Ver las salas de cines con 15 sesiones de La Bola Negra y todas ellas llenas como si fuese un nuevo estreno de Marvel me hace muy, pero que muy, feliz.
Que viva el cine español. Hoy y siempre.
Que los de tu casa no reciban solamente las sobras de tu paciencia. A veces somos amables con desconocidos, sonreímos fuera, escuchamos a todos… y al llegar a casa respondemos mal precisamente a quienes más amamos. No permitas que la confianza se convierta en descuido.
Pedro Porro marcó el gol que metió a España en la final del Mundial. Luego lloró recordando a su abuelo Antonio, que dormía en el coche para que él pudiera seguir entrenando.
Porro nació en Don Benito, Badajoz, una ciudad de poco más de treinta mil personas en Extremadura. Sus padres trabajaban jornadas largas y quien asumió gran parte de su crianza fueron sus abuelos maternos, Antonio y Manola. Cuando Pedro empezó a destacar en las categorías inferiores y le llegó la oportunidad de incorporarse a la cantera del Rayo Vallecano en Madrid siendo adolescente, la familia tuvo que tomar decisiones que el dinero no facilitaba.
El abuelo Antonio lo llevaba a los entrenamientos en coche desde Badajoz. Son más de trescientos kilómetros. En lugar de pagar hotel, Antonio esperaba en el aparcamiento durmiendo dentro del vehículo hasta que terminaba la sesión. Luego volvían a casa. Así, durante meses. El nieto entrenaba. El abuelo dormía en el coche.
Porro ha contado esta historia en varias entrevistas emocionándose de la misma manera cada vez que la menciona, porque no es una anécdota de superación que ha digerido ya. Sigue pesándole lo que costó. "Sin mi familia no soy nada", dijo después del partido contra Francia. "Todo lo que tengo se lo debo a ellos."
El lateral derecho que asistió a Ferran Torres para el gol de la final, el jugador elegido mejor del partido de semifinales, el hombre que ha hecho del carril derecho de España uno de los mejores del mundo, empezó su carrera durmiendo de aparcamiento en aparcamiento con un abuelo que nunca le preguntó si merecía la pena.
Los abuelos rara vez preguntan eso.
#VisitaPapaRTVE | León XIV, sobre el perdón: "perdonar no significa dejar que alguien siga haciendo daño ni olvidar como si nada hubiera pasado. Significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón".
Lo que la pobre Beatriz confunde es su rechazo con un juicio sobre el rito, cuando su rechazo es solo un dato sobre ella misma.
Soy catalán y vivo en Andalucía, buena parte del tiempo perdido en la nada del enorme término de Almonte. Soy historiador de la Antigüedad y antropólogo.
Lo primero que se aprende en este oficio es a separar dos cosas que la gente confunde sin parar: la sensación que algo te produce y lo que ese algo significa. Podemos estar en las antípodas sin desdén porque no es una contradicción que tengamos que resolver.
Lo que desde fuera parece caos, violencia y descontrol es en realidad un mecanismo altísimamente estructurado para producir solidaridad social a través del cuerpo y la emoción. La gente no se agolpa a pesar del rito; el agolpamiento es el rito. Lo que el espectador moderno —higiénico, individualista, alérgico al contacto y a la pérdida de autonomía corporal en una masa— lee como barbarie es precisamente la dimensión encarnada de la religión, esa que Occidente lleva siglos intentando domesticar y volver decorosa.
El salto de la reja es el ejemplo de manual de la efervescencia colectiva de Durkheim. El salto es un acto ritual de posesión y pertenencia. Una vez al año, el pueblo de Almonte reclama físicamente a su Virgen de manos de todos los demás —de las hermandades filiales, de los forasteros, de España entera— y afirma un pacto: Ella es nuestra.
Yo no puedo tocar a la virgen aunque tenga tierra en Almonte. Al menos no sin permiso. La "apropiación de los almonteños" es, vista por dentro, lo más coherente del asunto. No es una corrupción del rito: es su gramática.
La contestación, el forcejeo, el monopolio que indigna a los de fuera son la forma misma en que se dramatiza ese vínculo. Turner lo llamaría communitas en estado liminal; la romería suspende la estructura social ordinaria, y el salto es el instante incandescente de esa suspensión.
Y aquí está la gran paradoja del catolicismo popular, que es lo que de verdad escandaliza al laico ilustrado sin que sepa nombrarlo: la Blanca Paloma no es "la Virgen" en abstracto. Es una entidad local, de marisma, de Almonte. Lo cósmico hecho parroquial que organiza @hdadmatrizrocio sin poder gestionar del todo porque siempre le va a superar.
Esa reducción de lo universal a lo propio es exactamente lo que el universalismo urbano no tolera, porque lo vive como provincianismo, pero es uno de los mecanismos más antiguos y eficaces que tiene el ser humano para habitar el mundo.
Buena parte de ese horror progresista hacia la religiosidad popular andaluza no es tan nuevo ni tan crítico como cree: recicla un viejo prejuicio —el de la España "culta" mirando por encima del hombro a lo cañí, a la España profunda, a Andalucía como folclore vergonzante—. Es la visión de la metrópoli sobre la colonia, que dura más de tres mil años.
Ese clasismo y ese desprecio territorial no es de izquierdas, Beatriz, así que mejor vigila tus incoherencias.
Yo vivo en ese umbral, pero por la parte de fuera. Mi finca está en esa misma franja de transición entre marisma y monte mediterráneo donde lleva milenios produciéndose lo sagrado. Los santuarios en los bordes del agua, en las zonas liminales entre lo seco y lo húmedo, las divinidades femeninas en el límite de las marismas. Eso no nace en el XIII con la ermita. Es un patrón larguísimo, el mismo que rastreas desde el Calcolítico y lo tartésico. El impulso de sacralizar ese umbral concreto es viejísimo. Quien se ríe del Rocío se ríe de algo mucho más antiguo y más humano de lo que sospecha.
Estuve el sábado en el Rocío abrumado, impresionado y desbordado, acogido por la gente de Almonte y por quienes llegan desde fuera, igual que se hacía en lo que ahora es el dolmen de Soto en Trigueros o en la Valencina del Calcolítico.
El Rocío es un hub, un inmenso lugar de encuentro que funciona igual que cuando vivía la jovencita que fue enterrada en la tumba PP4 de Valencina, la dama del Marfil.
Yo nunca seré almonteño, ni siquiera andaluz, pero me parece estupendo que conviertan lo inmenso en lo local. Lo hacen de lo que tienen: de barro y de marisma, que es uno de los gestos más antiguos del ser humano. Sacralizar ese umbral exacto, el filo entre el agua y el monte, viene de muy lejos.
Nunca pediré permiso a los almonteños para tocar a la virgen y nunca saltaré la reja, pero los veo con absoluto respeto igual que piso su tierra con un respeto sagrado. Entre el fervor que no comparto y el desprecio que tenéis algunos, me quedo con mirar e intentar comprender. Es lo único que, como historiador, sé hacer de verdad.
Y es exactamente lo que tú harías, Beatriz, si tu izquierda fuese real y no puro clasismo estético.
Efectivamente no trabajamos. Tomamos una poción mágica que se llama rebujito y Cruzcampo y es como Popeye el marino
Nuestro horario laboral es
11-13. Ensayo de Nazareno/ costalero
13-15. Pelar gambas y tirar cerveza en cadena
15-18 Siesta ( lo más duro)
18-20. Flamenco y saetas
🙏🏻🥀 SIEMPRE HUMILDE Y AGRADECIDO
A casi un año de la muerte del Papa Francisco, se conocieron cómo fueron sus últimos minutos con vida. El periodista Salvator Cernuzio, en su libro Padre, contó que pasó la noche del 20 al 21 de abril con molestias y dejó sus últimas palabras a su asistente que lo acompañó en sus últimos instantes entre los vivos. Bebió agua, miró a su cuidador y, con calma, dejó su sello humilde hasta la muerte: "Gracias, disculpe las molestias".
❤️🩹 Un cierre sencillo, pero cargado de sentido, para quien siempre predicó con el ejemplo y eligió estar cerca de la gente.