En cuanto la punta comienza a incinerar asiente satisfecha. El calor que le entra al pecho hace que inconscientemente baje los hombros.
— Esto de lado, también lo uso para prender la estufa. Pero no pasa nada, los desechables no cuestan mucho.
Más que ser un gasto incómodo, +
lo que le molesta es querer usarlo y darse cuenta que necesita cambiarlo.
— ¡Hoy trabajo! Hago entregas, pero tomaba un descanso antes de regresar a casa. — Inevitablemente piensa en ella, también. Incluso alguien que se mantiene inflexible ante el clima debe de mantenerse +
— ¿Crees que sea tiempo de cambiarlo? Estas cosas no duran nada... ¿y si lo agitas un poco?
Probablemente no sirva de mucho pero aún no quiere reemplazarlo. Quizás le está pidiendo el trabajo a la persona equivocada, muchas casa hoy en día tienen estufas eléctricas después de +
Sin preguntar o pedir permiso, le pasó el encendedor. — ¿Me ayudas? Es un poco difícil así.
Le enseñó sus palmas para que viera de lo que hablaba, y le miró expectante.
Le da un poco más de tranquilidad ver su vestimenta más congruente, la ciudad es más pequeña de lo que creía. Se ve mayor que ella, pero le habla con la misma familiaridad de un viejo amigo.
— ¡Que bueno verte! — Le cuesta un poco hablar con el cigarrillo entre los labios. +
Eso sí, usarlos mientras intenta sacarle fuego a un encendedor está siendo una tarea imposible. Lleva ya varios minutos con una cara arrugada y el cigarrillo en la boca mientras intenta una y otra vez generar la llama que tanto busca.
Son ya varios días desde que se extinguió ese pensamiento de que salir con estas temperaturas era una disparate, siempre tarda unos días en acostumbrarse a la llegada del frío. Recordará agradecer otra vez a su abuela por esos guantes que le tejió como regalo de navidad. +
Da un paso torpe hacia adelante. El vaso y la calidez que le rodea ahora mismo le parece un regalo de los cielos. Ni se le ocurre preguntar qué es antes de sorber.
—Uff… gloria. Juro que afuera estaba a cinco minutos de...
Inclina la cabeza mientras le examina con la +
mirada de arriba a abajo, su vestimenta no le termina de cuadrar. Le señala aún con ambas manos en la taza.
— Eso sí, deberías decirme tu secreto. No llegaría ni a la esquina vestida así.
Tarda un poco en registrar el gesto. Cuando examina el tejido ríe breve, algo ronca por el frío
— Hah... gracias — dijo, acomodándosela sobre los hombros con torpeza. Ni siquiera intenta sacudirse la nieve de encima aún. — Todavía no pienso morirme hoy, pero iba en camino. +
Allá fuera está imposible.
Se frotó entre sí las manos antes de metérselas bajo la manta. Una vez levanta la mirada lo observó con más atención, frunce el ceño más por curiosidad que por miedo.
— …¿Tú estás bien?
Brrr... que frío, quizás tuvo que tomarse el día libre hoy. Cuando intentó regresar a casa el clima gélido le impidió arrancar la moto. Ni en chiste volverá arrastrándola a pie.
A piel erizada y escalofríos que no le dan tregua ha entrado al ayuntamiento. +