puede leer en sus luceros, los cuales parecen brillar por cuenta propia a causa de la molestia contra lo que sea que se hubiese atrevido a herirle.
"Se ve doloroso."
"No me digas eso, mi espíritu jamás descansaría en paz sabiendo que sigues molesto conmigo." Quiere bromear con el tema para restarle importancia, pero imaginarle desolado por su muerte provoca algo en el interior de Ivan a lo que no puede ponerle nombre. Cuando se sacrificó
mismo saltaría el flash varias veces.
"Claro que lo es ¿Quién te ha hecho esto?" Parece tranquilo, pero sus colmillos se extiende cuando dice eso y su entrecejo se frunce cuando recorre con el índice cada una de las marcas de su cuello. La palabra "amenaza" prácticamente se
sentirse más él, menos... Raro. Su mirada baja por su cuerpo para asegurarse de que está bien, pero se detiene cuando ve las marcas de arañazos que cubren su cuello. Frunce el entrecejo, lleva la diestra a ese lugar para acariciarla con mucha suavidad.
"¿Qué es esto?"
"Pues claro, jamás encontraría a alguien como tú ahí fuera." Se ve animado por la falta de agresividad en la respuesta ajena, lo suficiente al menos como para intentar bromear a pesar de que su cabeza en ese momento es un completo caos. No está acostumbrado a su afecto, a ser una
sus mejillas. Intenta ser delicado, porque no es algo que haya hecho antes y no quiere romper el momento.
"Pero no me apartaré de tu lado esta vez, eso sí puedo prometértelo." Se separa lo suficiente y le sonríe, con esa nota de diversión que le caracteriza y que le hace
estarle incomodando con ello. Pero no se aparta, porque siente que si lo hace, la brecha que los separa se hará irreparablemente más grande.
"Lo siento."
La forma en la que se rinde bajo su agarre es... nueva, así como también el dolor latente en unas palabras que por un momento parecen dejarle sin aire y trastocan los cimientos de una dinámica que él creía sólida. Porque entiende por fin que parte del sufrimiento que el muchacho
así como el sufrimiento por el que pasó después de su muerte y que Ivan aún no logra comprender. "Si te perdía a ti no me quedaba nada."
Sube una de sus manos para limpiar las lágrimas del muchacho con un cariño que se le hace extraño, tan fuera de lugar en su relación que teme
La presión de sus dedos contra su mejilla lo hace feliz de una forma casi palpable. Ilumina sus pálidas mejillas con un leve carmín e incluso es capaz de provocar un suave latido en su corazón inerte, porque la suavidad proveniente de su persona es una de sus mayores debilidades.
mientras se pasa la lengua por los labios para detener el flujo de sangre. "No quería vivir en un mundo en el que no te tenía a mi lado."
La suavidad de sus palabras contrasta con la fuerza con la que detiene sus movimientos, con la sonrisa extraña que sus labios forman cuando