No es solo que Abelardo se parezca a Trump: es que la búsqueda de los colombianos al elegirlo se parece a la de los gringos. Una búsqueda, una nostalgia, por reinstaurar un orden supuestamente perdido.
El discurso de Abelardo prueba que dice y hace lo que necesita, no que lo que le dicta su ideología. Se hizo católico tras declararse ateo. Criticó la paz que antes defendió. Ahora se modera tras una campaña feroz. Un pragmático como Trump: todo lo haga falta por el poder.
A diferencia del Partido Demócrata en EEUU, la izquierda en Colombia, incluso tras esta derrota, vive uno de los mejores momentos de su historia.
Destriparlos no va a ser tan fácil.
El modelo de Trump no la tendrá tan fácil en Colombia.
De la Espriella ganó porque construyó un producto que genera seguridad y esperanza.
La mayoría de los colombianos parecen querer orden, no solo en términos de seguridad, sino económico y cultural.
Sin embargo, la reducida diferencia que lo separaron de Iván Cepeda en el preconteo, así como la organización, la movilización y la fuerza en el Congreso de la ahora oposición de izquierda, prometen una gobernabilidad reducida y años de disputa entre los colombianos.
Sin declararse derrotado, sin reconocer explícitamente la victoria de De la Espriella, Iván Cepeda da un mensaje esperanzador, pase lo que pase, en defensa de las conquistas sociales, de la movilización social y del medio ambiente. Volverá al Congreso y seguirá en su lucha.
De la Espriella y sus electores celebrarán la victoria.
Cepeda dirá que, al ser una diferencia tan chica, hay que esperar el conteo oficial.
Se vienen días de tensión y conspiraciones en Colombia.
Pero la posiblidad de que se revierta el resultado es mínima.
México será anfitrión por tercera vez, tiene una de las ligas más rentables del continente y 17 participaciones en Mundiales.
Pero nunca ha llegado a una semifinal ni tiene fama por su calidad deportiva.
¿Qué pasa con el fútbol mexa?
https://t.co/2D3cklzE4U
Temo que el deseo de que Iván Cepeda acoja tonos y postulados del centro viene, bueno, del centro, ese centro que, en su alma, se niega a votar por Abelardo.
Pero la campaña no los ve como opción: los ve pocos y derechosos.
La campaña va a por los de siempre: los nadies.
Más que de derecha, Abelardo de la Espriella es iliberal.
Y eso es lo que más le distancia de la derecha tradicional que por tanto gobernó a Colombia.
Sobre la nueva derecha, ahora en el país de las derechas:
https://t.co/2BtkxAtraz
Nadie se puede imaginar cómo sería un gobierno del tranquilo y serio Iván Cepeda.
Mucho tendría que ver el dominante y polémico Gustavo Petro.
Perfil comparativo:
https://t.co/CK5Mqqghlj
Petro se metió en campaña apenas vio que su candidato no era tan fuerte como creía. Usó su viejo —y no del todo delirante— argumento de que se roban elecciones. Segunda vuelta habrá. La campaña de la locura sigue. A ver quién es más loco.
Ambos van a acercarse al centro. Ambos venderán al otro como peligro. Ambos querrán mostrarse como garantes de estabilidad —que ninguno es. Será una campaña sucia que mostrará, ahora sí, de qué está hecho cada uno y, sobre todo, qué da menos miedo a los colombianos.
Colombia se tiene que empezar a acostumbrar a la posibilidad de que Abelardo de la Espriella sea su próximo presidente. Hoy, tras la primera vuelta, es el favorito para ganar.
Iván Cepeda, para ganar, tiene que cambiar su estrategia: pasar a atacar, alertar de los peligros de De la Espriella, buscar alianzas y sacudir una campaña que ha sido confiada, conservadora y ambivalente en el mensaje.
Entonces ambas cosas pueden ser ciertas: Colombia se acercó a la mejor versión de su democracia, pero justo cuando la democracia, en Colombia y en el mundo, entró en crisis.
¿Por qué Gustavo Petro, cuya elección fue una ganancia histórica para la democracia colombiana, es al tiempo una amenaza para la democracia colombiana?
Petro se dio cuenta que los mecanismos tradicionales no servían. Que confrontarse activaba a su gente. Que, con eso, la oposición jugaría a su favor. Que para consolidar su proyecto era más útil fomentar una confrontación de clases que guardar las formas.