Aquí nadie discute la calidad de Argentina, ni la grandeza de Messi, ni que sean campeones del mundo. Eso no está en discusión.
Lo que sí está en discusión es el arbitraje y el VAR.
A Egipto le anulan un gol retrocediendo varias acciones para encontrar una falta anterior. Perfecto: si ese es el criterio, entonces debe aplicarse para los dos equipos.
Pero antes del tercer gol argentino, Egipto reclama una falta en el área argentina. La jugada continúa y Argentina termina marcando. ¿Por qué allí el VAR no actúa con la misma rigurosidad?
Eso es lo que cuestiono: dos jugadas, dos criterios diferentes.
Y cuando estas cosas ocurren en un Mundial, inevitablemente aparecen las sospechas sobre la FIFA y sobre cuánto puede influir el VAR en el desarrollo del fútbol.
Argentina no necesita favores. Tiene fútbol, jugadores y calidad suficiente para ganar por sí misma.
Pero el fútbol se decide por detalles, y hoy los detalles arbitrales generan demasiadas preguntas.
Egipto hizo un partido extraordinario. Fue superior durante grandes momentos y obligó a Argentina a sufrir hasta el final.
Los goles argentinos pueden ser legítimos y bien ejecutados, pero eso no elimina la pregunta principal:
¿Por qué el VAR aplicó un criterio para Egipto y otro para Argentina? El fútbol necesita una sola vara para todos.
Porque cuando la tecnología deja de dar certezas y comienza a generar sospechas, el que pierde no es solamente Egipto. Pierde el fútbol.
Carta de un cura de barrio a Silvia Abril:
Estimada Silvia:
Me llamo Francisco Javier. Soy un sacerdote del montón que vive y trabaja en un barrio obrero del sur de Madrid, en Leganés. En mi día a día no hay focos ni maquillaje; aquí la vida es muy auténtica.
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Volvemos a colaborar con la @rfef
Os espero el miércoles en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas. “El Deporte es Vida”, Vive Duro… Y para demostrarlo, el evento lo cerrará @sandrasankarate , Campeona Olímpica y del mundo de karate, que de eso sabe un rato. Escoltada por un servidor y grandes como #virginiatorrecilla @omartayararodriguez @noetricion #belenpuente e @iraiaiturregi la cita es inexcusable a partir de las 10.00 horas #deporte #futbol #karate #boxeo
@GuajeSalvaje No tienen vergüenza… el Dr. Barbacid ha tenido que recurrir a la financiación privada porque lo que nos esquilman es para mantener a parásitos como el que habla en el vídeo 🙄🙄🙄
¡Hemos parido!
El primer episodio de Cruzando las Cuerdas ya ha visto la luz.
Ya está aquí el primer capítulo de @cruzandolascuerdas_podcast, producido por @alikateproducciones_official y presentado por @jerogarciabox y @palocapilla.
Un espacio valiente, sincero y necesario, donde hablamos de lo que durante mucho tiempo fue tabú. Un lugar para poner palabras a lo que duele, a lo que transforma y a lo que, muchas veces, también salva.
En este primer episodio contamos con una invitada muy especial: @sofiacristo_cristo.
Una conversación profunda que cruza experiencias, emociones y miradas sin máscaras.
Ya disponible en Spotify (enlace en la bio).
Muy pronto también en YouTube.
Dale al play y cuéntanos qué te ha removido.
Y recuerda: el 28 de febrero grabamos el segundo episodio en directo desde el Teatro Arlequín. Nos vemos allí.
#Podcast #CruzandoLasCuerdas #AlikateProducciones #SofíaCristo #JeroGarcia #Palocapilla
https://t.co/dJWMC2za9n
Seis años sin él…
Un día me escribió esto:
«Cada uno tiene una historia personal, pero todas confluyen en el gimnasio, que es lo mismo que decir que confluyen en Jero; un lugar donde todas se fusionan en un territorio sentimental con forma de cuadrilátero.
También la historia de Paula Llodrá. Quién le habría dicho, cuando nadaba en las calitas de sus Baleares, que acabaría en Madrid, perteneciendo a la familia enguantada de la Escuela y concibiendo esos gemelos que son otra familia dentro de la familia. Hágase a la idea la madre de que esos hijos suyos también pertenecen al gimnasio.
Si este libro fuera una película, el The End ideal sería durante la boda de Jero y Paula en Mallorca. Allí fue posible verlos a todos: felices, encorbatados y bailando; a todos los del gimnasio, a todos los del apodo, más allá del lugar del que vinieran y de los sufrimientos que hubieron de superar incluso antes de tener a alguien pegando gritos desde la esquina.
Este libro tiene, sin embargo, un defecto: inexplicablemente, no abunda en las virtudes pugilísticas del prologuista, que son de capítulo aparte».
Yo ahora solo puedo escribirle esto:
Te echo de menos, amigo. Siempre con nosotros. Se te añora. #davidgistau
Que Mariano Barbacid tenga que andar de plató en plató mendigando fondos después de lograr que el 90% de sus ratones queden libres de cáncer de páncreas —sin rastro del tumor y sin que se les caiga el pelo en el proceso— es para que se nos caiga la cara de vergüenza.
En un mundo con un mínimo de sentido común, deberían estar cayéndole billetes del cielo, pero aquí estamos, viendo cómo el sistema prefiere mirar hacia otro lado.
Conviene recordar, por si hay algún despistado que Barbacid no es un aficionado con un microscopio.
Su prestigio es global; en oncología, su nombre pesa tanto como el de cualquier Nobel.
En este gremio, la importancia se mide por el índice h, y el suyo es de 117. Si 60 ya es excelencia, superar los 100 significa que básicamente tú pones los ladrillos sobre los que se construye toda la investigación oncológica moderna.
Resulta incomprensible.
Hablamos de una enfermedad con medio millón de diagnósticos anuales en el mundo y diez mil en España.
Es uno de esos tumores tercos cuya mortalidad se ha negado a bajar en décadas y que, amenaza con escalar al podio de las principales causas de muerte por cáncer.
Con este panorama, que una eminencia nacional tenga que hacer una gira mediática para pedir financiación es, cuanto menos, una señal de que algo está muy podrido.
El drama de Barbacid es el ejemplo de libro para entender por qué la investigación pública es vital y por qué las farmacéuticas a veces parecen más interesadas en el Excel que en la salud.
El problema tiene dos nombres: patentes y genéricos.
El tratamiento propuesto por Barbacid, es un cóctel de tres fármacos, y ahí empieza el vía crucis.
Algunos compuestos ya existen o están a punto de perder la patente.
Y claro, ninguna farmacéutica va a poner 30 millones sobre la mesa si no puede blindarse el mercado.
Si la terapia acaba siendo barata y accesible como un genérico, a la industria no le salen las cuentas.
Para más inri, el cóctel mezcla fármacos de distintas compañías.
Coordinarlos implica que compartan secretos industriales y decidan quién se queda con la tajada más grande.
¿El resultado?
Un infierno burocrático donde los egos y los intereses comerciales pesan más que las vidas.
Por eso Barbacid pide un ensayo académico independiente: si el dinero es público, el control es de los científicos y el objetivo es que funcione, no que encaje en una estrategia de márgenes de beneficio.
El cáncer de páncreas es, hablando en plata, un "mal negocio".
Durante años, la industria lo ha evitado porque los pacientes morían demasiado rápido.
Cruel, pero real: no hay rentabilidad en tratamientos cortos. Las farmacéuticas prefieren llegar cuando el camino está asfaltado y el éxito garantizado.
Barbacid intenta que un avance histórico no termine cogiendo polvo en un cajón solo porque no es lo suficientemente "atractivo" para el mercado.
Así que, si Barbacid pide algo, el Gobierno debería dejar de marear la perdiz. No es un capricho. Esos 30 millones de euros son calderilla comparado con cualquier otra tontería en la que el Estado decide dilapidar el presupuesto cada hora.
Por cierto, me viene a la mente el caso de Steve Jobs, ese genio que, irónicamente, se pasó de listo.
Suele confundirse que murió del cáncer que investiga Barbacid, pero no es cierto.
Jobs tuvo la "suerte" de sufrir un tumor neuroendocrino, mucho menos agresivo que el adenocarcinoma común.
Tenía un cáncer operable y curable, pero decidió que era mejor idea intentar sanar con dietas de frutas, acupuntura y zumos.
Retrasó la cirugía nueve meses y, para cuando quiso volver a la ciencia, el tumor ya se había ido de turismo por su hígado.
Gastó millones en secuenciación de ADN y trasplantes experimentales, pero el tiempo perdido en pseudociencias no se compra con dinero.
Jobs tenía el cáncer "bueno" y su soberbia lo mató.
Barbacid lucha contra el "malo", ese que no te da nueve meses de margen para tontear con batidos verdes.
Si Jobs hubiera tenido el tumor que investiga Mariano, no habría durado ni un año, 20 años después de su muerte las previsiones son las mismas.
Así que, por favor, dejen de racanearle el dinero a quien de verdad sabe qué hacer con él.
Sí, es una medida muy socialista. Y qué. Cuando el capitalismo no está por la labor —porque no ve patentes, ni rentabilidad rápida, ni un mercado “bonito”— solo queda el Estado.
No para sustituir a la ciencia, sino para hacer posible que exista. La investigación que salva vidas no puede depender exclusivamente de si encaja o no en un plan de negocio.
Si el mercado decide que el cáncer de páncreas no es rentable, entonces la respuesta no puede ser encogerse de hombros.
Tiene que ser dinero público, sin complejos, para que los avances no mueran antes que los pacientes. Esto no va de ideología: va de decidir si un país quiere ser espectador… o responsable.
En el sexto aniversario de la muerte de David Gistau.
No se ha escrito, y es posible que nunca jamás se escriba, una mejor explicación de lo que significa ser padre.
En su recuerdo.
https://t.co/82cnvhS1ZE