La rutina parece monótona y aburrida hasta que la vida la rompe y la añoras. La zona de confort no es enemiga. No todo es salir de ella. A veces es un regalo y un privilegio.
Dejarás de sentir celos cuando entiendas que no hay otra persona como tú. Cuando te des cuenta de lo mucho que vale tu presencia, cuando veas que no tienes competencia y sobre todo, cuando comprendas que cada persona está donde quiere estar.