Unión de vendedores de nafta calientes.
Vendedores de autos eléctricos calientes.
Usuarios de autos eléctricos calientes.
Usuarios de autos a combustible calientes.
Usuarios de compras web calientes
Comerciantes calientes.
Industriales calientes.
Jubilados calientes.
Trabajadores calientes.
Cómo se llama la película? Estamos en el horno.
@TiranosTemblad2 Osea que son todos corruptos. Gracias por darnos la razon. No se dejen engañar, esto no es "izq" vs "der", esto es politicos vs pueblo
Carolina Cosse administrando la intendencia de Montevideo dejó un déficit histórico de US$ 90,5 millones. Unas 45 veces más que el déficit de 2022. Realmente un peligro esta mujer administrando dineros públicos.
Disculpen mi opinión de extrema derecha, pero si no vivís y pagas impuestos en tu país, no podés votar.
Si recibís ayudas del Estado no podés votar, si estás preso tampoco y después de salir tenés que demostrar que sos un ciudadano recuperado, sino tampoco.
Oddone acaba de decir una burrada económica: llamó “subsidio” a que el Estado no cobre un impuesto.
No es un detalle semántico. Es la confesión perfecta de cómo piensa el fiscalismo uruguayo: primero asume que todo es del Estado; después llama privilegio a aliviar un poco el castigo.
1. No cobrar un impuesto no es subsidiar.
Subsidio es sacar recursos de un lado y transferirlos a otro.
Exoneración es que el Estado no te cobre una parte.
El MEF puede llamarle “gasto tributario” a la recaudación que deja de cobrar por una exoneración. Para una planilla fiscal, sirve.
Pero cuando la base de comparación es un sistema abusivo, esa planilla deja de describir la economía y empieza a justificar al monstruo: el Leviatán fiscal.
2. Uruguay no tiene un mercado automotor normal.
Tiene autos caros por impuestos, aranceles, regulaciones, patentes, combustibles, repuestos e intermediaciones protegidas.
El eléctrico no apareció como un capricho de ricos. Apareció como una grieta en un muro fiscal que hace décadas encarece moverse, trabajar, producir y transportar.
3. La demanda no maduró sola.
Creció porque, cuando el Estado dejó de aplastar una opción con impuestos, la gente encontró una salida.
Eso no prueba que los eléctricos estén “subsidiados”. Prueba que el resto del sistema está demasiado castigado.
4. La frase revela una mentalidad de caja.
“Si subsidio acá, vendo menos acá.”
Para esta mentalidad, cada auto eléctrico es una venta de nafta perdida, un IMESI perdido, un pedazo de caja que se les escapa.
No ven consumidores pagando menos por moverse.
Ven recaudación que todavía no capturaron.
5. El absurdo energético es todavía mayor.
Uruguay no tiene petróleo.
Uruguay sí tiene una matriz eléctrica propia, limpia y competitiva.
Entonces, ¿qué propone el fiscalismo?
Hacer menos atractivos los vehículos que usan la energía que producimos, para proteger la recaudación atada a la energía que importamos.
Brillante.
6. Gravar por precio no es economía: es moralismo fiscal.
Si un vehículo pesa más, rompe más calles, congestiona más o genera más costos reales, cobrale por eso.
Pero castigar una compra solo porque es cara no es economía. Es moralismo fiscal con Excel.
Y en Uruguay el patrón se repite:
el impuesto temporal se vuelve eterno;
el alivio temporal se vuelve escándalo.
El problema no es que los eléctricos paguen poco.
El problema es que Uruguay convirtió la movilidad en un lujo fiscal.
Y cuando los uruguayos encuentran una rendija para pagar menos, el Estado no se pregunta cómo abrir la puerta.
El Leviatán se apura a cerrarla.
Vamos que mañana es lunes y hay que trabajar para pagar sobreprecios e impuestos para que los políticos se compren sanguchitos y viajen a suiza en primera!
Ánimos!!!
@elpaisuy Si lo que dice sabe que es mentira pero lo dice igual, me preocupa. Si piensa que es verdad me preocupa mucho mas y demuestra a través de los representantes lo mal que está la capacidad cognitiva del Uruguay
Como puse en una propuesta, la gente que reciba esto queda inhabilitada al voto.
Esto es comprar votos de forma totalmente descarada, que facil ser "solidario" con la plata de otros...
The year is 1950. Your doctor lights a cigarette and tells you smoking is fine. He read it in a study. He is telling the truth about having read it. He does not know, or is not saying, that the study was funded by the tobacco industry.
The year is 1958. Your doctor tells you to eat less fat. The evidence is contested. The contestation is not in the public messaging. The food industry has been helpful in clarifying which findings deserve attention. Some researchers who published contradictory data have been quietly defunded. Ancel Keys is on the cover of Time magazine.
The year is 1962. Your doctor prescribes thalidomide to your pregnant wife for morning sickness. It has been approved. The FDA gave it the green light in Europe. Twelve thousand children will be born with severe limb malformations before anyone in an official capacity acknowledges the problem. The families are told the drug was safe. The drug was approved. Both of these things remain true.
The year is 1972. Your doctor prescribes Valium. Britain is in the grip of a benzodiazepine wave that will last two decades. The dependency risk is known internally. It is not shared. Your doctor is not lying to you. He was not told either.
The year is 1999. Your doctor prescribes Vioxx for your arthritis. It is newer than ibuprofen, well-tolerated, and Merck has a study showing it works. Merck also has internal data suggesting it roughly doubles the risk of heart attack. This data will not reach your doctor for four more years. Fifty thousand people are estimated to have died in the interim. Merck eventually settles for 4.85 billion dollars. No criminal charges are brought.
The year is 2002. Your doctor prescribes OxyContin. Purdue Pharma trained its sales representatives to tell doctors the addiction risk was less than one percent. That figure came from a letter, not a study. The letter was about patients with terminal cancer on short-term doses in hospital settings. Your doctor is a GP with a patient who has a bad back. Nobody draws a distinction. Nobody is required to.
The year is 2008. Your doctor checks your cholesterol. Your LDL is elevated. You are prescribed a statin. Nobody mentions that the number needed to treat for primary prevention is approximately 250. Nobody mentions that the muscle deterioration you'll notice over the next two years is listed as a rare side effect rather than a documented pattern affecting a meaningful percentage of patients. The trial that informed the prescription was funded by the manufacturer.
Now it is today.
Your doctor has new guidelines. New studies. New consensus.
He is confident.
He has always been confident.
The confidence has never been the problem.
The confidence is, in fact, precisely the problem.
Propuesta 32 para mejorar Uruguay.
Trabajás mal, faltás, no rendís… y no pasa nada.
Eso no existe en el sector privado.
Y los perjudicados somos todos, que recibimos un mal servicio.
Que opinan?