Hay equipos que despiertan una antipatía difícil de explicar. Llega un punto en que ya no es simple rivalidad deportiva, sino una mezcla de admiración mal digerida, rechazo al éxito y una obsesión por verlos caer. Cuanto más ganan, más grande parece ser el deseo de que pierdan.
Pero hay una razón por la que siguen ahí: además del talento, poseen un carácter inquebrantable. Porque las estrellas ayudan, pero lo que realmente distingue a los grandes es negarse a darse por vencidos.
Te guste o no, lo de hoy fue una lección de competitividad, carácter y resiliencia. A algunos les tocará reconocerlo; a otros, simplemente, aguantarse.
Gracias por el juegazo de hoy.