Me mama cuando en épocas mundialistas nos juntamos todos los equipos para atacar a países asquerosos:
-la naquez y vulgaridad del América
-las victorias hipotéticas de Chivas
-la obsesión de Cruz Azul y Pumas
-los argumentos económicos de Rayados y Tigres
-Toluca
Mi país 🇲🇽
Así desciende la movilización universitaria por la calle Hidalgo rumbo a la Plaza de Armas Emiliano Zapata. No hay camiones, no hay “apoyos”, no hay torta ni frutsi. Hay enojo. Hay dolor. Hay hartazgo.
La protesta surge tras el hallazgo sin vida de Kimberly Joselín Ramos Beltrán, de 18 años, estudiante de la Facultad de Contaduría de la UAEM, quien había sido reportada como desaparecida desde el 20 de febrero. Su cuerpo fue localizado en una zona boscosa del Campus Chamilpa, en Cuernavaca.
Esto no es discurso político. Es una tragedia.
Mientras desde el poder se insiste en que la violencia “va a la baja”, en las calles y en las universidades la percepción es otra. Las cifras pueden ajustarse, los métodos pueden modificarse, pero las ausencias no se maquillan.
La marcha no es contra un partido. Es contra la impunidad. Es contra la indiferencia. Es contra la normalización del miedo.
Cuando una estudiante aparece sin vida dentro de su propio entorno universitario, el problema ya no es estadístico. Es estructural.