A quién le quede el saco y que le duela a quien le tenga que doler.
El mexicano que no controla la fiesta, que vandaliza carros, orina monumentos de desaparecidos, rompe locales, roba en el tumulto, destruye mobiliario público, hace “bromas” que atentan a otros o se pone violento por “la emoción del futbol”, es el mexicano frustrado, resentido que no sabe convivir…
Violencia y vandalismo en las celebraciones de un partido de fútbol.
Que no fueran las manifestaciones de una lucha social, porque hasta cárcel pedirían.
Así funciona la gentrificación de las conciencias.
Recuerden que una celebración deja de ser celebración cuando pone en riesgo la vida o la integridad de alguien, o cuando se convierte en humillación y falta de respeto.
La gente tiene derecho de apropiarse del espacio público; tanto para el gozo colectivo; como para la protesta social.
Pero no se confundan en cuanto a los destrozos.
Está clarísimo a quiénes se les tolera y a dónde el gobierno dirige su brazo represor.
No es lo mismo.