Otro día más terminado en el #IFSierraOeste
Estoy muy reventado, nos estamos dejando la piel para pararlo. Lo vamos a conseguir.
Trabajazo de mis compañeros #BomberosForestalesCM
@OscarBForestal No hay palabras ni forma de agradecer tanto, sois de otra pasta ... Espero de verdad que cambien muchas cosas de ahora en adelante para-con vosotros ...
Me manda un video un colega de la zona de El Castañar hace una hora.
A estas horas El Castañar sigue resistiendo.
Millones de gracias a los que estais trabajando en la zona💪🏼♥️🥷🏼🙏🏼
#ifburgohondo
Hay imágenes que una cámara puede captar, pero hay emociones que ninguna fotografía será capaz de explicar jamás.
No puedo imaginar el miedo que debieron sentir los animales cuando el fuego avanzaba sin descanso, convirtiendo su hogar en un infierno. El humo, el calor, el ruido de las llamas... y la desesperada búsqueda de una salida entre un bosque que conocían de memoria y que, en apenas unas horas, dejó de existir.
Cuando me vieron, no huyeron. Me miraron. Durante unos segundos permanecimos en silencio, compartiendo un instante imposible de describir. La corza, agotada, bajó lentamente la cabeza y terminó sentándose sobre las cenizas, como si ya no le quedaran fuerzas para seguir. El macho, más receloso, permanecía de pie, oculto tras los troncos carbonizados, vigilante, protegiéndola incluso cuando él mismo apenas podía sostener el peso del cansancio.
Fue entonces cuando sentí un nudo en la garganta. En sus ojos no había rabia. Solo había agotamiento, desorientación y una inmensa tristeza. Confieso que la vista se nubló por la emoción. Porque entendí que el incendio no solo había quemado árboles; había destrozado hogares, rutas de escape, refugios y la vida de miles de animales que nunca aparecerán en las estadísticas.
Después de unos minutos, el macho se acercó a la corza y, con un leve gesto, pareció invitarla a levantarse. Ella lo hizo. Muy despacio. Y ambos desaparecieron entre ramas negras, afiladas como cuchillas, buscando desesperadamente algún rincón donde la vida hubiera conseguido sobrevivir a las llamas.
Hoy comprendí que un incendio forestal no termina cuando se apaga el último foco. Empieza entonces otra batalla, mucho más silenciosa: la de los animales que sobreviven y deben aprender a vivir entre las cenizas. Y esa batalla pocas veces tiene testigos.
Hay imágenes que una cámara puede captar, pero hay emociones que ninguna fotografía será capaz de explicar jamás.
No puedo imaginar el miedo que debieron sentir los animales cuando el fuego avanzaba sin descanso, convirtiendo su hogar en un infierno. El humo, el calor, el ruido de las llamas... y la desesperada búsqueda de una salida entre un bosque que conocían de memoria y que, en apenas unas horas, dejó de existir.
Cuando me vieron, no huyeron. Me miraron. Durante unos segundos permanecimos en silencio, compartiendo un instante imposible de describir. La corza, agotada, bajó lentamente la cabeza y terminó sentándose sobre las cenizas, como si ya no le quedaran fuerzas para seguir. El macho, más receloso, permanecía de pie, oculto tras los troncos carbonizados, vigilante, protegiéndola incluso cuando él mismo apenas podía sostener el peso del cansancio.
Fue entonces cuando sentí un nudo en la garganta. En sus ojos no había rabia. Solo había agotamiento, desorientación y una inmensa tristeza. Confieso que la vista se nubló por la emoción. Porque entendí que el incendio no solo había quemado árboles; había destrozado hogares, rutas de escape, refugios y la vida de miles de animales que nunca aparecerán en las estadísticas.
Después de unos minutos, el macho se acercó a la corza y, con un leve gesto, pareció invitarla a levantarse. Ella lo hizo. Muy despacio. Y ambos desaparecieron entre ramas negras, afiladas como cuchillas, buscando desesperadamente algún rincón donde la vida hubiera conseguido sobrevivir a las llamas.
Hoy comprendí que un incendio forestal no termina cuando se apaga el último foco. Empieza entonces otra batalla, mucho más silenciosa: la de los animales que sobreviven y deben aprender a vivir entre las cenizas. Y esa batalla pocas veces tiene testigos.
Yo solo espero que, después de esto, la gente que tiene arizonicas y su parcela descuidada le de una vuelta al asunto.
Pero me temo que como siempre, llegará octubre y nadie se acordará de esto, como siempre…
@CVelass Hasta Navas bien, algo en los laterales de Chapi a Navas... a partir de ahí, la bajada hacia Pelayos arrasada, incluyendo el Puerto de San Juan.
Toca esperar.
Lista de grupos de la comunidad, por favor difundir 🙏
📍 Casillas: https://t.co/5wGzqaeELk
📍 La Adrada: https://t.co/dQUjyrsWlD
📍 Cebreros: https://t.co/nodvPhGO1y
📍 Sotillo de la Adrada: https://t.co/1VHDmSUrZ4
📍 Cenicientos: https://t.co/XqNMhbspc5
San Martín de Valdeiglesias (9.300 habitantes) es uno de los municipios madrileños confinados por el incendio que está teniendo lugar en la zona. Así que ha quedado su entorno tras el paso del fuego https://t.co/KHMSYbwF5E
Esteban, gerente de un camping en Monasterio de Pelayos: "Ha pasado un milagro y solo se ha quemado un 20% de su superficie, mientras que el otro 80% está intacto"
https://t.co/nbWeqK8JxW
El camping de Pelayos de la Presa, dos caras divididas por una calle tras el paso del fuego: un lado salvado y otro, "devastado" https://t.co/Ytv03j4XBi
Hay mucho que agradecer a muchas personas pero yo quiero darle un abrazo especialmente a ese guardia civil que aparece en las imágenes cogiendo un mastín en brazos para meterlo en el coche patrulla y evacuarlo 🖤🖤
Una buena y esperanzadora noticia. Nos acaba de mandar un amigo forestal este vídeo.
La Martuka SE HA SALVADO!!! Solo tiene unos pequeños daños en un lateral. En unas horas mi hermano publicará un vídeo explicando todo y cuándo podrá abrir para recibiros a todos con un abrazo ❤️
Por favor, a ver si alguien tiene información veraz y actualizada sobre:
▪ El Castañar de El Tiemblo
▪︎ La Venta Juradera y el monasterio de San Jerónimo de Guisando
▪︎ El yacimiento de la Piedra Escrita de Cenicientos
▪︎ El monasterio de Pelayos de la Presa