Me gusta que nadie sepa cómo pasamos el tiempo, cómo nos llamamos o de qué hablamos.
Me gusta compartir los pedacitos de cielo que nuestros ojos ven, calor cuando hace frío; compartir miradas, besos y café.
Abrázame un instante eterno, deja que la alarma suene cuatro veces más.
Detén el amanecer, que aún no quiero que la luz nos descubra; antes necesito que mi piel se funda con la tuya.
Son pocas las cosas que desordenan mi calma, y curiosamente todas llevan tu nombre.