El diablo no necesita convencerte de que Dios no existe si logra que vivas como si Dios no tuviera autoridad sobre tus decisiones.
Creer en Dios no es lo mismo que rendirse a Él.
No confundas tener miles de seguidores con tener la aprobación de Dios.
La popularidad puede conseguirse complaciendo a las multitudes, pero la fidelidad a Cristo exige permanecer en la verdad.
No podemos pretender escuchar claramente la voz de Dios mientras ignoramos voluntariamente lo que ya nos enseñó en Su Palabra.
La obediencia también es una expresión de nuestra comunión con Él.
La iglesia necesita más que buenos predicadores y excelentes músicos. Necesita hombres y mujeres que reflejen a Jesucristo en su manera de vivir.
El testimonio también es parte del mensaje que predicamos.
No podemos pedir una generación encendida por el Espíritu Santo si no estamos dispuestos a enseñarles a amar la Palabra de Dios.
El verdadero fuego espiritual debe estar acompañado de verdad y santidad.
La iglesia no fue llamada a negociar sus convicciones para recibir la aprobación del mundo.
Nuestra misión es permanecer fieles a Jesucristo y anunciar Su Evangelio con valentía y amor.
La autoridad espiritual no se demuestra imponiendo temor, sino sirviendo con integridad y siguiendo el ejemplo de Cristo. El liderazgo bíblico es servicio, no dominio.
No podemos pedirle a Dios que transforme nuestra nación mientras nos resistimos a que transforme nuestro corazón. El cambio también debe comenzar en nosotros.
La paz es más que la ausencia de conflictos o problemas: representa un estado de armonía, bienestar y plenitud que proviene de Dios. Implica tener confianza en Él, y encontrar tranquilidad aun en momentos difíciles. Solo Jesús te ofrece la verdadera paz.