sintió súbitamente avergonzado —una emoción poco común en él—, y tosió tras su puño cerrado para disimular su propia incomodidad. Elliot ni siquiera pertenecía a la especie (aún) para merecer ese tipo de comentarios, por Merlín.
No apreció el pequeño chiste de la princesa, y se lo hizo saber con una mueca de desagrado. No obstante, aceptó el intercambio de libros —no sin cierta dificultad; la enciclopedia pesaba lo suyo—, y se dispuso a hojear las páginas del mismo.
ㅤㅤ——Te recuerdo que no soy un ›
bestias? ——El siguiente comentario ni siquiera había terminado de registrarse en su mente cuando terminó de pronunciarlo y, por un momento, se encontró a sí mismo sin palabras debido a la soltura con la que tuvo el atrevimiento de decirlo——. Aparte de mí, por supuesto.
Se ›
La observó acercarse a él, apretando los labios en desaprobación cuando decidió quedarse en lugar de volver a sus propios asuntos. Tampoco podía echarla, exactamente, teniendo el cuenta que aquel sitio no le pertenecía.
ㅤㅤ——¿Leer? ——Sus mirada se dirigió hacia el libro que ›
había colocado sobre la mesa, un resoplido cargado de sorna escapado de su boca. Elliot ni siquiera era capaz de leer el título, pues estaba escrito en un idioma incomprensible para él——. Claro. Mi actividad favorita.
Tomó el ejemplar en una mano y se lo ofreció a la ›
El plan de la princesa había surtido el efecto esperado. Al escuchar el estruendo, Elliot se incorporó de inmediato, el libro que portaba sobre su rostro cayendo al suelo de igual manera.
Buscó el origen del sonido con los ojos entornados y, no muy lejos de él, divisó la ›
figura inconfundible de Anneliese. Al ver que se trataba de ella, relajó los hombros ligeramente, pero la exasperación en su mirada se mantuvo.
ㅤㅤ——¿Qué haces ahí parada? ——Se inclinó para recoger el libro que se le había caído, colocándolo sobre la mesa con un ›
abierto sobre su rostro. Incluso si alguien advertía su presencia allí, esperaba que aquel detalle fuera suficiente para ahuyentar cualquier posible molestia.
¿Habría alguien tan grosero para molestar a alguien que claramente estaba descansando?
Oculto entre una de las estanterías, Elliot había descubierto no hace mucho un pequeño escondite donde podría pasar tiempo lejos del ruido constante que ahora rodeaba al castillo. El lugar contaba con un sofá circular y una mesa en el centro; el príncipe asumió que ›
el recoveco había sido diseñado con el estudio en mente —un rincón sereno y propicio para la concentración—, pero Elliot no tenía intenciones de utilizarlo de aquella manera.
Buscó un libro al azar y, tras asentarse en el sofá, echó la cabeza hacia atrás y colocó el tomo ›
resto de oídos. Tampoco quería comenzar una discusión o enfadar a Gretel con su falta de optimismo——. Al menos lanzando monedas se podría decir que existe una especie de intercambio.
Aunque le seguía pareciendo un procedimiento inútil.
Sus cejas se arrugaron de inmediato ante la sugerencia de Rosiette, a quien observó con una ofensa que las palabras ajenas no merecían.
ㅤㅤ——Pedirlos antes de dormir es más ridículo aún. ——Gesticuló vagamente en dirección a la fuente, procurando mantener su voz al margen del ›
lo descolocó por un segundo.
ㅤㅤ——Princesa Anneliese. ——Una mano se apoyó contra su pecho cuando se inclinó hacia ella en un saludo formal——. Me alegra ver que se encuentra bien.
Era una mera suposición, sin embargo, porque aún no se atrevía a mirarla.
Un ligero sobresalto lo atrapó al escuchar la voz de Anneliese, aunque procuró disimular su sorpresa escondiendo el rostro brevemente. Había hecho un esfuerzo consciente por no pensar en ella en los últimos días, por lo cual ser confrontado con su presencia de forma tan súbita ›
El príncipe, en cambio, la observó a ella de pies a cabeza. Era una mirada ilegible, aunque tiraba un tanto a perpleja. Era probable que combinada con su usual expresión austera el gesto se leyese como disgusto.
ㅤㅤ——No estaría aquí de no encontrarme bien. ——En realidad, ›
para determinar que su opinión no sería apreciada a oídos de los presentes.
Se mantuvo, entonces, rezagado entre la multitud, apenas levantando la voz cuando saludó con un conciso:
ㅤㅤ——Buenas tardes.
Arrastró los pies hasta la plaza, terminando de acercarse con cierta reticencia al grupo que se aglomeraba en torno a Gretel Crumb. Él, por su parte, no solía ponerle demasiada fe a los deseos. Tenía la costumbre de esperar siempre lo peor, pero era lo suficientemente suspicaz ›