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Perrito rescatado de una bolsa en Curicó ya tiene hogar temporal y busca una familia que lo adopte
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🔴 No fueron seis números como señala el gobierno. Fueron seis vidas.
Madelen tenía 33 años. Cuando el agua comenzó a subir, no pensó primero en ella. Salió a avisar a sus vecinos, a golpear puertas, a ayudar. Esa decisión, profundamente humana, terminó costándole la vida.
Pablo tenía 37 años. Era técnico electromecánico, pero quienes lo conocían dicen que su mayor orgullo era ser papá. Su hija era el centro de su mundo.
A "Oscarito" todos lo conocían. Era parte del paisaje del humedal El Culebrón. De esos vecinos que no aparecen en los titulares, pero cuya ausencia deja un silencio inmenso en el barrio.
Jocelyn recorría la Avenida del Mar vendiendo berlines y pie de limón. Trabajaba para salir adelante. En medio de la fuerza del agua alcanzó a enviar un último mensaje a su familia buscando una salida. Ese mensaje resume el miedo de cientos de personas que quedaron atrapadas.
José Luis, de 47 años, era un hombre querido por su amor a los animales. Perros, caballos y el trabajo de toda una vida marcaron su historia. Hoy deja un vacío imposible de llenar.
Y aún hay una sexta víctima cuyo nombre todavía no ha podido ser restituido. Porque incluso cuando la tragedia golpea con toda su fuerza, hay familias que siguen esperando una respuesta.
Detrás de cada fallecido había una mesa donde alguien ya no volverá a sentarse, una cama que quedará vacía, una llamada que nunca llegará, una familia que tendrá que aprender a vivir con una ausencia.
Cuando hablamos de la tragedia de Coquimbo no hablamos solo de lluvias, de milímetros de agua o de estadísticas. Hablamos de personas que tenían sueños, rutinas, afectos y proyectos. Hablamos de vidas que no eran reemplazables.
Que sus nombres no sean solo parte de un balance de emergencia.
Que nos recuerden que detrás de cada decisión, de cada demora y de cada acción frente a una catástrofe, siempre hay algo mucho más importante en juego: la vida de las personas.
¿En qué mundo no consideramos inhumano que, mientras el norte de Chile se hunde en la emergencia, sus ministros celebren un regalo de 4.500 millones de dólares para los super ricos?
Municipios como Las Condes dejarán de recaudar $13.000 millones ya que sus vecinos no pagarán contribuciones. Pero el Estado decide compensar en un 100% esos recursos vía presupuesto general de la nación.
Es decir, vecinos de Maipú y el resto de Chile, con sus impuestos, deberán financiar los presupuestos estratosféricos de comunas de mayores ingresos. Se agrandan aún más las enormes desigualdades que existen, con un financiamiento sumamente regresivo.
Quienes viven en carencia y deben aceptar que sus municipios no tengan recursos para atender lo básico, deberán financiar con sus impuestos los servicios de lujo de quienes más tienen. Decían que querían defender a la clase media, pero hicieron todo lo contrario. Chile se vuelve un país aún más desigual. Decepcionante.
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