Una camioneta blanca de estacas, con un cubículo de vidrios blindados. Adentro, un par de ineptos rodeados de escoltas, policías, gente rica alcanzados en 2 cuotas del “Cheviplan” y mototaxistas que gritaban: “¡Firmes por la patria!”.
Ni Pablo Escobar tuvo tan mal gusto.