Hoy celebro 49 años de vida.
No agradezco porque todo haya sido fácil. Agradezco porque Papá Dios y mi amado Jesús me sostuvieron en los días en los que pensé que no tendría fuerzas para seguir. Cada cicatriz, cada pérdida, cada lágrima y cada victoria me trajeron hasta aquí.
Hoy entiendo que cumplir años no es sumar tiempo; es acumular propósito, aprender a soltar lo que pesa, abrazar lo que permanece y valorar el inmenso privilegio de despertar un día más.
Gracias, Papá Dios, por el regalo de la vida. Gracias, Jesús, por caminar conmigo aun cuando mis fuerzas se agotaban. Todo lo que soy y todo lo que he superado es por Tu amor, Tu gracia y Tu infinita misericordia.
Y gracias a cada persona que hoy se tomó un momento para felicitarme, escribirme, llamarme o elevar una oración por mi vida. Su cariño ha hecho de este cumpleaños un día profundamente especial.
49 años… y más convencida que nunca de que los mejores años no son los que quedaron atrás, sino los que Jesús sigue escribiendo delante de mí.
Toda la gloria sea para Dios.
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Hace dos semanas estuve de retiro espiritual en Medjugorje en Bosnia. Nunca había sentido tan fuerte la presencia de la Virgen. Hace unos días una vidente local relató que se volvió a aparecer con un mensaje donde invitaba a los fieles a ser hombres y mujeres de oración frente a la oscuridad del mundo. Ayer este centro de peregrinación fue profanado por un hijo de Satán. La única forma de ganar esta batalla frente al mal es seguir rezando unidos y llenar este centro de peregrinación de fieles. Había leído testimonios de fieles que cuando uno tiene voluntad de ir los obstáculos no dejan de aparecer. Lo achacan al demonio. Yo pensé que era una exageración, pero pude comprobar que era cierto. Cancelaciones extrañas de vuelos, overbookins inesperados, reservas de rent a car anuladas sin motivos, incendios en mitad del camino. Aún así perseveré y viví la experiencia religiosa más fuerte junto a mi visita a Tierra Santa. No lo duden. Vayan a Medjugorje.
Tu mente es como un jardín. Si no decides conscientemente qué plantar, crecerán las malas hierbas por sí solas. El miedo, la comparación, el resentimiento y la envidia aparecen sin esfuerzo. La disciplina consiste en cultivar pensamientos que te fortalezcan antes de que otros ocupen ese espacio.