—"Que eres muy hábil y que no hay nadie como tú, pero eso ya lo sabes." responde amablemente, sosteniendo el arma que queda entre sus dedos.
En realidad, aunque sepa que es algo difícil para ella, no puede evitar encontrarle gusto a su manera.
Él suspira, negando con suavidad; insistía en serlo o tratar de serlo con tal de que no la trataran mal. No soportaba la idea por muy hostil que ella dijera ser.
Y es que, claro, ante sus ojos ella no lo era en absoluto.
Su mirada desciende a sus manos, apretando los labios en—
—estar entre los rebeldes solo por supervivencia, no parecía que pensara eso porque siempre lucía tranquilo al respecto.
"Hay que intentar no hacerlo... No te precipites."
No les teme pero cree que son convenientes y solo por eso soporta la idea de compartir espacio con ellos.—
—nunca se sabe cuando van a desaparecer."
No es como si le interesara independientemente de eso, en realidad. Ya tenía todo lo que quería, solo debía protegerlo.
Luego aplaude, aun con las dagas en sus manos.
"Eres siempre hábil, no hay nadie como tú."
Sabe como apaciguar su preocupación, ella tiene la manera para hacerlo y él se siente convencido, aun si persiste una espinita de inquietud.
"De acuerdo..."
Suspiró tras sus dichos, queriendo deshacerse de los malos pensamientos; de todos modos, él confiaba en ella y si—
—algo llegara a fallar él estaría allí para cubrirla.
Su mirada oscila entre las manos y los labios ajenos hasta que termina de hablar. Él sonríe sin disimular la alegría que le causa.
"Soy cordial, porque quiero que lo sean contigo. Pero no tengo ganas de hacer amigos aquí,—
Él se ríe, sin ser demasiado escandaloso pero tampoco apático; desde lo genuino. Siente las mejillas ligeramente calientes al verla tan cerca, pero se endereza.
"Puede que algún día te sorprenda."
Lo estaba pensando con seriedad, no es que quisiera molestarla, eso nunca lo—
—preocupa.
"Yo te ayudo en lo que quieras, no hace falta que me lo pidas."
De todos modos, ya se iba a ofrecer desde un principio, solo porque se trata de ella. Sostuvo las dagas que le extendió y preguntó pausadamente por las manos ocupadas.
"¿Has tenido tiempo para llevarte—
—comprendiera, aunque era una excusa para acercarse, pues sus manos se movieron con el propósito de que entienda el mensaje si no llega a sus oídos.
"Me estaba aburriendo mucho, no sabía que saliste a entrenar. Me hubieras llamado, me gusta verte."
No le daba ni un respiro.
Entrecerró sus ojos a la par con su sonrisa; le pareció adorable el esfuerzo que hizo para comprender y cómo se reflejaba en su mirada. Estaba siendo un poco cruel por permitir aquello, en lugar de utilizar otros métodos.
"¿Eso es un reto?" preguntó, inclinándose para que se—
—sonrisa notable en labios. Para cuando avanza, cuida de no interrumpir abruptamente, así que le habla cuando va a recoger las dagas.
"¿Te molesto, Synne?" preguntó, con la voz tranquila. "Si vas a fatigar tu cuerpo, también tienes que hidratarlo."
Dada la agudeza de su oído y que conoce sus /aficiones/, no tarda mucho en saber que hace incluso sin verla. En comprensión, lleva una botella de agua por si se encuentra agotada.
No se acerca en principio, solo la mira un largo rato a la distancia con mucho interés y una—
Se detiene, sosteniendo la cuchilla por el mango y deslizando sus dedos en la parte plana, en tanto lo escucha.
"Como dije, es mejor que no hacer nada. Me gustaría estar preparado para cualquier cosa y si puedo ayudar, entonces está bien."
A pesar de lo dicho, su pensamiento—
—distaba mucho. En caso de avecinarse el peligro, no tenía pensado ayudar a nadie que no fuera su hermana.
"También aprendí a las malas. Si acaso, con las armas de corta distancia, puedo defenderme. Admiro mucho a la gente con puntería, pienso que es más fácil cortar y—
—"¿De verdad quieres que te aplaste?" se ríe breve, con los ojos cerrados. "Pensé que dirías que te gustaría que yo te cargue en su lugar pero, está bien, siempre que pueda sentirte contra mí."
La afirmación, aunque suene extraña, le hace sonreír de forma verdadera, casi atontado. Como si sus palabras no significaran para él otra cosa sino cariño y ternura.
Kasper pelearía a manos desnudas solo para alcanzarla; el fin del mundo no es nada comparado a lo que—
—/demanda/, podría olvidar todo lo demás por un instante.
Hábil abandona el mango y la piedra, moviéndose para rodear su cintura; si acaso, el ser más grande que ella le ha traído más alegrías que tristezas. No extrañará que lo cargue, no cuando él lo puede hacer con ella.—