Un 16 de septiembre, hace no muchos años, tuve el honor de dar las palabras de bienvenida de la Ceremonia Conmemorativa del 211° Aniversario de la Independencia de México. Aproveché la oportunidad única en la vida para saludar a nuestra Patria grande, Latinoamericana, y entre las ramas del legado del haitiano Louverture me fui, apenas insinuando, porque el horno no estaba para bollos, los grandes desafíos que todavía enfrenta el continente y, particularmente, nuestro país para alcanzar la soberanía plena.
Me refiero, por supuesto, no solo a la injerencia de Estados Unidos, que cada vez adopta nuevas formas de hostigamiento, sino a la de los organismos internacionales a través de los cuales se infiltra el virus de la agenda globalista; a la de las grandes multinacionales que explotan nuestros recursos mientras pugnan por marcos legales favorables que, a menudo, superan las leyes locales; a la de las instituciones financieras globales que imponen condiciones en préstamos, inversiones y calificaciones crediticias que obligan a los gobiernos adoptar políticas opuestas a los intereses nacionales...
A pesar de que el camino para ser verdaderamente dueños de nuestro propio destino es aún largo y tortuoso, como la caótica marcha de Don Miguel a través del Bajío, sigo creyendo, que la lucha independentista no ha sido vana.
"¡Hidalgo—dije entonces, parafraseando al mayor soberanista de nuestra época, y lo reitero—, no araste en el mar; tus hijos hemos hecho Patria!"
Desde el zócalo de la Ciudad de Puebla, encabezados por nuestro Gobernador, Alejandro Armenta, acompañamos a la Presidenta Claudia Sheinbaum en su informe de Rendición de cuentas, a 2 años del triunfo.
¡Por amor al Pueblo y a la Patria, hasta la victoria!
Asomo mi cabeza calva a X solo para dejarme caer en un agujero de conejo.
Follow the rabbit...
El rescate del segundo tripulante del F-15 estadounidense derribado el viernes, en la provincia de Isfahán, bien adentro de territorio iraní, podría ser una de las operaciones militares más espectaculares de la historia; ésta habría implicado la habilitación de una pista de aterrizaje en medio del desierto, en la que habrían aterrizado, al menos, un par de C 130 Hércules y media docena de MH-6 Little Birds, así como un centenar de comandos armados hasta los dientes. Este despliegue masivo de recursos, sin embargo, es un incompatible con operaciones cuyo éxito suele radicar en la discreción, en el engaño, en la sorpresa.
La duda, pues, mata:
¿Acaso, el verdadero objetivo de la operación habría sido crear una cabeza de puente para asaltar las instalaciones nucleares subterráneas de Isfahán con la finalidad de hacerse de la media tonelada de uranio enriquecido ahí sepultada?
Si eso, sería un fracaso equiparable a Eagle Craw. ¡Uf!
Hoy, hace no se cuántos años—tantos, que se han sufrido como décadas—murió Hugo Chávez, el más preclaro de los hijos de la Patria grande latinoamericana.
El sueño del gran integrador sigue vigente, aunque últimamente parezca etéreo: que Latinoamerica se eriga como un continente unido, fuerte y libre.
Asegura Primer Ministro de Polonia que si Donald Trump se apropia de Groenlandia, "significará el fin del mundo tal y como lo conocemos". Estridencias aparte, la anexión por parte de Estados Unidos de la isla más grande del planeta, ubicada a las puertas del Ártico, entre Norteamérica y Europa, sobre un suelo rico en petróleo, tierras raras y osos polares, en efecto, podría ser la puntilla al mundo tal y como lo conocemos o, mejor dicho, al Orden Mundial vigente desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Los que nacimos después de 1945 conocemos un solo Orden, el de Yalta. El reparto del mundo entre las potencias vencedoras de la guerra (Estados Unidos, URSS/Rusia, el Reino Unido y Francia y, posteriormente, China) implicó la construcción de un gran marco de seguridad (instituciones supranacionales, normas internacionales, soberanía como principio base, etc.) que propició un equilibrio de poderes lo suficientemente estable como para permitirnos vivir décadas de paz relativa en las que las potencias nucleares nunca se enfrentaron directamente, se establecieron controles de armamentos, la diplomacia fue la primera opción para la resolución de los conflictos...
Mis sobrinos, sin embargo, seguramente crecerán en un mundo donde el viejo Orden haya sido reemplazado por uno distinto, un Yalta 2.0, que no contemple un reparto planetario negociado sino uno definido principalmente por los intereses estratégicos de tres superpotencias soberanistas cuya capacidad militar, tecnológica y económica supera de largo al resto (Estados Unidos-Israel, China y Rusia), y en el que las instituciones mundiales y las normas internacionales sean irrelevantes, y las soberanías de los demás países, reducidos a la categoría de liliputienses, meramente instrumentales, y en el que la patada al tablero sea lo común.
Desde nuestro (no tan) cómodo sillón hemisférico, el colapso del viejo Orden—como suelen ser los colapsos—será un espectáculo increíble:
¡Estados Unidos secuestra al Presidente de Venezuela y toma, de facto, el control del país!
¡Estados Unidos ataca a Irán y propicia la caída del régimen de los ayatolás!
¡Estados Unidos invade Dinamarca y provoca la disolución de la OTAN!...
En la selva, se sabe, el poder no se negocia ni se modera, ¡se impone!
Se equivocan infantilmente quienes piensan que la intervención de Estados Unidos en Venezuela tiene como finalidad combatir el narcotráfico o democratizar el país sudamericano, o solamente permitir a los estadounidenses succionar las incuantificables reservas de petróleo venezolanas; la realidad es más compleja: se trata de la ejecución de la primera etapa de una estrategia de dominio político, económico y militar total del hemisferio occidental a fin de alinearlo perfectamente a los intereses gringos (Corolario Trump).
El Corolario Trump reafirma el antiguo axioma sobre la supuesta "preeminencia estadounidense en el hemisferio", pero añade elementos más agresivos, a los que hay que prestar atención, como impedir el control de activos estratégicos a potencias no hemisféricas, promover gobiernos aliados mediante recompensas o coerción, o combatir la migración masiva, el narcotráfico y narco-terrorismo con fuerza letal.
En un contexto más amplio, el Corolario se enmarca en el gran conflicto entre soberanistas y globalistas, en el que los primeros defienden un mundo multipolar donde los países puedan actuar unilateralmente para proteger sus intereses nacionales y los segundos promueven un orden basado en reglas multilaterales en el que ningún país pueda violar la soberanía ajena impunemente.
Las grandes potencias soberanistas ganan momentum, se observa:
En el laboratorio hemisférico de Venezuela, Donald Trump secuestra al Presidente ninguneando a la ONU y a la OEA, e ignorando los enérgicos llamados (a misa) de los gobiernos latinoamericanos.
En Ucrania, Vladimir Putin defiende con las armas su esfera de influencia histórica y a las poblaciones rusófonas frente a la expansión globalista de la OTAN y la Unión Europea.
En Taiwán, Xi Jinping reafirma, cada vez con más audacia, la política de Una sola China.
(¿Yalta 2.0?)
Mientras tanto, la Europa globalista se suicida en cámara lenta.
Y, a lo lejos, a la distancia tramposa que ponen los años, el cadáver rentable de Lenin los odia a todos: a unos, por chauvinistas y a los otros, por farsantes. Y los trabajadores seguimos siendo carne de cañón.
Huérfana de liderazgo, Venezuela enfrenta esta noche, diría Hugo Chávez, al imperio más poderoso, inmoral y criminal que ha existido en la historia humana: el imperio de Estados Unidos.
Diría también Chávez:
"¡Váyanse al carajo, yanquis de mierda; váyanse al carajo una y mil veces!"
Hallándose en medio de un acalorado debate sobre los trabajos del cuerpo y del alma, respecto a la dureza de la vida de los caballeros, especialmente si se le compara con la de los letrados, argumentaba Don Quijote que no hay profesión más noble que la suya, pues el fin último de la guerra es la paz, que es un bien superior a cualquier otro. Añade, entonces, Cervantes, a través del nacido en algún lugar de la Mancha:
"Las primeras buenas nuevas que tuvo el mundo fueron las que dieron los ángeles la noche que cantaron en los aires: '¡Gloria sea en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad!'"
¡Feliz Navidad, pues!
La Unión Europea (UE) ha acordado un préstamo de ¡90,000 millones de euros! a Ucrania. Este financiamiento se basa en la emisión de deuda y no en la utilización activos rusos congelados, como se había considerado inicialmente.
El multimillonario préstamo de la UE a Ucrania, por contextualizar, equivale al PIB de países europeos medianos, como Bulgaria o Croacia, y triplica al de la minúscula Malta, a la vez que representa una cuarta parte del gasto total en defensa continental, en 2025.
La decisión de la UE de sumergirse aún más profundo en el conflicto, pichando el esfuerzo bélico de Ucrania, añade a sus sabidas preocupaciones geopolíticas y de seguridad una nueva, más grave y más imperiosa inquietud: la financiera.
El préstamo, por supuesto, no es un regalo sino una inversión. La única manera de que los europeos recuperen el dinero desembolsado es que los ucranianos triunfen militarmente. La escalada, pues, dirige a Europa en una dirección inequívoca: la guerra.
Escribe Juan Manuel de Prada, con el tintero rebosante de razón:
"Zohran Mamdani es el último prototipo diseñado por el reino plutocrático mundial para imponer su agenda, asegurando la paz social que solo los candidatos de una falsa izquierda pueden garantizar mientras se extiende la pobreza, los sueldos pierden capacidad adquisitiva y las grandes fortunas concentran, cada vez, mayor riqueza".
Y añade:
"Y ello, mientras se dinamitam los valores populares, campesinos, tradicionales—o sea, los valores cristianos—, pues el fin último del reino plutocrático mundial no es otro que la demolición de la civilización cristiana".
De Prada, menciona, de paso, La taberna errante, un libro que bien merecería un tuit aparte sobre dos amigos que recorren Irlanda llevando consigo un barril de ron y un queso mientras tratan de sortear la prohibición de vender alcohol impulsada por un parlamentario de izquierda influido por cierto profeta musulmán.
Cada cierto tiempo, Starbucks lanza un nuevo producto coleccionable. Cada vez que eso ocurre los compradores hacen largas filas que, a menudo, llegan hasta la calle y avanzan muy lentamente. ¿Qué los empuja esperar una hora para comprar un inútil termo de renos que vale quince veces el café que me estoy tomando?
Este asombroso ritual es un botón de muestra del capitalismo en su versión más dopamínica: likes de por medio, los compardores no adquieren un producto sino una identidad, nunca mejor dicho, de temporada.
En unas semanas, el termo estará en el fondo del armario o rematándose en Mercado Libre. Y Bauman sonreirá, burlón.
Se presenta el libro “Los planes de desarrollo en México” del Dr. Abraham Quiroz, obra que analiza el rumbo del país a través de sus estrategias. #PensarEnGrande#PorAmorAPuebla https://t.co/rOiEBsHq4D
Escribe James Thurber que
"la Duodécima Guerra Mundial, como todo el mundo sabe, trajo el hundimiento de la civilización. Pueblos, ciudades y capitales desaparecieron de la faz de la tierra; hombres, mujeres y niños quedaron situados debajo de las especies más ínfimas; libros, pinturas y música desaparecieron. Las personas, por su parte, solo sabían sentarse, inactivas, en círculos. Los chicos y las chicas crecían mirándose estúpidamente extrañados: el amor había huido de la tierra.
"Un día, una chica que no había visto nunca una flor, se encontró con la última flor que nacía en este mundo, y corrió a decir a los demás que se moría la última flor. Solo un chico le hizo caso, un chico al que encontró por casualidad.
"El chico y la chica se encargaron, los dos, de cuidar la flor, y la flor comenzó a revivir. Un día una abeja vino a visitar a la flor, después vino un colibrí. Pronto fueron dos flores; después, cuatro y después, muchas, muchas. Los bosques y selvas reverdecieron...
"El amor había vuelto al mundo".
Hubo una vez un dictador—un buen dictador, debo añadir—que ordenó que todos los días de la semana tuvieran "la luminosa categoría del domingo"; ordenó, también, que se pusieran flores en todas las ventanas y que la alegría fuera la única bandera del pueblo.
Inmortal, eterno, Facundo Cabral.