No hace falta ser multimillonario. No hace falta comprarse un Lamborghini o una casa carísima, no hace falta vivir en Dubai ni tener un rolex: Nada de eso te incrementa la felicidad.
En cambio crear un negocio sano, pequeño, que funcione y te permita salir de la matrix del 9 a 18, de la oficina fija, y que puedas ser dueño de tu tiempo: ir a jugar al pádel un miércoles a las 2pm, llevar y buscar a tus hijos del cole, juntarte a desayunar con amigos sin mirar el reloj, ir a un museo en horario "laboral" o leerte el libro que quieras cuando quieras, ir a comer a un restaurante y no mirar cuánto vale cada cosa (aunque uno lo siga haciendo jaja). Y trabajar a full cuando sea necesario. Esa es mi idea de una vida rica, no la idea consumista instagrameable que nos quieren vender.
Y si te toca ser jefe o tener equipo, intentar lograr lo mismo para quienes trabajan en tus equipos. Porque la libertad del propio control del tiempo es muchas veces más valiosa que la económica-consumista.
Yo emprendí +40 veces desde los 15 años, en 36 me fue mal, en 4 muy bien, trabajé +12 horas por día durante años. A los 27 años por ejemplo me compré mi primer piso sin ayuda de familias ni de nadie. Años después post-pandemia delegué todo y me vine a vivir a Europa (opcional), trabajo porque me gusta ayudando a una empresa local, escribo, escucho podcasts, y leo mucho, también lanzo proyectos que me divierten, y mis empresas en EEUU y Argentina las delegué y siguen creciendo. Creo que el emprendedor se tiene que despedir rápido de su rol y contratar a alguien mejor, sino se crea una jaula de oro de la que no puede salir.
En Europa me agarró la crisis de los 40 años y se me dio por escribir un libro contando todo lo que aprendí emprendiendo:
El libro se llama: "El emprendedor en la arena" y está en Amazon y Mercado Libre. Ya vendí +500. Lo lancé sin editorial para que nadie me censure ni limite lo que quería decir. Agradezco la confianza a los mecenas que lo compraron antes de que exista.
El libro es para quien está emprendiendo o va a emprender, cuento de primera mano lo que me sirvió y lo que no: bootstrapping, estrategias de marketing, canales de adquisición, psicología (soy psicólogo btw), consejos para armar equipos, socios, y más.
Está en lenguaje muy simple, tiene muy buenas reseñas, si lo lees y no te gusta te devuelvo el dinero, la idea es sumar valor si o si.
Lo escribí para que lo lean mis hijas en el futuro, todo lo que gano lo dono al Hospital Fleni a neurocirugía infantil.
Hace tiempo me di cuenta de algo: cuando entras a una conversación tratando de demostrar que lo sabes todo, aprendes poco. Es como si tu energía estuviera más enfocada en proteger una imagen que en descubrir algo nuevo. Y mientras más alimentas esa postura, menos espacio dejas para que la curiosidad haga su trabajo.
La diferencia se nota cuando cambias de enfoque. Cuando en lugar de defender tus ideas a toda costa, decides hacer preguntas más precisas. Cuando buscas a personas que no solo confirmen lo que piensas, sino que te obliguen a reconsiderarlo. Y, sobre todo, cuando dejas de escuchar para responder y empiezas a escuchar para entender.
Ese cambio de actitud es incómodo, porque implica admitir que "no lo sabes todo". Pero también es liberador. Ya no se trata de ganar discusiones, sino de crecer. Y ahí, cada conversación se convierte en una especie de salon de clases: un espacio para aprender, incluso de las fuentes más inesperadas.
El orgullo y el ego dejan de llevar el volante. Y en su lugar, empieza a conducir el progreso. Porque la verdad es que nadie pierde por aprender más, pero muchos pierden por aferrarse a tener siempre la razón.
Creo que la principal diferencia entre especializarse en short form y long form es el tipo de conexión que se genera con la audiencia: el short form te da visibilidad rápida y viralidad, mientras que el long form construye comunidad, confianza y autoridad. Si este año consigo monetizar con shorts, en 5 años me veo usando esa base de audiencia para escalar proyectos más grandes, vender productos propios o lanzar un canal long form que ya tenga demanda asegurada. Empiezo con velocidad, pero apunto a profundidad
Si a un comerciante le cuesta reponer su inventario a un dólar que vale 100, pero debe vender como si valiera 69, está condenado a perder. Y si pierde, no repone. Y si no repone, el producto desaparece. Y si desaparece, volvemos a lo de siempre: escasez, mercado negro y arbitrariedad.
Lo más grave es que este tipo de medidas no solo distorsionan la economía: erosionan la confianza. Porque ningún plan de precios puede sustituir el rol que tiene el tipo de cambio como señal. Obligar a usar un tipo de cambio oficial artificialmente bajo es como tapar el termómetro en medio de una fiebre: puedes maquillar el número, pero no cambias la enfermedad.
La paradoja es que muchos de los negocios que hoy están siendo fiscalizados son los mismos que han sostenido la economía en los últimos años, operando con márgenes cada vez más estrechos, pagando impuestos récord, y adaptándose a la volatilidad. Y mientras tanto, la burocracia que no genera riqueza ni empleos es el que decide, sin asumir el costo.
La excusa, como siempre, es proteger al pueblo. Pero uno se pregunta: ¿Protegerlo de qué exactamente? ¿De la realidad?
La libertad de precios no es capricho ideológico: es una condición mínima para que el sistema funcione. Negarse a ver la brecha cambiaria es negarse a ver el problema. Y cuando una sociedad insiste en castigar al que adapta sus precios a la realidad, tarde o temprano se queda sin oferta. Sin pan. Sin medicinas. Sin presente.
@naniartt Tu y mucho más, pero te digo con toda propiedad, aprende y desarrolla un modelo escalable, que puedas empacar tus conocimientos y llevarlos fuera de las fronteras de Venezuela. Pensarás que afuera es más complejo, pero es imposible que peor que en Vzla, te irá brutal
@marcuslemonis Many methods exist for business valuation, but how do you determine a fair salary for startup founders? Often, the company is too small to afford market rates, yet market rates can undervalue a founder’s contribution. Any insights on striking the right balance?
En @RoraimaCapital siempre le decimos a nuestros clientes:
"Tu competencia más peligrosa no es quien vende más barato, sino quien entiende mejor a tus clientes potenciales."
En cualquier mercado, maduro o emergente, la ventaja competitiva más robusta no está en el precio sino en la capacidad de agregar valor donde otros solo mueven productos. Es la diferencia entre ser un proveedor reemplazable -y por ende temporal- y un aliado estratégico -y por tanto sostenible- en el largo plazo.
Particularmente en Venezuela, mientras la mayoría compite por centavos en el margen, los negocios que están mucho mejor que el promedio han aprendido a escuchar lo que el mercado valora y construir propuestas defendibles alrededor de esas necesidades.
La paradoja es: cuando entiendes profundamente a tus clientes, el precio deja de ser el factor decisivo - se convierte en una consecuencia natural de tu capacidad de generar valor real.
Y aquí lo práctico: escuchar al mercado no significa hacer encuestas genéricas. Significa entender:
1) Qué problemas realmente les quitan el sueño a tus clientes.
2) Cuánto les cuesta NO resolver esos problemas.
3) Qué alternativas están usando hoy y por qué.
4) Qué los haría cambiar su comportamiento actual.
La clave está en buscar insights accionables, no solo opiniones. No preguntes si comprarían tu producto - descubre qué están dispuestos a pagar por resolver sus problemas reales.