De niño, mis padres me dieron un violín,
que nunca aprendí a tocar.
Soñaba con tocar "Noche de paz"
en una misa de Navidad;
pero ya no soy niño,
ya no voy a misa,
y el violín sigue en su caja.
Supongo que tendré que desempolvar tres cosas:
mi niño,
mi fe,
y, claro,
mi violín.