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Hoy hace un año de la mayor masacre de judíos por ser judíos desde el Holocausto nazi. Más de 1.200 personas fueron brutalmente asesinadas por los terroristas de Hamas que invadieron Israel. Acribillaron a balazos a cientos de jóvenes que bailaban y cantaban en una fiesta al aire libre. Jugaron al tiro al blanco en las calles. Dispararon contra los que iban en auto y los que iban a pie. Entraron en las casas de decenas de familias y mataron a hombres, mujeres, niños y ancianos con crueldad y salvajismo. Decapitaron seres humanos. Cortaron cabezas con un cuchillo, con una pala, con lo que tuvieran a mano. Quemaron seres humanos vivos. Prendieron fuego casas con familias adentro. Violaron a las mujeres. Mataron a padres frente a sus hijos y a hijos frente a sus padres. Y, mientras celebraban esa orgía de sangre, festejaban, reían, gritaban “Allahu Akbar”, filmaban con sus celulares, llamaban orgullosos a sus familiares para contar cuántos judíos habían matado con sus propias manos. Por ser judíos. También se llevaron a más de 250 personas como rehenes: hombres, mujeres, niños, ancianos, personas enfermas y hasta un bebé. Se los llevaron y los mantuvieron desaparecidos en túneles donde también violaron, torturaron y mataron. Decenas aún están cautivos, un año después. Un año en el que, del otro lado del mundo, en países occidentales como el nuestro, nos acostumbramos a ver, leer y escuchar negacionismo, justificaciones, “no lo justifico pero” y hasta celebraciones del horror. Las víctimas fueron tratadas desde el primer día como victimarios, porque “algo habrán hecho”. Escuchamos y leímos teorías conspirativas, fake news, desinformación y basura antisemita, inclusive de la boca de supuestos defensores de los derechos humanos. Escuchamos y leímos cómo un pueblo históricamente perseguido era acusado de los peores horrores que ese mismo pueblo sufrió a lo largo de su historia, inclusive genocidio. Sí, “genocidio”. Por defenderse. Por no aceptar que quieran borrarlo del mapa, aniquilarlo. Apesar del siglo XX, parece que no hubiéramos aprendido nada. Muchos perdimos amigos por decir estas cosas. Mucha gente que se cree llena de nobles convicciones decidió ponerse del lado de los carniceros, justificarlos, glorificarlos, y difamar a sus víctimas. Un año desde el 7 de octubre y los rehenes siguen cautivos. Y el grito de los humanistas del mundo no se escucha. Solo hay ruido, mucho ruido.
#BringThemHome #October7
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