II Simposio de Innovación en Biotecnología y Genómica Aplicada a Salud Pública - Día 1. Instituto Nacional de Salud. Ministerio de Salud. Gobierno del Perú. https://t.co/OUlU228epy
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Una persona con Alzheimer avanzado puede olvidar tu nombre y, aun así, aprender que contigo está a salvo.
Puede no recordar quién eres.
Puede no saber cuándo fue la última vez que os visteis.
Incluso puede tener dificultades para expresar verbalmente que te reconoce.
Pero eso no significa que vuestro vínculo haya desaparecido por completo.
Un estudio reciente analizó a 40 personas con trastornos neurocognitivos avanzados durante 11 sesiones.
Los participantes interactuaron repetidamente con una persona desconocida en dos contextos diferentes:
— Una interacción cálida, cercana y emocionalmente positiva.
— Una interacción neutra, distante y puramente profesional.
Los pacientes expuestos al trato afectivo mostraron más conductas de reconocimiento implícito. Además, estas respuestas aumentaron con el paso de las sesiones.
No recordaban necesariamente quién era aquella persona.
Pero habían aprendido a reconocer su presencia como familiar y segura.
Este resultado tiene una consecuencia práctica muy importante:
La forma en la que cuidamos también deja memoria.
El tono de voz, la mirada, la serenidad, la sonrisa o la manera de acercarnos al paciente no son simples gestos de cortesía.
Pueden favorecer la familiaridad, reducir la incertidumbre y ayudar a construir un entorno emocionalmente seguro.
Por eso, en el cuidado de personas con deterioro cognitivo avanzado, deberíamos prestar especial atención a tres elementos:
1. La calidad emocional de cada interacción.
Aunque después no recuerde la conversación, puede permanecer la sensación que esa conversación le produjo.
2. La estabilidad de las personas cuidadoras.
La repetición y la continuidad favorecen que se construyan vínculos de familiaridad.
3. La manera de interpretar el reconocimiento.
Reconocer no siempre significa pronunciar un nombre. También puede aparecer en una mirada, un gesto, una sonrisa o una disminución de la agitación.
Este estudio no nos permite afirmar que el Alzheimer conserve intacta toda la memoria afectiva.
Pero sí nos recuerda algo esencial:
cuando la memoria consciente se deteriora, la capacidad de sentir familiaridad, seguridad y conexión puede seguir resistiendo.
El paciente quizá no pueda decir:
“Sé quién eres”.
Pero su respuesta puede seguir expresando:
“Contigo me siento seguro”.
¿Estamos dando al entorno afectivo la misma importancia clínica que concedemos al resto de los cuidados?
Si la técnica se convierte en criterio absoluto, la persona corre el riesgo de ser tratada como un dato, un engranaje o una mercancía; si, por el contrario, la técnica se inscribe en un horizonte de sabiduría, puede convertirse en una oportunidad de crecimiento, justicia y fraternidad. #MagnificaHumanitas
Esta semana en @arsnovadelperu: Talleres de piano, órgano y guitarra. Informes (asesoria escolar de primaria ) al WhatsApp (51)997509934. y asesoría escolar Secundaria WhatsApp al (51)990404999 https://t.co/yaweh5R46r
Estar conectados es más fácil que nunca. Sin embargo, para niños y niñas, las conexiones que más impactan en su desarrollo siguen ocurriendo fuera de una pantalla: en las interacciones diarias en familia, jugando, conversando, compartiendo y siendo escuchados.
Estas conexiones son parte de la crianza. Una etapa en la que nuestros hijos aprenden algo nuevo cada día. Y en la que padres y madres también lo hacen.
Sigamos conectando de la forma en que más importa: con tiempo, presencia, cariño y atención. Porque cada conversación, cada juego y cada momento compartido fortalece los vínculos que ayudan a niños y niñas a crecer, aprender y sentirse seguros.
#ACriarSeAprende
@Roberto_Benes@uniceflac@BancoMundialLAC