El momento en el que el gran Justin Verlander se da cuenta de que la encargada de ir a sacarlo del montículo por última vez en su carrera es su hija.
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Lo mandaron a la banca en el que pudo ser su último Mundial, lo hicieron llorar, lo señalaron por el fracaso de Portugal y lo hicieron pensar en el retiro internacional. ¿Cómo respondió? Siguió trabajando, recuperó la titularidad de la Selección absoluta de Portugal y, con 38 años de edad, guió a su nación a una nueva Eurocopa. En lugar de esconderse o bajarse del barco, dio la cara. Y en lugar de hacerse a un lado, volvió para demostrar que sigue vigente. Imposible no admirarlo. E7ERNO.