, un profesor de Filosofía podría cambiar a Kant por la garantía extendida; uno de Literatura, a Cervantes por el manejo de inventario; el historiador abandonar la Revolución Francesa para explicar el Cyber y el lingüista aplicar semántica preguntando: “¿Desea agregar un seguro?”.
Hablar de reconversión laboral no es escandaloso. La tecnología destruye ocupaciones y crea otras. Lo inquietante es que la ministra del conocimiento reduzca una disciplina académica al empleo comercial que consiga quien la decidió estudiar.
Más curioso aún porque usted estudió Pedagogía en Castellano y Filosofía. Cuando recomienda a humanistas convertirse en vendedores, podría predicar con el ejemplo. Tal vez sea el nuevo concepto de transferencia tecnológica: del aula al retail sin escalas.
Su frase tampoco cae del cielo. Hace pocos días su ministerio modificó Fondecyt Postdoctorado 2027, concentrando el 70% de los recursos en áreas supuestamente prioritarias. El CRUCH advirtió riesgos para la diversidad disciplinaria e internacionalización. También se cuestionó exigir residencia definitiva a investigadores extranjeros.
Ahora entendemos el ecosistema: si una disciplina no coincide con la prioridad gubernamental, siempre queda Servicio al Cliente.
El problema, ministra, no es Falabella, Ripley ni un call center. Son trabajos dignos. Lo ofensivo es imaginar que años de formación intelectual encuentran allí su reconversión natural. Un profesor no es un vendedor frustrado. Un filósofo no es un ejecutivo esperando capacitación. Un historiador tampoco es capital humano ocioso portando audífonos usando una contraseña de CRM.
Las humanidades aportan aquello que la inteligencia artificial hace más necesario: pensamiento crítico, comprensión del lenguaje, ética, argumentación y capacidad para distinguir conocimiento de propaganda. La paradoja es magnífica: mientras la IA ejecuta cada vez mejor tareas rutinarias, usted propone desplazar hacia ellas a quienes fueron formados para pensar.
Siguiendo la doctrina Lincolao, profundicemos la política pública. Licencia clase C para filósofos y mochila térmica para historiadores: delivery con pensamiento crítico. Los antropólogos podrían conducir Uber mientras estudian movilidad urbana; a los lingüistas les reservamos cobranzas, pues dominan la buena retórica. Y los matemáticos, si también incomodan, a cajas: al menos calcularán el vuelto.
Quizás el próximo Fondecyt incorpore Postdoctorado en Reposición de Góndolas, Magíster en Atención de Reclamos y Doctorado en Venta Consultiva de IA.
Chile necesita vincular conocimiento, innovación y empresa. Pero eso no significa subordinar la universidad al mostrador ni medir el conocimiento por su rentabilidad inmediata. Los países que innovan protegen investigación básica, atraen talento y estudian incluso aquello cuya utilidad aún desconocen. De allí surgen descubrimientos que transforman economías.
Una ministra de Ciencia debería comprenderlo antes que nadie.
Su declaración preocupa más de lo que divierte. No porque vender sea indigno, sino porque pensar es indispensable. Cuando el ministerio del conocimiento sugiere que ciertas disciplinas pueden resolver su futuro atendiendo clientes, el problema deja de ser laboral y pasa a ser intelectual.
Tal vez los profesores puedan reinventarse, ministra. Siempre han sabido hacerlo.
La pregunta es si puede reinventarse el Ministerio de Ciencia. Porque profesores tenemos. Lo que empieza a faltarnos es una política científica a la altura del pizarrón.
@MisColumnas
🔴 TOHÁ DESARMA EL RELATO DE KAST
Carolina Tohá fue durísima:
“Lo nuevo aquí, el cambio de mano que tanto se habló, en estricto rigor, es que se hizo publicidad con esto”.
Y remata: no seremos más efectivos contra el crimen organizado porque ahora los operativos “se filman con drones y se muestran con música de fondo”.
La cárcel ya estaba construida, los vehículos fueron comprados por el gobierno anterior y el traslado se hizo con la ley actual:
“No fue necesario cambiar la Constitución”.
Menos show. Más gestión.
REFORMA CONSTITUCIONAL
Una reforma constitucional que nadie solicitó. Transitando lentamente desde una democracia aparente a una dictadura certera.
#AEsoVinieron
El dueño del vehículo PPU JC KG 34, ABANDONÓ a su perro en Stgo centro en Cumming con San Pablo. Transeúntes intentaron rescatar a la mascota para resguardarlo pero este siguió al vehículo y le perdieron el rastro. Hagámoslo famoso por maldito
🔴 ESTO DEBE INVESTIGARSE
Manifestantes a favor de las carreras de galgos llegaron al Congreso en un bus que exhibe la leyenda “Vehículo financiado por Gobierno Regional del Maule”.
¿Quién autorizó el traslado? ¿Quién pagó combustible, peajes y conductor? ¿Cuál era el destino autorizado del vehículo?
@Contraloriacl debería investigar si existió uso de bienes o recursos financiados con fondos públicos para trasladar una manifestación destinada a presionar una decisión legislativa.
Los recursos públicos tienen un destino público. Hay que aclararlo.
🔴 LA EMPATÍA EN POLÍTICA ES FUNDAMENTAL
La empatía no consiste simplemente en ponerse en el lugar del otro. Es algo más difícil: comprender al otro desde su diferencia, reconociendo y validando su existencia, su libertad y su autonomía.
Es una capacidad que se aprende y estimula durante toda la vida. Por eso también resulta tan evidente cuando alguien carece de ella.
Estos registros del Presidente Gabriel Boric muestran algo que debería ser básico en quien gobierna: escuchar, conmoverse, abrazar, respetar y reconocer la dignidad del otro, incluso cuando ese otro piensa, vive o siente distinto.
Porque gobernar no es solo administrar cifras, dictar leyes o ejercer autoridad. También es comprender que detrás de cada decisión política hay personas y vidas concretas.
La empatía no hace débil a un gobernante. Lo hace humano, lo vuelve parte de una comunidad.
🔴 Suecia está entre los países con mayor desarrollo humano del planeta: altos ingresos, educación pública, protección social, baja corrupción y altos estándares de bienestar.
Y no necesitó perseguir la diversidad ni imponer una moral religiosa única para conseguirlo.
🔴 En Chile, en cambio, algunos intentan vendernos que para ser un país desarrollado debemos retroceder en derechos, diversidad y libertades individuales y abrazar el fundamentalismo.
Los países desarrollados no necesitan decirte cómo vivir tu vida: construyen instituciones que permiten que personas distintas puedan vivirla con libertad y dignidad.
PURO HUMO
Por Daniel Matamala
Con cinco meses de retraso, el Gobierno al fin logró copar la agenda con el tema de la seguridad.
En rápida sucesión: una cadena nacional; una “agenda contra el crimen organizado y el terrorismo” (abreviada ACOT, obvia referencia al CECOT en que el dictador-publicista Bukele agasaja a sus invitados); una serie de reformas constitucionales; y un operativo mediático para trasladar presos de una cárcel a otra.
Desde el punto de vista publicitario, un exitazo.
Desde el punto de vista del combate al crimen, puro humo.
Y es que la campaña del candidato Kast en seguridad tuvo dos pilares.
El primero fue negar la sal y el agua a las autoridades. Los republicanos votaron en contra de crear el Ministerio de Seguridad y desestimaron las evidencias de avance en materias como la baja de homicidios. Chile se caía a pedazos y, si los datos lo desmentían o al menos lo matizaban, mal por los datos.
El segundo fue contrastar esa realidad espantosa con un futuro esplendor. Apenas asumido, el nuevo Gobierno aplicaría un plan que pondría de rodillas a la delincuencia.
¿Cómo? Misterio.
Solo se necesitaba, decía Kast, “un Gobierno valiente”. Cuando se le pedían detalles, el candidato respondía con generalidades, al punto de negarse a entrevistas y cobrarse a sí mismo el tiempo en los debates de campaña.
Ya sabemos qué vino después: cinco meses de tropiezos, el reconocimiento de que no había un plan (Steinert) y de que la política heredada del Gobierno anterior era suficiente (Arrau). Y ahora, el copamiento mediático.
Puro humo.
Una semana, en cadena nacional, el Presidente anuncia que presentará una reforma constitucional para poder aplicar medidas de segregación y control a presos peligrosos.
Los expertos responden que no se necesita tal reforma y que Gendarmería tiene facultades para hacerlo. A la semana siguiente, el mismo Presidente anuncia que “cambió la mano”, que “hoy comienza una nueva etapa”, y escenifica el traslado de presos a módulos de máxima seguridad con medidas de segregación y control.
¿Para qué necesitábamos la reforma, entonces?
Puro humo.
En sus redes hablan de un hecho histórico, “inédito en 30 años”, musicalizando sus videos con Rage Against The Machine. ¿Tal vez en el Gobierno piensan que la máquina contra la que rabia la banda es el lavaplatos o el microondas?
“Hay un antes y un después”, anuncia Kast.
Parece que la cárcel se ideó el 11 de marzo. La verdad es que fue planeada por Bachelet, construida por Piñera y terminada por Boric. Que el Gobierno ocupó una cárcel que los gobiernos anteriores dejaron lista. Y que solo 37 de los 600 presos son integrantes de organizaciones de crimen organizado, destinados a un régimen de máxima seguridad.
No, no hay un antes y un después. Hay continuidad, disfrazada con harta música, harto dron y harto show.
Puro humo.
El “Plan Cancerbero” del candidato Kast prometía 100 mil nuevas plazas en cuatro años, incluida una “megacárcel” en el desierto. Como en el chiste de la incautación de drogas, la cifra ha ido bajando en estos meses: ya va en 20 mil.
Pero, con el nombre “Plan Cancerbero: cárceles de verdad”, resucita. Y se apropia, con título de reality y gráfica de estudiante porro de diseño, de lo hecho por gobiernos anteriores para montar un show en vivo para los matinales.
Puro humo.
Más humo: el borrador de reforma constitucional del Gobierno —porque ahora el Gobierno se puso octubrista y afirma que los problemas se arreglan cambiando la Constitución— incluye un artículo para negarle a condenados por crimen organizado y terrorismo el acceso a salud, educación, trabajo y seguridad social durante su condena y en los quince años posteriores a cumplirla.
“Es demencial”, acusa el senador de Demócratas, cercano al oficialismo, Matías Walker. Y ejemplifica que esto significaría que no recibieran vacunas, tratamiento por enfermedades infecciosas o atención de urgencia.
👇🏼
EXCELENTE, GABRIEL BORIC
La importancia de una paternidad activa no se demuestra en discursos, sino en el vínculo cotidiano: cuidar, acompañar, escuchar, jugar, estar presente y asumir responsabilidades.
Y eso se nota. Porque la forma en que un hombre se relaciona con niños y niñas muchas veces refleja cuánto espacio ha tenido el cuidado en su propia vida.
La paternidad no es solo tener hijos. Es criarlos.
El Geógrafo Marcelo Lagos, en un poco más de un minuto despluma la realidad en un país donde nadie se hace responsable y todos se "pasan la pelota":
"El modelo de desarrollo económico en Chile es constructor de riesgos y desastres. Tiene el poder para comprarse una duna fósil en Concon, reventarla con edificios y después el problema es el socavón. El poder económico puede debilitar la gobernanza y hacer que la planificación urbana sea deficiente". 👊
Humanidad
Me desperté vendado. Estaba desnudo, cubierto apenas con una frazada. Era el frío agosto de 1974 y estaba detenido en Londres 38.
Antes, los agentes de la DINA me habían colgado entre unos fierros, en el descanso de la escalera hacia el segundo piso de ese lugar de detención y tortura, en una posición que llamaban una suerte de “pau de arara”. Me había desmayado por el dolor y la posición en que permanecí durante un rato.
Los guardias me dijeron: “Trata de dormir. Mañana temprano, antes de que lleguen los jefes, te colgamos de nuevo”.
Y así fue. Cuando llegaron los jefes, nuevamente inconsciente, yo estaba en el mismo lugar donde me habían dejado.
Aquellos guardias, seguramente conscriptos, tuvieron un pequeño gesto de humanidad, a pesar del riesgo que probablemente corrían por hacerlo.
Semanas después, luego de haber pasado por otros lugares de detención y tortura, llegué a Cuatro Álamos. Allí había camarotes, podíamos estar sin vendas, había ducha y recibíamos comida una vez al día.
Uno de los guardias de la DINA compraba, con el dinero que lográbamos reunir, detergente que servía para todo: lavar la ropa interior, lavarnos el pelo y ducharnos. Con los cartones hacíamos tableros de ajedrez o damas; dibujábamos cartas de naipe y fabricábamos piezas de dominó. Para las mujeres además del detergente compraba medicamentos y toallas higiénicas.
Eso duró poco.
“El jefe Mauro”, Carlos Carrasco Matus, fue detenido por sus propios superiores de la DINA y llevado a Villa Grimaldi. Desde entonces permanece desaparecido. Hoy es uno más de los detenidos desaparecidos de nuestro país.
Su delito fue tener gestos de humanidad.
Más de cincuenta años después, ahora en democracia, el gobierno del Presidente Kast impulsa, en el marco de un proyecto presentado bajo el concepto de “seguridad”, atacan la salud, medidas destinadas a impedir la entrega de determinados medicamentos y vacunas financiados por el Estado durante el encarcelamiento de personas condenadas e incluso durante quince años después de cumplida la pena.
Horror de horrores.
No han entendido absolutamente nada.
Porque esa es, precisamente, la diferencia que una sociedad democrática debe marcar frente a quienes delinquen. Ellos son capaces de matar, robar, agredir, secuestrar o torturar a sus víctimas. Pueden actuar sin humanidad. Pero el Estado y la sociedad no pueden responder convirtiéndose en aquello que condenan.
La justicia debe perseguir los delitos, sancionar a los responsables y proteger a las víctimas. Con toda la fuerza de la ley. Pero nunca debe perder su humanidad.
No soy valiente, como algunos me han escrito, aunque agradezco profundamente que lo digan. Soy periodista y trato de hacer lo que he hecho durante toda mi vida: informar, contar y contribuir a formar opinión.
Sobreviví para contarlo.
Y también para recordar, más de cincuenta años después, algo que aprendí incluso en los lugares más oscuros: la humanidad se demuestra, sobre todo, cuando tenemos razones para negársela al otro y, aun así, decidimos conservarla.
Sólo por si acaso lo digo, pero la cárcel de la que tanto se vanaglorian hoy día al presidente Kast, es un proyecto que se inició bajo el gobierno de Bachelet, que por supuesto, nadie ha mencionado. Tenemod acaso unos medios de comunicación, absolutamente ignorante, o lo hacen de adrede.