Lo mismo me arrepiento de este hilo, y más ahora que por Twitter aparezco menos, pero como persona que vive de esto y convive con Excels, aquí estáis muchos errando el tiro y no se está viendo el elefante en la habitación con el tema de PlayStation y el formato físico,de corazón.
Señores de @CttExpressATC
El lunes me decís que el miércoles me entregáis un paquete. Os presentáis el martes cuando no estoy en casa. El miércoles me quedo expresamente para recibirlo y resulta que no os apetece pasar... ¡¡Un poquito de por favor!!
Gracias a nuestros amigos de @MeridiemGames os traemos un nuevo SORTEO esta vez de... LOS PITUFOS. Podéis conseguir un pack del juego para Switch y el primer cómic integral 🍄. ¿Cómo participar?
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Algo que pasa por alto cuando jugamos a #TLOU2... es que Ellie siempre ha tenido una idea equivocada sobre la motivación de Abby.
Ellie a día de hoy, NO SABE que es la HIJA del doctor.
Se piensa que mató a Joel por "la cura", por eso Abby queda extrañada al oír eso.
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Mucho pecho fuera cuando nos escondemos detrás de perfiles falsos, a veces deberíamos vigilar un poco más los comentarios que hacemos respecto al cuerpo de otros. Un abrazo que yo sigo siendo muy feliz!
¿Sabíais que la casa de UP fue una historia real?
Pero fue mucho más que eso, fue la amistad improbable entre dos personas que deberían ser enemigas: la anciana dueña de la casa y el jefe de la obra que quería engullirla.
Esta es la historia: a principios de los 50, Edith Macefield se mudó a una casa algo vieja, pero reformada, en el barrio de Ballard, en Seattle.
Con el tiempo, el barrio fue cambiando poco a poco. Las casas iban desapareciendo y, en su lugar, se levantaban comercios, talleres y naves industriales. Para el año 2005, la casa de Edith Macefield era la única casa de la manzana. Todas las demás se habían comprado y derribado.
Con la burbuja inmobiliaria, en ese terreno iban a construir un centro comercial y las casas vecinas se habían vendido por 200 000 $. A Macefield le ofrecieron 750.000 pero dijo que no, así que el centro comercial comenzó a construirse ENVOLVIENDO su casa.
El caso se convirtió en una leyenda local. A los medios les encantaba esa batalla en el que una pequeña y testaruda anciana vencía a los malvados promotores. Sin embargo, a Edith no le gustaba esa historia que vendían los periódicos. Nunca habló ni con ellos ni con las televisiones y las radios.
Ella no se veía como una heroína de nada.
Según contaría ella misma, tampoco tenía un apego especial a su casa. Pero con 83 años y una movilidad muy reducida, tampoco tenía ningunas ganas de mudarse.
Lo que sí tenía era un carácter afable que demostraba a menudo con los obreros de la construcción que la rodeaban. Adoraba volver a tener compañía, volver a tener vecinos con los que charlar. Uno de ellos era Barry Martin, el jefe de obra del centro comercial.
Martin llamaba a su puerta de tanto en vez para llevarle la correspondencia e interesarse por su salud. Macefield recibía a Martin con los brazos abiertos y las pequeñas conversaciones que tenían se fueron transformando en tardes enteras delante de un café.
Con el tiempo, Martin se convirtió en el cuidador principal de la señora Macefield. Le llevaba a sus citas con la peluquería, con el médico o al supermercado y, al poco, para poder cuadrarlas mejor con su propio horario, comenzó a concertarlas él mismo.
En los dos años que duraron las obras, la señora Macefield le contó a Martin todas las historias de su vida. Le contó que había nacido en Inglaterra, que acogió a huérfanos de guerra durante la 2ª Guerra Mundial, e incluso que hizo de espía para el ejército británico hasta que los nazis la capturaron y la metieron en el campo de concentración de Dachau, donde pasó varios meses.
A cada charla, la relación entre Edith y Barry era más estrecha, hasta que, en 2008, a la anciana le diagnosticaron un cáncer de páncreas avanzado así que, en el mismo hospital, Martin la convenció para que se fuera a vivir a una residencia hospitalaria.
Él se hizo cargo de los gastos y ella le concedió poderes jurídicos para tomar sus últimas decisiones. La última decisión de Barry Martin fue conservar la casa hasta el último día de vida de su propietaria, aunque ya no viviese allí.
La señora Edith Macefield murió el 15 de junio de 2008 a la edad de 86 años. En su testamento cedía la casa en el 1438 de la calle 46 NW del barrio de Ballard en Seattle al señor Barry Martin.
La casa aún sigue allí, tapiada con planchas de madera. Podéis buscarla en Google Maps:
https://t.co/O9YMfoPljR
🚨 El sábado después del partido de Ligue 1 entre el PSG y el Lens, Kylian Mbappé HABLARÁ y comunicará su marcha del Paris Saint-Germain.
Sí, se marcha al REAL MADRID, como os lo llevo diciendo desde 2021.
KYLIAN ROAD TO MADRID, VERANO 2023.
¡Fin boom! ¡Al lío! 👉🏼 SHHH 💣🔥
En 1976, radioaficionados de toda Europa comenzaron a recibir un extraño sonido: tac-tac-tac-tac-tac.
Al principio no sabían qué era, pero luego se descubrió que era un radar antimisiles del tamaño de un rascacielos pero que, técnicamente, no existía.
Esta es la historia: en algún momento del primer trimestre de 1976, las emisoras de onda corta de toda Europa comenzaron a recibir un extraño sonido. Una serie de golpes marcados, uno tras otro, en una cadencia repetida sin fin.
Tac-tac-tac-tac-tac-tac-tac-tac-tac-tac.
El ruido se metía en todas las ondas y era capaz de interferir e interrumpir frecuencias legales y piratas. Enseguida, los radioaficionados de todo el mundo lo llamaron "El pájaro carpintero".
Tac-tac-tac-tac-tac-tac-tac-tac-tac-tac.
Intentaron combatir el sonido con señales sincronizadas de onda continua, pero nada parecía alterar al pájaro carpintero.
Pronto se detectó que la señal provenía de la República Soviética de Ucrania así que enseguida aparecieron teorías conspiranoicas: que si un sistema de control del clima mental, que si un anticipo de una invasión de la URSS...
Pero, en realidad, lo que casi todos los aficionados a la radio intuían es que se trataba de un sistema de radar OTH (Over The Horizon).
Y eso es lo que era exactamente: un COLOSAL sistema de radar cuya detección se extendía muy por encima del horizonte. Se llamaba Duga-3.
Los radares OTH son sistemas de largo alcance capaces de avanzar miles de kilómetros sobre el límite de un radar convencional porque la señal no es directa sino que rebota en la ionosfera. Y claro, el DUGA-3 no era una instalación civil; era un escudo antimisiles. O más bien, un sistema que permitiese detectar los misiles intercontinentales Minuteman III con cabeza nuclear que, supuestamente, pudiesen lanzar los USA contra la madre patria soviética.
La Guerra Fría fue una época muy, ejem, especial, así que los soviéticos negaron la existencia del Pájaro Carpintero y, por su parte, los yanquis negaron que ellos supieran que el Pájaro Carpintero existía.
Pero seguía martilleando cada día en todas las radios de onda corta del mundo. Tac-tac-tac-tac-tac-tac-tac-tac-tac-tac.
Una matriz de miles de antenas, que media un kilómetro de largo y se alzaba a la altura de un rascacielos de 50 plantas, sencillamente, no existía.
Con todo, el DUGA-3 permaneció activo hasta 1989 y, a día de hoy es un lugar prohibido, pero no por su actividad pasada, sino porque se encuentra en la zona de exclusión de Chernobyl, pues la ciudad fantasma de Prípiat está a solo 20 kilómetros.