Y qué esperabais, neófitos en su fe. ¿Que avisase del momento del sepelio de su arte? ¿Que amortiguase los sentimientos de una afición joven en ebullición y de un público veterano fiel? Para qué. ¿Para precipitar un camino de piñas doradas y pétalos de rosas confeccionados para la ocasión? No habría sido propio de él.
Épocas de predicadores, tiempos de vaticinio y décadas de falsos ídolos y malos aduladores. A todos ellos ha sobrepasado y ya es inmortal. Y no blasfemo. Si la tauromaquia tuvo hace unas centurias a Pepe Illo, a Paquiro, al Guerra y Lagartijo como profetas. Si Joselito fue el rey David, Belmonte el rey Salomón y Manolete reabrió las puertas del toreo como Josué las murallas de Jericó. Si Ordóñez, Bienvenida, Romero y Paula anunciaron como los ángeles, entre verónicas y naturales, la venida de la apoteosis del arte en el ruedo… Morante es el mesías de la obra inconclusa de Cúchares que hoy rubrica como maestro de maestros, haciendo honor en sus detalles a la palabra de todos y culminando su pasión con una elegía de color chenel.
Su pasión. El adiós. El alumbramiento de una nueva fe estética. El ocaso de una vida profesional dedicada a transmitir la tauromaquia de la única manera en que ésta puede pervivir: en el arte. Sólo entendido como tal, un espectáculo tan crudo y dramático como la vida misma puede eternizarse. Y él, en el pozo de su melancolía así lo vive. Así lo sabe. Porque si el toreo es una tragedia, también lo es la existencia humana que, como explicaba Unamuno, racionalmente entiende el ser como una lucha eterna por preservarnos y sabe que, quizás, la vía más rápida para ese final, que sin remedio llegará, es el suicidio. Pero, por el camino, aún conscientes de los sinsabores que habremos de soportar, de la finitud del cirio de nuestra vida que a cada minuto se consume sin remedio ni gloria, encontramos en la veda de esta tragedia detalles o impulsos que, sin explicación posible, nos embeben en un frenesí de estímulos y pasiones que, endulzando el día a día, se graban en lo más hondo de nuestras retinas y corazones a golpe de pura sinrazón.
Y en esa cíclica y eterna sinrazón, en guardia contra esa ambigua depresión que tanto mal le ha hecho y tanto bien nos ha regalado, el de la Puebla ha dicho adiós. Sin avisar. Cumpliendo con el trágico final que todos sabíamos se acercaba. Pero sin adivinar nunca la magia que lo abrazaría, entre dolores de volteretones y caricias templadas de muleta que rompían a llorar tras una última magistral estocada que acabaría por cortar su coleta con la plaza de las Ventas como testigo de su su ocaso.
Y qué dulce ocaso... Y qué doloroso ocaso... Ya no sé si me arde o se me ha helado el corazón. La sinrazón… El arte…
Morante.
✍Manuel Fuentes Márquez.
Y ahora… ¿qué? 𝗠𝗢𝗥𝗔𝗡𝗧𝗘 se corta la coleta. Su nombre, en lo más alto de la historia de la Tauromaquia. Se te echará mucho de menos, Maestro.
#LasVentas#Hispanidad2025
Trasciende lo taurómaco. La revolución de lo anacrónico. La imposición del clasicismo en la era digital. La encarnación del héroe antimoderno. La rebelión social de un pueblo enmudecido por las corrientes woke. Morante de la Puebla, el torero más importante de la historia.
⭐ Esta imagen es HISTORIA de España y de la tauromaquia.
El pueblo aclamando a su héroe, tirándose al ruedo para sacar a Morante de la Puebla a hombros por las calles de Madrid.
La tauromaquia es lo más grande que hay en el mundo.