No echo de menos escribir código.
Pero sí echo de menos estar yo solo delante de un problema sin tener ni idea de cómo resolverlo.
Probar. Fallar. Darle vueltas durante horas. Y conseguirlo.
Al terminar no solo habías resuelto el problema. Notabas que algo había cambiado en tu cabeza. Habías desbloqueado algo en tu forma de pensar.
Ahora siento que tengo que esforzarme para usar mis propias neuronas. La recompensa es demasiado inmediata.
Antes estaba en resolver algo después de horas de frustración. Ahora puede estar en escribir un prompt y ver aparecer el resultado en segundos.
Hemos trasladado parte de la dopamina del scroll infinito a los prompts infinitos.
Y me preocupa lo fácil que resulta dejar de valorar el esfuerzo.
No solo programando.
Pensar cuesta.
Entender al otro cuesta.
Cambiar de opinión cuesta.
Y ahora incluso podemos preguntarle a una IA hasta encontrar una respuesta que confirme exactamente lo que ya pensábamos.
Siempre he dicho que lo bonito de programar nunca fue escribir código. Era resolver problemas.
Y, curiosamente, eso sigue siendo lo que más me gusta de la IA: me permite resolver problemas que antes ni siquiera podía plantearme.
Solo intento que, por el camino, no resuelva también por mí el esfuerzo de pensar.
@metro_madrid Así que en octubre no dijisteis la verdad o todo se ha ido a la mierda muy rápido. Teniendo en cuenta que las incidencias que habéis contestado puede ser menor al que ha habido.
Fuente: https://t.co/ir2M5Oq0vK
@metro_madrid En octubre del año pasado decíais que había unas 200 incidencias en lo que llevaba de año. En la últimas 7 horas habéis contestado a 4 incidencia diferentes, aplicando Poisson sale que lo que ha ocurrido hoy es del ~0,005 %.
¡SORTEO de 3 Libros físicos de Programación!
"Código Sostenible" de Carlos Blé.
Pasos para participar:
→ Like y RT a este post
→ ¡Sígueme!
✓ Participación abierta a todo el mundo
✓ Envíos internacionales
Retos de programación: https://t.co/x4k5deHHcP
✨Cosmeretober día 2🪐
⚠️El imperio final⚠️
«Creo... creo que si me dieran la opción entre amar a Mare, traición incluida, y no haberla conocido nunca, elegiría amarla. Me arriesgué y perdí, pero el riesgo mereció la pena.»