Creo que una de las experiencias más conmovedoras de la vida es descubrir que alguien disfruta genuinamente de tu presencia. No lo que proporcionas, No tus logros. Solo tú, tus pensamientos, tu energía, tu existencia.
La intimidad de alguien siendo intencional contigo, haciendo un esfuerzo profundo para asegurarse de que te sientas escuchado en tu lenguaje del amor cuando el mundo traduce mal tus intenciones. Iluminando donde no te sientes visto cuando el mundo apaga tu espíritu.
Seamos todos los colores, excepto grises. Seamos fríos o calientes, menos tibios. Seamos más empáticos y menos arrogantes. Seamos de esas personas directas que dicen la verdad, y no las que mienten para quedar bien o solo para conseguir algo a cambio.
Seamos un “sí” o un “no”, pero nunca un “no sé”. Seamos más auténticos y no falsos, que de esos ya abundan. Seamos más expresivos y menos cobardes. Seamos monumentos estables, y no de esos que se tambalean con el primer temblor.