Así aparca mi vecino en su plaza de garaje
Ya son varias las ocasiones en las que nos deleita con sus buenos usos y costumbres en cuanto al respeto a las normas de convivencia.
Para completar información, el hueco que deja atrás no es para aparcar moto, ni para guardar bicicletas, ni para guardar herramientas o trastes, simplemente aparca así para poder abrir el maletero a placer, porque él se lo merece.
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En 1922 Ludwig von Mises publicó 'El socialismo' y destruyó intelectualmente a todos los socialistas.
Lo refutó demostrando que el socialismo es una imposibilidad económica.
El argumento central es el problema del cálculo económico.
En una economía de mercado, los precios surgen del intercambio voluntario de bienes de producción entre propietarios privados.
Esos precios no son números arbitrarios, son la única herramienta que permite comparar racionalmente usos alternativos de recursos escasos.
Sin ellos, no hay forma de saber si usar acero para fabricar tractores o puentes genera mayor satisfacción para los consumidores.
No es que sea difícil saberlo. Es que no existe el instrumento para determinarlo.
El socialismo, al abolir la propiedad privada sobre los medios de producción, elimina el intercambio entre propietarios. Sin intercambio no hay precios. Sin precios no hay cálculo. Y sin cálculo, la asignación de recursos se vuelve ciega.
El planificador puede decidir, por supuesto, pero decide a oscuras. No hay ningún criterio racional que le indique si su decisión fue buena o desastrosa hasta que el desastre ya se materializó, y a veces ni siquiera entonces, porque no tiene punto de comparación.
No dice que el socialismo funciona mal. Dice que no puede funcionar. No es un problema de corrupción, de burocracia o de que no se aplicó bien.
Es un defecto estructural e incorregible, sin propiedad privada de los medios de producción, la racionalidad económica es literalmente imposible.
Mises dedicó una parte sustancial del libro a demoler las alternativas que los socialistas propusieron para eludir el problema.
¿Cálculo en especie, sin moneda? Imposible comparar bienes heterogéneos.
¿Mercados simulados dentro de la planificación? Una contradicción en sus términos, o hay propiedad real y precios reales, o hay simulacro y caos.
¿Prueba y error del planificador? Error sin precios no genera información aprovechable, solo acumula destrucción.
Cada parche propuesto confirmaba el diagnóstico original.
Pero el libro va mucho más allá del cálculo.
Mises desmonta la teoría materialista de la historia, la doctrina de la lucha de clases, la idea de que el capitalismo explota al trabajador.
Demuestra que el beneficio empresarial no surge de la explotación sino de la correcta anticipación de las necesidades del consumidor.
Que la acumulación de capital no empobrece a nadie sino que es exactamente lo que eleva los salarios reales y la productividad.
Que la competencia no es un juego de suma cero sino el mecanismo por el cual los recursos fluyen hacia quienes mejor satisfacen demandas reales.
También anticipa algo que la historia confirmaría brutalmente: que el socialismo, al destruir el mecanismo de coordinación económica, no produce igualdad sino pobreza generalizada y tiranía.
Sin precios que coordinen decisiones descentralizadas, alguien tiene que decidir centralmente qué se produce, cuánto, para quién.
Esa concentración de poder económico total es inseparable del poder político total.
La dictadura no es un accidente del socialismo.
Es su consecuencia lógica.
La Unión Soviética, Cuba, Corea del Norte, la China maoísta, Camboya, Venezuela: cada experimento socialista terminó exactamente donde Mises predijo en 1922.
Miseria económica y opresión política.
No por mala suerte, no por sabotaje externo, sino porque un sistema que destruye los precios destruye la racionalidad económica, y una sociedad sin racionalidad económica no puede sostener ni la prosperidad ni la libertad.
Lo más notable del libro es que fue escrito cuando el socialismo estaba en pleno ascenso intelectual, cuando la mayoría de los economistas profesionales lo consideraban no solo viable sino inevitable.
Mises se paró solo contra todo el consenso académico de su época y tenía razón.
El siglo XX le dio la razón con decenas de millones de muertos.
'El socialismo' no es un libro contra una política.
Es la demostración definitiva de que un sistema entero es imposible..
Los impuestos no son el precio de la civilización. Son el costo de sostener a quienes no podrían financiarse en un mercado.
Cuando el Estado te quita el 30, el 40 o el +50% de tu ingreso, no te está pidiendo una contribución. Te está diciendo que más de la mitad de tu jornada laboral le pertenece. No hay contrato, no hay consentimiento, no hay posibilidad de rechazo.
Hay coacción respaldada por el aparato punitivo. En cualquier otro contexto, a eso se lo llama extorsión. Que lo administre una burocracia con edificios de mármol no le cambia la naturaleza.
Y el argumento de que recibís servicios a cambio se desarma solo. Si el intercambio fuera voluntario, no necesitarían amenazarte con multas, embargos y cárcel para cobrarlo. Nadie necesita amenazar al cliente de un supermercado para que pague lo que eligió llevar. La coacción es la confesión implícita de que lo que ofrecen no vale lo que cobran.
Pero el daño va más allá de lo ético. Cada peso que el Estado extrae es un peso sustraído al cálculo económico del individuo que lo generó. Ese individuo sabía en qué invertir, qué consumir, cuánto ahorrar, porque respondía a señales de precios y a su propia estructura de preferencias.
El funcionario que lo reasigna no tiene esa información ni tiene incentivo alguno para usarla bien, porque no es su dinero y no enfrenta pérdidas si lo dilapida.
El resultado es predecible y se repite en todos lados: obra pública sobrevaluada, programas sociales que cronifican la dependencia, transferencias a sectores que el mercado ya declaró inviables. No es mala administración. Es lo que ocurre estructuralmente cuando se reemplaza el cálculo económico por el cálculo político.
Argentina es un caso de manual. La presión fiscal combinada supera el 45% del PBI, y el resultado no es prosperidad sino fuga de capital, informalidad récord y una clase productiva que emigra o se achica.
Décadas de impuestos crecientes no produjeron mejor infraestructura, mejor educación ni mejor salud. Produjeron más Estado, más dependencia y menos creación de riqueza.
Desde que yo nací que Argentina está en decadencia (y antes también).
Lo que llaman política fiscal es un mecanismo de expropiación sistemática que transfiere recursos de quienes los generan a quienes administran su destrucción.
Ninguna alícuota lo justifica. Ningún fin declarado lo legitima. El ingreso es propiedad de quien lo produce, y toda apropiación forzosa es, por definición, un acto de violencia institucionalizada.
Coste Total Empresa - 80.000 € - Lo que realmente paga la empresa por ti.
Salario Bruto - 60.000 € Lo que aparece en tu contrato.
Salario Neto - 40.000 € - Lo que llega a tu cuenta tras
IRPF y Seg. Social.Disponible Real - 32.000 € - Lo que te queda tras pagar el 21% de IVA al consumir.
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Lo que aprendí leyendo…
“El fascismo de los antifascistas” – Pier Paolo Pasolini
Pasolini plantea algo incómodo: hay formas de poder que se disfrazan de virtud. Y cuando el discurso se convierte en moral absoluta, el resultado no es libertad, sino obediencia.
El antifascismo no es inmune al fascismo.
Cuando una causa se siente moralmente superior, puede caer en la misma lógica que pretendía combatir:
•imposición,
•cancelación,
•simplificación del adversario,
•dogmatismo.
Pasolini anticipó un fenómeno que vemos hoy: la política deja de ser debate y se convierte en identidad moral. Quien no piensa igual, no es adversario: es enemigo.
Y aquí viene la lección estratégica para mí:
La democracia no se destruye por una sola ideología. Se destruye cuando dejamos de escuchar al otro.
El verdadero peligro no es la derecha o la izquierda. Es cuando una parte se siente autorizada a decidir quién merece hablar
y quién debe ser silenciado.
Es el momento en que la libertad deja de ser un principio y se vuelve un privilegio.
Pasolini no invitaba a justificar al fascismo.
Advertía sobre algo más profundo: El poder cambia de traje, pero no de método.
Y leerlo hoy es un recordatorio incómodo:
defender la democracia exige más que buenas intenciones. Exige pluralidad, disenso, crítica y autocrítica. Exige reglas, límites y humildad.
Porque la línea entre combatir al fascismo
y reproducirlo sin darnos cuenta siempre es más delgada de lo que creemos.
Andrés Elías