Todo lo que hacen las feministas es puramente tribal y sectario.
Se visten y se peinan para ser reconocidas dentro del grupo, y las que más radicalizan su estilo visual, lo hacen para crecer en jerarquía.
Si se quedaran ahí sería tranqui, unas ridículas nomás; el problema es que ahí no para.
Su obsesión por ser reconocidas y crecer en importancia dentro de la secta las lleva a tener "opiniones" e "ideas" cada vez más extremistas y violentas. Si una un día dice "sería genial abofetear a un hombre", otra dice luego "sería genial golpearlo con un bate y romperle la nariz" y en nada tienen a la desubicada más aplaudida que directamente dice "hay que asesinar a todos los hombres".
Y obvio, ninguna de ellas -tan protegidas como se sienten dentro de la secta- ve nada malo en ese tipo de ideas. Se aplauden entre ellas, se vitorean, y las pocas que tiene alguito de conciencia intentan justificarlo victimizándose: "Ay, es que los hombres son malos, solo nos defendemos."
Y algún boludo podrá decir: "ay, pero son solo palabras, son inofensivas". No, no lo son. Una mujer que dice abiertamente que le gustaría asesinar a todos los hombres por la simple razón de ser hombres y luego es aplaudida por todo un grupo de infradotadas, no tarda mucho en comenzar a fantasear con ello. Pero como son débiles y no pueden enfrentarse contra un hombre adulto...
... siempre terminan asesinando a los más indefensos: los niños.
Así que nunca va a estar de más señalar a estas HDP cuando dicen que odian a todos los hombres, que quieren asesinarlos o inducirlos a quitarse la vida, porque... ¿saben qué? Apenas tienen un poco de poder, lo primero que hacen es intentar cumplir esa fantasía.
Las feministas son psic��patas.
Hola soy Patrick Ojota y soy un dibujante intentando abrirme paso en medio del caprichoso algoritmo de X...
Según la comunidad de artistas de redes, por ser de derecha nada de lo que hago es arte... ¿Será cierto?
¿Merecen mis dibujos llegar lejos?
¿O se merecen el ostracismo?
Hola, soy Patrick Ojota y soy dibujante.
Suelo hacer dibujos así de lindos todo el tiempo pero no le llegan a casi nadie porque el algoritmo me los esconde...
Ah, y también porque soy de derecha y la comunidad de artistas son todos zurdos.
¿Me ayudás a difundir mi arte?
Hice un dibujito rápido de Diana, la robot del juego Pragmata, porque jugué el demo y está buenísimo el juego, pero no voy a tener plata para comprármelo cuando salga, y menos ahora que empezó a tener fallas la RAM en mi PC...
@PRAGMATAgame@PRAGMATA_JP
Acá en el timelapse pueden ver la corrección obsesiva de detallitos para asegurarme de que el dibujo funcione...
Bueno, cuando escribo también soy así, solo que las correcciones obsesivas me toman meses y me terminan dejando los oídos con un terrible zumbido...
Espirales y espinas
Das vueltas sobre lo mismo:
a veces más cerca, a veces más lejos.
Sabés cómo es el juego
pero entrás en pánico igual.
Es ese ir y volver…
Podrías soportarlo —y lo sabés—
si no fuera por las espinas.
Esas espinas, entrecruzándose
por la naturaleza espiral...
Te gustaría pensar que son
engranajes, pero no:
son espinas.
No es complejo ni extraño:
si te salís del camino
—de la espiral—
te hacen daño.
No es cálido ni amable:
el futuro se plega sobre sí mismo.
Tu futuro y tu vida
se enrollan, inestables
en una espiral llena de espinas.
Que se clavan sobre sí mismas;
como tu futuro, con tu vida.
Como una espiral
llena de espinas.
Las confusas reglas
Alguna vez dijo:
—Podría soportar cualquier dolor.
Y la divinidad le respondió:
—Veamos.
Y le dio la inmortalidad.
Y ni la violencia le trajo muerte. Ni el hambre, ni la enfermedad, tampoco. Ni el miedo, ni el tedio; ni las guerras, ni las plagas; ni la lanza ayer, ni las balas hoy, ni los virus caprichosamente creados: nada le daba muerte, porque nada podía.
Nada le dio muerte a él, pero al resto sí. Como siempre, como de toda la vida.
Y vio morir a todos. A cada persona que le había importado, a los que no, y a los que comenzaron a importarle después. Conforme los fue perdiendo, de pronto notó lo irrepetibles que eran, y llegó un momento donde todos le importaban demasiado, incluso los que nunca llegó a conocer. Su mundo eran todos, y todos nacían y morían; eran recambiados, como se recambian las células de la piel. Vio morir su mundo mil veces, y se cansó de verlo aún ahí, impávido, de muda en muda; de funeral en funeral, por cada escama perdida.
Y así, sin poder morir, él fue tan muerto como lo es lo eterno; porque lo que no puede morir, siempre estuvo muerto.
Y lo que entonces quedó, todavía nos mira, inmóvil y enraizado —y maldito— con su estúpida cara gris.