🔴 Hassan Akram y la porta de LUN con Kel Calderón: "Cuando estaba Boric, LUN sacaba portadas super políticas, y hoy con Kast, con el desempleo altísimo, el diario esta enfocado en los caballos de Kel Calderón. Es un ejercicio de distracción para no hablar del desastre que tiene este gobierno"
#LUN #KelCalderon
A Boric y a Piñera lo denunciaban constitucionalmente por todo, y qué pasa con Kast, el wn miente, se pasa las leyes por la raja, ahora con los niños haitianos, y nada? NADAAAA
Agradezco la súbita preocupación de la ultraderecha por los niños migrantes. Es llamativo, considerando que hace unos meses proponían minar la frontera, recluirlos en centros de detención en el altiplano o negarles cualquier derecho social, incluyendo los sistemas de protección.
EL LIDERAZGO DE LOS CHARLATANES
Por qué el populismo moderno premia el narcisismo, la mentira y el show. El perfil psicológico y cultural de quienes votan por ese populismo extremo.
La pregunta incómoda no es por qué existen personajes como Trump, Milei, Bolsonaro, Orbán, Maduro o Kast. La verdadera pregunta es otra: ¿qué tipo de ciudadano los convierte en líderes de masas?
Porque estos personajes no emergen por accidente. Son el síntoma de un electorado específico: emocionalmente frustrado, intelectualmente perezoso para procesar complejidades y profundamente seducido por relatos simples, épicos y llenos de enemigos imaginarios.
Y no, esto no se explica sólo con “la derecha o la izquierda”.
Existen derechas e izquierdas democráticas, liberales, sociales y racionales. Lo que une a estos líderes no es una doctrina seria, sino el populismo autoritario, el culto al caudillo y la política convertida en espectáculo emocional.
Todos comparten rasgos evidentes: narcisismo, delirios de grandeza, mitomanía, ignorancia funcional en áreas que aseguran dominar y una obsesión enfermiza con su propia imagen. Milei se imagina una mezcla entre rockstar, profeta económico y futuro Nobel. Trump se percibe como un genio incomprendido. Maduro hablaba de economía como si leyera horóscopos. Bolsonaro añora reflejos autoritarios. Orbán convirtió el nacionalismo paranoico en modelo de gobierno. Kast construyó una campaña sobre mentiras, frases grandilocuentes, miedo y promesas imposibles que luego relativizó con una velocidad admirable.
Pero lo verdaderamente fascinante no son ellos. Son quienes los aplauden.
El votante de estos liderazgos suele compartir una mezcla bastante reconocible: frustración económica, miedo cultural, resentimiento social y una necesidad casi infantil de explicaciones simples. El populista les ofrece exactamente eso: un enemigo claro y una solución mágica.
La culpa siempre es de alguien: inmigrantes, comunistas, globalistas, empresarios, feministas, periodistas, “la casta”, las élites, Bruselas, Washington o Marte si es necesario. La complejidad desaparece. Todo queda reducido a un relato binario para consumo rápido: “el pueblo bueno” versus “los traidores”.
Y ahí aparece otro rasgo crucial: el desprecio por el conocimiento. Estos movimientos sienten una desconfianza profunda hacia científicos, académicos, periodistas, técnicos o cualquiera que use más de tres gráficos seguidos sin gritar. El experto molesta porque introduce matices, y el matiz es el enemigo natural del fanatismo.
Por eso tantos de estos líderes son negacionistas del cambio climático. La evidencia científica exige pensar en largo plazo, aceptar datos incómodos y asumir responsabilidades complejas. Mucho más fácil es decir que todo es una conspiración global inventada por ecologistas, burócratas o marcianos progresistas que quieren arruinar el asado.
El negacionismo climático funciona además como marcador identitario. No importa si hay incendios, sequías o temperaturas récord. Lo importante es demostrar lealtad tribal contra “la élite woke”. La realidad pasa a ser secundaria frente al sentido de pertenencia.
Por eso las mentiras evidentes rara vez dañan a estos líderes. El vínculo con sus votantes no es racional, sino emocional. Sus seguidores no los evalúan como estadistas; los consumen como símbolos culturales. Mientras insulten al enemigo correcto, todo se perdona: contradicciones, ignorancia, corrupción o delirios mesi��nicos.
El populismo moderno funciona así: transforma frustración en identidad y rabia en proyecto político.
Y quizás ahí está lo más inquietante. Estos electorados no necesariamente buscan libertad, prosperidad o democracia. Muchas veces buscan algo más básico: alguien que les diga que el mundo es simple, que ellos son las víctimas virtuosas de la historia y que existe un líder fuerte dispuesto a vengarlos. Aunque para eso haya que mentir, dinamitar la realidad, la evidencia y el sentido común en horario prime.
@MisColumnas
que risa cómo los fachos se quejan de la falta de protestas con Boric, pero si estábamos tan pal pico por qué no protestaron ellos?? hasta las marchas quieren que les hagan los flojos culiaos frescos de raja
Si hay unos pocos que hacen mal uso del pase cultural, deben ser investigados y el dinero devuelto. Pero la mayoría de lo utiliza para ir al cine, al teatro, comprar música o un libro. Anunciar ante un reportaje, sin más antecedentes, que se va a eliminar, es un perjuicio para todos quienes han accedido a cultura gracias a esta política pública.
La democracia habló fuerte y claro. Me acabo de comunicar con el Presidente electo @joseantoniokast para desearle éxito por el bien de Chile.
A quienes nos apoyaron y fueron convocados por nuestra candidatura, tengan claro que seguiremos trabajando por avanzar en una mejor vida en nuestra patria. Juntos y de pie, como siempre lo hemos hecho.
@VTorneria La enorme alegría que tengo en estos momentos es gracias a ti Víctor y a esa invitación que me hiciste para ir al estadio a ver al Conce por primera vez el 2005 🦁💜
@giselandra @Martiinxo9 @DtLovrincevich No te desgastes dándole explicaciones. Te apuesto que se le olvidó cómo estuvo a finales del 2020. Además, yo que él, estaría callado por lo del jueves.