He leído la columna de Ana Iris Simón sobre los hoteles adults only.
Mira que escribe bien, pero siempre hay algo que me chirría en sus planteamientos, y en esta ocasión también.
El debate es interesante.
Ella lo cuenta como si el mercado se hubiera inventado la demanda: el capitalismo trocea la realidad, expulsa a los niños del espacio común y les vende la parcela sin críos a los amargados dispuestos a pagarla.
Qué harían sin echarle la culpa al capitalismo de todo.
Pero la realidad es que el mercado pocas veces inventa la demanda: la detecta y la cubre.
Y la pregunta que ella no se hace es de dónde ha salido la demanda, porque hace treinta años no existía en España.
El primero abrió en 2007 en Canarias y su expansión estos últimos años ha sido fulgurante.
Los niños han estado siempre en los hoteles, en las bodas y en las sobremesas.
Los que ya tenemos una edad crecimos en restaurantes llenos de ellos y a nadie se le ocurría pedir un comedor sin niños.
¿Qué ha cambiado desde entonces?
Los niños desde luego que no, revoluciones tecnológicas aparte.
Lo que ha cambiado es lo que hacen los adultos que van con ellos.
Hemos pasado de educar a “acompañar”, de poner límites a “validar emociones”.
Hay toda una corriente de crianza, con sus gurús, sus libros y sus cuentas de Instagram, que sostiene que decirle que no a un niño lo frustra y que frustrarlo lo traumatiza.
¿Es eso capitalismo?
El resultado son padres que no cortan una rabieta porque eso sería invalidar al niño, y que, como dice Ana Iris, hacen scroll tranquilamente pero no en la piscina “adults only”, sino en el restaurante de un hotel normal donde su hijo convierte el bufé del desayuno en un parque de bolas.
Y a partir de ahí pasa lo previsible.
Convivir con niños siempre ha tenido un coste en “molestias”, y era perfectamente asumible porque había unos adultos gestionándolo.
El que diga lo contrario miente.
Cuando esos adultos dimiten de sus funciones, el coste lo paga el de la tumbona de al lado, que a lo mejor tiene siete días de vacaciones al año y no quiere gastarlos aguantando rabietas de desconocidos.
Ahí, y solo ahí, aparece el hotelero con su cartel de adults only, que llega el último a la cadena, como llega siempre el mercado: a cubrir el hueco que otros dejaron antes.
En lo que sí estoy de acuerdo con ella es en que los niños aprenden a ser adultos conviviendo con adultos. Claro que sí.
Pero convivir es precisamente lo que ya no se enseña: normas, límites, un “aquí no se grita” y un “pídele perdón al señor”.
La comunidad que Simón reivindica la sostenían los padres que educaban para ella.
Y luego está el comodín de siempre: la culpa es del capitalismo. Cómo no.
Es un diagnóstico comodísimo, porque si el culpable es el sistema, nadie tiene que mirarse al espejo: ni el padre que no educa, ni el que ha convertido al niño en el centro del universo.
En algo sí tiene razón: si el capitalismo ha aportado algo a esta historia son las pantallas.
Hay una industria entera diseñada para capturar la atención de los niños, y eso ha puesto el atajo a huevo.
Pero la tablet no llega sola a la mesa del restaurante: se la pone delante un adulto que ha decidido que es más cómodo silenciarlos que educarlos.
El capitalismo tendrá mil pecados, pero no le ha quitado a ningún padre la capacidad de decirle que no a su hijo.
Así que sí, es el mercado, amigo. Pero el mercado va siempre detrás.
Delante va una generación de padres convencida de que educar y decir “no” es traumatizar.
Mientras eso no cambie seguirán abriéndose hoteles sin niños, por muchas columnas que se le dediquen al asunto un sábado en El País.
Gracias a una renaturalización del río Manzanares impulsada por el gobierno de Manuela Carmena a la que os opusisteis y votasteis en contra porque probablemente os parecía demasiado comunista.
Que algunos tenemos memoria.
La final del Mundial 2030 al estilo Ibáñez.
"Le dije que montase la final en el Bernabéu, en la casa blanca. ¡No en Casablanca! ¡Merluzo! ¡Burricalvo!"
Mohamed VI es un dictador.
Trump es un megalómano.
Netanyahu es un genocida.
Ésa es la gente que está intentando desestabilizar España.
Ésa es la gente a la que admiran los "patriotas".
¿Alguien me explica por qué la culpa de lo de Ceuta la tiene Sánchez?
Porque es de chiste. Marruecos ha vuelto a hacer lo de 2021: usar la presión migratoria como arma. Y lo hace diez días después de que Sánchez fuera a Argel a sellar el deshielo con Argelia —el enemigo de Marruecos— y a cerrar acuerdos de gas. Casualidad, seguro.
¿Y quién es el primero en salir a echarle la culpa a Sánchez y a sus “políticas de extrema izquierda”? Israel y La Casa Blanca. Sí, la misma Administración Trump que es aliada declarada de Marruecos, que amenaza a España con embargos y que fantasea con repetir el 98. Hasta el Departamento de Estado dice que estudia “acciones” contra España. Qué oportuno todo.
O sea: Rabat abre el grifo, Washington y Tel Aviv ponen el relato, y aquí hay quien se lo traga y repite que el problema es Sánchez.
Marruecos aprieta a un gobierno que se ha atrevido a abrazar a Argelia, a reconocer Palestina, a llamar genocidio al genocidio, y a no arrodillarse ante Trump. Y la culpa, cómo no, es del que no obedece.
Pero nada, seguid diciendo que es culpa de Sánchez. Les hacéis el trabajo gratis.
Lo que es inaceptable es el comunicado de von der Leyen. Ni una sola palabra de solidaridad con España, que es frontera exterior de la UE. Ni una referencia a la responsabilidad compartida de los Estados miembros.
La política migratoria es una competencia compartida de la Unión Europea. No puede limitarse a dar órdenes desde Bruselas mientras deja a los países fronterizos gestionar solos las consecuencias.
Si la Comisión Europea se desentiende cuando un Estado miembro afronta una crisis en la frontera común, estamos ante una auténtica dejación de funciones. Europa no puede exigir responsabilidades solo cuando le conviene y desaparecer cuando toca asumirlas.
ESTO NO ES UNA CRISIS MIGRATORIA ✖️❌
Suelo hablar de incendios, accidentes de tráfico y todo aquello que suponga un problema de Protección Civil a explicaros. Y se da el caso de que esto también es un problema de Protección Civil para nuestro país, sobro todo tras contabilizarse que han entrado en Ceuta 50.000 personas en el día de ayer de manera ilegal.
Hay que saber diferenciar los flujos migratorios que vienen del continente africano y oriente medio en busca de una mejor vida y escapando de conflictos armados, de estas avalanchas de personas que saltan la valla de nuestras ciudades autónomas, como la reciente de Ceuta, como respuesta a las decisiones de nuestro Gobierno. (Esta vez ni han saltado siquiera).
Si estos saltos masivos se producen cuando nuestras acciones como país respecto al Sáhara o Argelia no gustan a nuestro país vecino Marruecos, no es inmigración, es un uso de las personas como arma encubierta para ejercer presión sobre nosotros.
Sobre todo si tenemos en cuenta que nuestros vecinos son una autocracia. Por lo que hay que ser contundentes y no confundir términos. Ni es una invasión ni es una crisis migratoria, es una coacción de Marruecos a nuestros país usando a personas y dejando caer que, si les da la gana, perderemos el control de la frontera.
Ya basta de medias tintas, de mezclar debates y de llamar la atención a quien se queja del escenario y no a quien lo produce como hace el Ministro Albares.
Contundencia. Gobiernen y protejan nuestras fronteras.