Lo vimos ser campeón del mundo juvenil. Lo vimos ser campeón olímpico. Lo vimos ser una promesa. Lo vimos consolidarse como estrella. Lo vimos convertirse en capitán. Lo vimos irse. Lo vimos volver. Lo vimos reponerse a finales perdidas. Lo vimos romper la pared. Lo vimos cargarse los fantasmas del pasado. Lo vimos siendo campeón del mundo. Lo vimos siendo bicampeón de América. Lo vimos batiendo récords imposibles. Y lo vimos convertirse en el más grande de todos los tiempos.
La historia de Lionel Messi con la Selección Argentina NUNCA será olvidada. Enfrentó una presión jamás antes vista. Lidió con comparaciones con El Diego desde antes de debutar. Y soportó críticas, burlas y cuestionamientos como nadie en el fútbol internacional.
Con él como figura, Argentina rompió una sequía de 28 años sin título. Con él como máximo referente, Argentina volvió a ganar una Copa del Mundo tras 36 años de espera. Con él como pilar, Argentina venció en finales a Brasil, Francia e Italia. Y con él como líder absoluto, Argentina regresó a la cima del fútbol mundial.
No se rindió y la pelota, que sabe valorar a los que siguen luchando, se lo recompensó. Se marchó sin ninguna asignatura pendiente. Se despidió por la puerta grande, brillando hasta el último instante y a su manera. Lo dejó todo, lo conquistó todo y nos ganó a todos los que realmente amamos el juego.
Fue un viaje mágico, inspirador e irrepetible, Lionel.
Gracias por nunca darte por vencido.
GRACIAS POR TANTO FÚTBOL, GOAT.