Guatemala es rabia acumulada. Agazapada. Expectante. Acechante. Incluso tímida. Pero es rabiosa. Una extraña, casi infinita resiliencia de profundo amor por esperanzas fantasmales sostiene los raquíticos pilares de nuestra frágil convivencia. Pero cuánta rabia soporta un pueblo.
Creo profundamente en el agradecimiento como un ejercicio espiritual, como una práctica, como una ética. Incluso creeré y defenderé el agradecimiento y la generosidad aunque lo circundante se desborde de una sutil y cínica mezquindad.
¿Madrugaste? Nosotras también, porque estamos de estreno. Aquí te compartimos, en exclusiva los primeros dos episodios de “Busco a mi familia”, nuestra primera miniserie sonora.
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En Guatemala, esa dolorosa ficción, ciertamente está latente un proceso revolucionario (político, espiritual, estético). Pero inventamos el Estado. Y con ello un espacio donde se remunera a quienes tienen falta de fe en lo revolucionario.
Sabiendo que moría, Derek Jarman escribió en su diario:
[...] estoy harto del cine, de las obras amables pero espantosas, de los que hacen posgrados de autopromoción, de la codicia de los funcionarios del arte.
Cristina Rivera Garza, en muchos sentidos, ha sido una maestra literaria para mí. La fineza de su pensamiento ensayístico, especialmente cuando piensa ella la palabra y la escritura, me parece algo tan hermoso, casi como si una buganvilia se apareciera y aflorara la página.
Uno de los centros gravitacionales de la ciudad de Guatemala, esa urbe furiosa, telúrica e ignota, es el Fondo Antiguo de la Biblioteca Nacional. Los 250 años de la ciudad y el medio milenio de la ficción nacional se explican aquí. Incluso, creo, estos libros susurran el futuro.