Voy ganando popularidad como "sionista". ¡Pobre D. José Antonio Ortega Lara!, que aparece conmigo en mi foto de perfil en ocasión de un viaje a Vascongadas para protestar por un homenaje previsto a Henry Parot.
Se pregunta alguien por el sentido de mi lealtad.
El sentido de mi lealtad está en:
1) Una España unida, grande, justa y próspera,
2) Una España de Memoria, de Dignidad y de Justicia ...... TAMBIÉN PARA UNOS ISRAELÍES BRUTALMENTE ASESINADOS el 7-O a los que considero igualmente MIS mártires de la barbarie,
3) En los principios de VIDA, LIBERTAD y propiedad,
y 4) En una denuncia constante contra todo sujeto (Pedro Baños) que entrevista -por lo del patriotismo, supongo- a tipos que afirman que habrían dado la vida ¡¡por Fidel Castro!! (la maldad personificada) o que niegan los crímenes del régimen de los bestiales ayatolás.....y todo por un resentimiento enfermizo hacia un EEUU y un Israel que al parecer le dejaron sin puesto de Director de Seguridad Nacional de Pedro Sánchez.
"Si entras en España de manera irregular, te enviaremos a tu casa en barco o en avión.
Si entras en España de manera irregular, ni piso ni ayudas ni beca.
Si entras en España de manera irregular, jamás serás regularizado."
Ese debe ser el mensaje, como dice @Igarrigavaz.
España no puede ni debe mantener al mundo entero ni ser la Sanidad de ese mundo.
España tiene que ser el país de los españoles que son quienes la levantan con ayudas para los españoles, con Sanidad para los españoles, con Educación para los españoles....
Los españoles ni pueden ni deben trabajar para mantener a parÁsitos.
Los españoles ni pueden ni deben soportar la violencia de criminalEs y vividores extranjeros.
Los españoles deben trabajar no para sobrevivir sino para progresar.
Y España tiene que ser nuevamente la Patria de los españoles.
#NiUnPasoAtrás
Hay que mandar un mensaje claro al mundo:
Si entras en España ilegalmente, jamás podrás regularizar tu situación y tendrás que volver a tu país de origen en avión, en tren o en barco.
Con VOX, nuestras fronteras volverán a ser fronteras.
Les presento a la nueva presidenta de la Asociación Bíblica Católica: Amy-Jill Levine.
No es cristiana.
No es católica.
Es judía y una sionista autodeclarada.
Su misión no es promover el evangelio de Cristo; su misión es eliminar el «antijudaísmo», el «antisemitismo» y la «homofobia» de la Iglesia y de los estudios sobre el Nuevo Testamento.
Los resultados de Nostra Aetate: llamar aliados y «hermanos mayores» a los principales enemigos de la fe Cristiana.
En palabras de San Pablo: «Un poco de levadura hace fermentar toda la masa» (Gálatas 5, 9).
El «judeocristianismo» es toda la masa fermentada: una completa herejía.
🚨 EL ESCÁNDALO DEL MAROCGATE: EL REINO DE MARRUECOS COMPRA EURODIPUTADOS Y PERIODISTAS 🇪🇸
El Marocgate destapa una red de corrupción masiva de la diplomacia marroquí para comprar voluntades en Bruselas y en medios de comunicación.
Rabat lleva más de una década regando con dinero negro, viajes de lujo y sobornos a eurodiputados y periodistas para conseguir el reconocimiento del Sáhara Occidental y ocultar de forma sistemática la vulneración de derechos humanos en su territorio.
Esta trama de injerencia extranjera confirma que las presiones migratorias en las vallas de Ceuta y Melilla son parte de una guerra híbrida financiada por el lobby alauita.
Al comprar el silencio de periodistas y los votos de políticos europeos, Marruecos logra neutralizar la soberanía de España en las instituciones internacionales, fabricando un relato a medida que amordaza las denuncias sobre sus chantajes fronterizos directos.
📌 Conclusión:
El dinero de Rabat ha penetrado en las estructuras políticas y mediáticas para debilitar las fronteras legítimas de España. Tolerar las operaciones de influencia de una potencia extranjera que corrompe las instituciones de la Unión Europea para tapar su expansionismo es una debilidad intolerable que exige investigar a fondo los tentáculos del Marocgate en nuestro país.
Usted realmente vive en la imagen escolar del galeón que saquea América.
Que enormes cantidades de oro y plata americanos llegaron a Europa es indiscutible. Que «Europa construyó sus palacios» saqueándolos a los americanos es su fantasía de 4to año de bachillerato.
La Corona gravaba la producción minera, no confiscaba los metales de América para embarcarlos rumbo a Madrid. Buena parte permanecía en manos particulares o circulaba por una economía que los llevó a España, al resto de Europa y hasta Asia. El real de a ocho, acuñado masivamente en América, fue la gran moneda internacional de la Edad Moderna, de curso común en Asia.
Y una pregunta: ¿con qué oro y con qué plata se levantaron durante tres siglos las catedrales, palacios, hospitales, universidades, caminos, puertos, fortificaciones y grandes ciudades barrocas de Hispanoamérica? ¿Con oro marciano? La América que usted imagina vaciada por España terminó aquellos tres siglos cubierta de una riqueza monumental que todavía está allí.
Vayamos a Venezuela. Un ilustre venezolano nos contó en 1829 que en 1805 fue encargado por el Gobierno y la Intendencia para elaborar la estadística de la provincia de Venezuela, teniendo a su disposición «todos los archivos de un siglo». Escribe que entre 1778 y 1805 (o sea en 27 años) Caracas pasó de 18.000 a 35.000 habitantes y «la agricultura, el comercio y las rentas habían triplicado». Extraña manera de ser saqueada una provincia: en los 27 años anteriores a la rebelión secesionista, su economía se triplicó y la población de su capital prácticamente se duplicó.
Añade además que las rentas reales de Caracas, después de cubrir los gastos, dejaban entre 600.000 y 800.000 pesos fuertes anuales (unos 16–22 millones de dólares actuales). Normalmente era sobrante que debía remitirse a la Península, pero que los intendentes distribuían entre comerciantes y hacendados americanos (de origen criollo o peninsular) contra letras de Hacienda, para que —dice textualmente— «este numerario no se extrajese del país».
Y su afirmación, señor Poleo, de que «los españoles americanos tenían que, por ley española, entregar a España sus cosechas, al precio que la mala madre dijera» es casi digna de una clase de historia en un Aló Presidente. Hubo monopolios, estancos, impuestos, restricciones comerciales y compañías privilegiadas —la Guipuzcoana es nuestro ejemplo evidente—, pero no existía una ley general que obligara a los españoles americanos a entregar sus cosechas a España al precio que ésta decidiera.
Lo más revelador está en sus propias palabras: los llama «españoles americanos» y acto seguido convierte a España en su «mala madre», como si España y Venezuela fueran ya dos naciones preexistentes y una estuviera saqueando a la otra. Evidentemente no lo eran. Venezuela formaba parte de una Monarquía extendida por varios continentes. La educación bolivariana que usted reproduce tan claramente —como tantos venezolanos— lo empuja a proyectar sobre los siglos XVI, XVII y XVIII la imagen de las naciones surgidas de la desintegración de la Monarquía en el XIX, convertidas retrospectivamente en colonias de una nación extranjera llamada España. Ese es precisamente el mecanismo victimista de nuestro mito de origen.
Nada de esto exige idealizar la Monarquía Hispánica. Basta con estudiarla como existió, con sus impuestos, monopolios, restricciones y conflictos, en lugar de sustituir tres siglos de historia por galeones cargados de oro, una América vaciada y una «mala madre» que se llevaba las cosechas.
La historia fue muchísimo más interesante que la leyenda.
X. P.
L’administration fiscale s’excuse.
Une intrusion « plus sophistiquée que par le passé ». Des données de millions de Français exposées. Et le classique « nous présentons nos excuses aux usagers concernés ».
Je suis un citoyen qui connaît très bien le numérique. J’ai fait les meilleurs programmes de startups de la Silicon Valley. Je suis connecté aux meilleurs ingénieurs de cette planète. Et ce que je vois ici n’est pas un accident technique.
C’est le résultat d’années de gestion déléguée à des équipes d’ingénieurs médiocres, sélectionnés par pure connivence plutôt que par excellence. Du capitalisme de copinage appliqué à l’État. On a confié l’infrastructure critique de la France à des boîtes de services qui optimisent le volume de facturation, pas la solidité des systèmes.
Les excuses sont trop faciles.
Nous n’acceptons pas vos excuses.
Le seul truc que nous accepterons, c’est votre départ.
Parce qu’on n’est plus dans l’erreur acceptable. On est dans un niveau de décadence technique et institutionnelle qui n’est plus tenable. Il faut reconstruire. Et on ne reconstruit pas avec ceux qui ont normalisé ce niveau d’incompétence.
Le 21e siècle exige des infrastructures numériques de niveau mondial.
Il est temps de mettre des bâtisseurs aux commandes.
Pas des gestionnaires de médiocrité.
Mi más absoluta condena ante el ataque contra la sede de VOX Cádiz.
Quienes pretenden intimidar y silenciar mediante el vandalismo demuestran su escaso respeto por la democracia y la libertad.
Todo mi apoyo a nuestros compañeros de VOX Cádiz. No conseguirán amedrentarnos.
Hoy es Ceuta, mañana será Melilla y pasado será Córdoba y Granada. Y tú sólo te echarás a la calle cuando haya otro eclipse o marque Cucurella. Y entonces llorarás como mujer lo que no supiste defender como hombre.
We live in America.
Women vote, own property, speak freely, and hold every legal right the Constitution grants.
But the second someone refuses to treat abortion like a holy sacrament, suddenly you’re “oppressed” and have “no rights.”
Spare me.
I’d drop every one of you off in Afghanistan for a week, forced coverings, banned from school and work, zero agency.
Then come back and cry about how hard it is here.
You’re not fighting for rights.
You’re fighting for the freedom to bang Harry, Larry, and Jerry with zero consequences, then call ripping a child limb from limb “healthcare.”
Women are not denied emergency medical care in this country.
Produce the recordings and hospital records if you claim otherwise.
Treating an ectopic pregnancy is not the same as elective abortion, stop conflating the two.
This isn’t oppression.
It’s you refusing accountability while demanding applause for ending a human life.
Go live under actual tyranny for seven days.
Then tell me again how victimized you are.
Jesus performed roughly three dozen recorded miracles. Only one of them appears in all four Gospels. Not the raising of Lazarus. Not walking on water. Not even the healing of the blind. The one miracle that Matthew, Mark, Luke, and John all insisted on telling is the feeding of the five thousand. When four independent accounts of Jesus' life, written for different audiences with different emphases, all refuse to leave out the same event, it is worth asking why.
Start with the setting. Jesus has just received devastating news: John the Baptist, His cousin and forerunner, has been beheaded by Herod. He withdraws by boat to a remote place, seeking solitude to grieve. But the crowds see where He is going and run ahead on foot around the shore of the Sea of Galilee. When Jesus lands, expecting emptiness, He finds thousands waiting. And the Gospel says He looked at them and was moved with compassion, for they were like sheep without a shepherd. He does not send them away. He heals their sick and teaches them until the day is nearly gone.
Then the practical crisis arrives. The disciples come to Him with the obvious solution: send the people away to buy food in the villages. It is late, the place is remote, and the crowd is enormous. Matthew records five thousand men, besides women and children, meaning the real number may have been ten to fifteen thousand people. Jesus' answer is one of the most quietly staggering sentences in the Gospels: "They do not need to go away. You give them something to eat."
John's account adds a detail the others leave out. Jesus turns to Philip and asks where bread could be bought for so many, and John notes that He said this to test him, for He Himself knew what He would do. Philip does the math and despairs: two hundred denarii, roughly eight months of a laborer's wages, would not buy even a mouthful for each person. The need is beyond any reasonable resource. That is precisely the point of the test, and Philip, like most of us, sees only the arithmetic.
Then Andrew brings forward the most unimpressive offering in Scripture: a boy with five barley loaves and two small fish. Barley was the grain of the poor, the cheap bread, and the fish were likely small dried or pickled fish, a peasant's lunch. Andrew himself seems embarrassed by it: "but what are they for so many?" Everything about the offering is insufficient. A child. Poor man's bread. A portion for one. Set against fifteen thousand hungry people, it is almost a joke.
And this is what Jesus takes. He does not conjure food from nothing, though He could have. He takes what is offered, blesses it, breaks it, and begins to give. The verbs matter: He took, He blessed, He broke, He gave. These are the exact four verbs the Gospels will use again at the Last Supper, when He takes bread, blesses it, breaks it, and gives it, saying, "This is my body." The feeding on the hillside is a deliberate foreshadowing of the cross, written in the grammar of the text itself.
The people eat. All of them. The Gospels say they were satisfied, the Greek word implying they were filled completely, not given a polite taste. And then comes the detail all four writers preserve: twelve baskets of broken pieces left over. Twelve, one for each tribe of Israel, one for each disciple who had doubted. The God who fed Israel with manna in the wilderness is feeding a new multitude in a desolate place, and the abundance is so great that the leftovers exceed the original supply many times over. With Jesus, the surplus after the miracle is greater than the total before it.
The crowd understands exactly what they have witnessed. John records that the people begin saying, "This is indeed the Prophet who is to come into the world," a reference to Moses' promise in Deuteronomy that God would raise up a prophet like him. Moses gave manna in the wilderness; here is One doing the same. They are so certain that they move to take Him by force and make Him king. And Jesus, refusing the crown offered on their terms, withdraws alone to the mountain. He will be made King, but by way of a cross, not a coronation.
The story has a sobering final act that most retellings skip. The next day, in the synagogue at Capernaum, Jesus confronts the same crowd that chased Him around the lake: "You are seeking me, not because you saw signs, but because you ate your fill of the loaves." Then He preaches the sermon the miracle was pointing to all along: "I am the bread of life; whoever comes to me shall not hunger." The teaching is so hard, so demanding, that John records the outcome bluntly: from that time many of his disciples turned back and no longer walked with him. The crowd that wanted a bread king by the thousands dwindled to twelve men, and Jesus asks even them, "Do you want to go away as well?" Peter's answer still stands as the confession of every believer since: "Lord, to whom shall we go? You have the words of eternal life."
To the world, this is a charming story about sharing, and some modern skeptics have even tried to reduce it to exactly that, a crowd inspired to open their picnic baskets. But that is not what any of the four accounts describe, and it is not why thousands tried to seize Him and crown Him by force. Something happened on that hillside that fifteen thousand eyewitnesses could not explain away. Bread multiplied in His hands.
Here is what it means for you. The need in front of you may be beyond any reasonable resource. The math may be hopeless, as it was for Philip. And what you have to offer may look like five barley loaves, small, poor, laughably insufficient. Bring it anyway. The miracle never depended on the size of the offering, only on the hands it was placed into. He took the lunch of a child and fed a city with it, and there were twelve baskets left over.
He is not a Savior of scarcity. He fills until they are satisfied, and then keeps going.
Jesus is the Bread of Life, broken so that you would never go hungry. Thank You, Jesus.
On est à l’aube d’une civilisation basée sur l’intelligence artificielle. Et l’IA fait quelque chose que personne n’avait anticipé aussi clairement : elle retire les trois piliers moraux sur lesquels le socialisme s’est toujours appuyé (rareté, victimes permanentes, intermédiaires indispensables).
Al socialismo no le interesa el gobierno. Su aspiración es el poder y llevar a cabo, desde ese estrado, todas las acciones que les dicta su resentimiento y su idea de justicia consistente en arrebatarle lo suyo a quienes lo han merecido con su trabajo. No hay en los socialistas ninguna pulsión de servicio público, de ahí que se hayan inhibido en todas y cada una de las emergencias sufridas por la población: desde la pandemia de covid hasta la invasión de Ceuta pasando por erupciones volcánicas, riadas, apagones e incendios.
El dinero público, que tan alegremente fluye para financiar la propaganda mediática, la corrupción clientelar y el manejo de las cloacas para atentar contra la justicia, se retrae con una timidez extrema cuando se trata de ayudar a los españoles que verdaderamente lo necesitan. La prioridad socialista es tener la llave de la caja común y utilizar sus fondos para enquistarse en el poder financiando el absentismo laboral, subvencionando la sumisión política e impulsando la burricie y la domesticación social desde un sistema educativo completamente desquiciado.
El hábitat ideal del socialista es la ruina y la postración social, desde las que pueden enseñorearse repartiendo migajas con una mano mientras con la otra le dan a la palanca de la máquina de premio seguro. Con el socialismo hemos experimentado, pues, la peor privatización de todas: la de la política, sostenida a través de la corrupción a todos los niveles y sometida a la exclusiva satisfacción de los intereses bastardos de sus líderes.
Lo ocurrido en Massachusetts es una barbaridad desde todos los puntos de vista. Que mujeres festejen que pueden matar a su hijo hasta el noveno mes de embarazo muestra hasta dónde puede llegar la maldad humana. El aborto es siempre un crimen en todas sus etapas, pero un bebé de nueve meses ya es claramente un ser humano desarrollado y formado. ¿Qué impediría matar a un bebé ya nacido? ¿O qué impediría matar a un hombre de 40 años?
Estas mujeres, ante Dios, serán responsables de la sangre inocente de millones de seres humanos no nacidos que son asesinados y sentenciados a muerte sin haber cometido ningún crimen. Ojalá se arrepientan y busquen revocar esa inicua ley. De lo contrario, no querría estar en sus zapatos el día que sean juzgadas por el Eterno Juez.
“The modern world is undergoing an extraordinary spiritual crisis. People are searching for meaning. Young people are searching for an identity. Loneliness is on the rise. Families are breaking down. Technology is penetrating ever more deeply into human existence. Pornography distorts sexuality. Materialism fails to satisfy. Climate change is becoming a surrogate religion for many. People are afraid of death, yet they hardly know what they are living for anymore.
And in the midst of that world, the Church possesses something extraordinary. It possesses the Gospel. The sacraments. The Eucharist. Confession. Two thousand years of wisdom. Scripture. The Church Fathers. Thomas Aquinas. Augustine. The mystics. The saints. An unrivalled tradition of art, music, philosophy, morality and spirituality. And above all: Jesus Christ.
The world is not waiting for yet another organization to listen to it. There are already enough of those. The world is waiting for someone to tell it why it was created.”
Bishop Robert Mutsaerts (August 13, 2026)