"Sé humilde, sé simple. Inclínate ante la grandeza de una flor, de una nube, de un insecto. No seas nada. No seas nadie. Sé literalmente una nada. Y cuando estés completamente vacío, el recipiente se podrá llenar de todo lo que realmente eres”.
Nikos Kazantzakis
El 6 de mayo de 1986 Jorge Luis Borges envió una carta a la agencia EFE en la que reclamaba intimidad para decidir dónde y cómo pasar sus últimos días, con "la determinación de ser un hombre invisible". Su transcripción es la emotiva reflexión de un hombre consciente del final, el suyo y el de su época.
"Les envío estas líneas para que las publiquen donde quieran. Lo hago para terminar de una vez por todas con el asedio de los periodistas y las llamadas y las preguntas de las que estoy cansado.
Soy un hombre libre. He resuelto quedarme en Ginebra, porque Ginebra corresponde a los años más felices de mi vida. Mi Buenos Aires sigue siendo el de las guitarras, el de las milongas, el de los aljibes, el de los patios. Nada de eso existe ahora. Es una gran ciudad como tantas otras.
En Ginebra me siento extrañamente feliz. Eso nada tiene que ver con el culto de mis mayores y con el esencial amor a la patria. Me parece extraño que alguien no comprenda y respete esta decisión de un hombre que ha tomado, como cierto personaje de Wells, la determinación de ser un hombre invisible".
Poco después, el 14 de junio de 1986, falleció. Hace hoy 40 años.
"El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego".
Jorge Luis Borges
📷 Ferdinando Scianna
“Everything can be taken from a man but one thing: the last of the human freedoms—to choose one’s attitude in any given set of circumstances.”
— Viktor E. Frankl
Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso. No hay poeta, por mediocre que sea, que no haya escrito el mejor verso de la literatura, pero también los más desdichados. La belleza no es privilegio de unos cuantos nombres ilustres. Sería muy raro que este libro, que abarca unas cuarenta composiciones, no atesorara una sola línea secreta, digna de acompañarte hasta el fin.
« Nous vivons dans un monde où les funérailles comptent plus que l'homme mort, le mariage plus que l'amour et le physique plus que l'intellect. Nous vivons dans la culture de l'emballage, qui méprise le contenu. »
Eduardo Galeano