Los libros hablarán de cómo la Copa del Mundo me salvó la vida en el domingo más gris, frío y lluvioso que tuvo este país. La tarde fue exitosa gracias a Haaland y la noche con la Batalla del Azteca. No me maté porque hay un balón que une al mundo.
Seis horas de fútbol. Dos tandas de penales. Una utopía alcanzada. Siento que perdí el poco coeficiente intelectual que me quedaba. La Copa del Mundo es lo más grande que hay.