El otro día se me ocurrió ofrecerle a mi novio hacerle el “skincare”.
Le tumbé en mi sillita, le di masaje con rodillo, le eché las cremitas y le pase el Gua Sha.
Creo que le gustó, porque ahora viene todas las mañanas a que se lo haga de nuevo…
Venia a contaros una triste historia que nunca he contado por aquí.
Durante aquella, ya lejana, primera ola de covid, mi madre estaba en un grupo de WhatsApp de clases de ingles con un grupo de señoras mayores.
Un día escribe la profesora contandoles que, por culpa del covid, una de sus compañeras habia fallecido.
Mi madre, que se disponia a responder y haciendo alarde de manazas, abrió la pestaña de stickers y, sin darse cuenta de lo que hacia, respondió con el siguiente sticker...