No hay atajos. Madrugar es difícil, cuidar el cuerpo es difícil, estudiar es difícil, trabajar es difícil, crecer espiritualmente también. Pero es justo que mucho cueste lo que mucho vale.
Estar con alguien que piense que todo sobre vos es importante. Tu cumpleaños. Tu comida preferida. Tus flores favoritas. Tus logros. Vos, en general. Que sos alguien que merece ser celebrado.
Al final, la muerte borra el ego en un instante. Y aun así, pasamos la vida dejando que el orgullo decida cómo amamos, cómo perdonamos y hasta cómo vivimos.