Mientras trabajo en mi cómic fanfic, les dejo mi versión de ésta escena Dracaena Malfoy × Harry Potter Sectumsempra que ésta ilustración inspiró, espero que les guste:
Harry creyó que estaban sanando.
Dracaena tenía otros planes.
A veces el enemigo que más duele no es el que esperabas. . .
—¿Por qué haría esto? —pensó Harry—. Llegar a este extremo. Ella no es así.
Un hechizo de Malfoy estalló contra el lavamanos, a un palmo de su cabeza. El mármol saltó en esquirlas y una le abrió la piel junto al ojo. Sintió el calor de la sangre antes que el dolor.
Desde algún punto entre las cañerías, un gemido ofendido, el mismo con que Myrtle solía recibir a cualquiera que entrara en su baño, pero que esta vez no iba dirigido a él.
—Eso no era necesario, Dracaena.
Dracaena, no Malfoy. Harry registró el detalle y lo dejó pasar. Tenía otras cosas de las que ocuparse.
Se pegó a la columna del pasillo interior.
—¡Malfoy, basta! ¡No tenemos que hacernos daño! ¡Podemos hablarlo!
Del otro lado, entre los restos de los cubículos (madera astillada, azulejos, porcelana rota), le llegó un rugido:
—¡Cállate y enfréntame, imbécil! ¡No soy tu adversaria! ¡Soy tu enemiga!
¿Qué se le había metido en la cabeza ahora? ¿Qué había dicho, qué había hecho? Ella siempre había tenido algo de inestable en su trato con él, pero desde el baile del cuarto año las cosas habían cambiado. Harry había empezado a creer en una amistad posible, aunque los hubieran emparejado contra su voluntad (contra la de él, al menos; lo que pensaba ella, no lo sabía). Ni siquiera la traición ante Umbridge lo había roto todo: después de semanas de disculpas en cada pasillo, Harry la había perdonado, y ella había hecho el resto. Dejó de burlarse de Ron, aunque su cara seguía diciendo lo que pensaba cada vez que no podía evitar al Weasley, y no volvió a hablar mal de Hermione. Una vez admitió, con visible esfuerzo, que “a veces podía ser medianamente competente”.
¿Sería lo que le había prometido decirle al final del Torneo de los Tres Magos, y que la muerte de Cedric había enterrado? ¿O el rencor por haber visto a Hermione abrazarlo unos segundos antes que ella?
No. Nada de eso alcanzaba para explicar esto.
Hacía semanas que seguía el rastro de quien había maldecido a Katie Bell, y cada pista lo había ido llevando hacia ella. Ella lo había notado. Después llegó la carta: “Si quieres a tu culpable, te espero a las 14:00 en el baño de mujeres abandonado. Ven con la varita en la mano y dispuesto a enfrentarte a una Mortífaga.” Solo ella podía haberla escrito. Harry había querido creer que “culpable” y “Mortífaga” eran una broma, sobre todo al encontrarla allí, esperándolo. Pero bastaba mirar alrededor, los cubículos hechos astillas, el mármol abierto, el aire todavía vibrando de hechizos, para saber que iba en serio. ¿Era por esto que, desde que empezó el curso, lo había tratado peor que nunca, esquivándolo en los pasillos como a una plaga?
—¿Por qué haces esto, Dracaena? —gritó, aferrado todavía a la esperanza—. ¡Te dije que no te guardaba rencor! ¿Qué pasó con lo que estábamos construyendo? ¡Creí que estábamos sanando!
—¡Mentiras! ¡Todo fue mentira! —La voz se quebró de furia—. Te usé todo este tiempo, como a un objeto, para llegar adonde quería. ¡Y ahora quiero eliminarte! ¡Tu amistad no significó nada para mí! ¡Prepárate para reunirte con tus inútiles padres, porque vas a morir igual que ellos: por nada!
—Ya está bien de esta estupidez, Dracae...
La voz de Myrtle se cortó a media palabra, como si alguien hubiera cerrado una llave. Harry esperó el resto: la queja, el berrinche, cualquier sollozo. No llegó nada. Myrtle jamás se quedaba callada.
Dos lágrimas escaparon de las comisuras de los ojos de Harry. Eran de dolor, por perder a alguien que, de un modo torcido y difícil, empezaba a importarle, pero lo que las empujó fue rabia pura. Jamás la habría creído capaz de algo tan cruel. Quizás de verdad tenía delante a una enemiga.
Y del libro que tanto lo había ayudado ese año, solo recordó un hechizo, anotado al margen: Sectumsempra (para enemigos).
La ira lo puso de pie. Salió de detrás de la columna, de sus azulejos rotos y sus huecos vacíos. Escuchó la voz que lo atormentaba desde hacía años, tan dulce como irritante y ahora rota por algo parecido al dolor, empezar a pronunciar el Cruciatus. “Es ella o yo”, se repitió. Su corazón respondió demasiado tarde: algo no cuadra, vas a hacerle daño de verdad. Ya había vaciado toda su rabia en un grito que le nació del fondo del pecho.
—¡SECTUMSEMPRA!
Cayó de bruces sobre el suelo húmedo. El Cruciatus le había dado de lleno, pero no hubo nada: ningún fuego, ningún desgarro, nada parecido a lo que Voldemort le había hecho sentir con esa misma maldición. Lo único que dolía era el golpe contra los escombros.
Eso era lo peor. No sentir nada.
Tuvo un solo segundo para entenderlo. Después llegaron los sollozos, ahogados en sangre, desde el otro lado de la habitación.
—Harry, ¿qué has hecho...? Ella se está... —La voz de Myrtle se rompió en un llanto agudo, el más desamparado que Harry le había oído, y eso que se lo había oído muchas veces—. Ayúdala, Harry. Por favor... por favor...
La angustia le cayó encima con más fuerza que cualquier tortura del Señor Oscuro. Habría dado lo que fuera por volver a aquel cementerio, a merced de su peor enemigo, en lugar de enfrentar esto: un duelo innecesario contra una chica herida a la que había creído poder ayudar.
Se arrastró hacia ella sin aliento, tropezando. La ropa de Dracaena se empapaba de rojo, y en su piel se abrían cortes uno tras otro, como si una hoja invisible la recorriera sin prisa ni piedad. Su cuerpo temblaba en espasmos pequeños. Uno de sus ojos estaba entrecerrado, y de él manaba una cantidad de sangre que Harry no quiso medir.
No pensó. La levantó en brazos. Pesaba tan poco que dudó si era cierto o solo la adrenalina, y esa ligereza contradecía todo lo que había creído de ella: un obstáculo inamovible, siempre plantado en su camino.
Corrió hacia la salida.
Myrtle pasó junto a él, atravesando el aire como una flecha plateada.
—¡Voy por ayuda! ¡No la sueltes, Harry! ¡No la sueltes!
Nunca la había visto moverse tan rápido, ni tan decidida.
Entonces la muchacha, con la mirada extraviada entre lágrimas y sangre, susurró como si hablara sola:
—Papá... tenías razón... él me odia...
—No... eso no es... yo no sabía. Creí que tú... —Las excusas se le deshacían en la boca—. Perdóname, Draca. Por favor, no me dejes. Sigue respirando un poco más. Dios, que viva, haré lo que sea...
No pudo terminar. La profesora Snape le cortó el paso y, detrás de ella, Myrtle flotaba empapada de lágrimas y agua de las cañerías, señalándolos con una mano temblorosa. Snape alzó una palma para frenarlo y con la otra apuntó la varita hacia la chica Malfoy. Empezó a recitar, serena, una y otra vez:
—Vulnera Sanentur. Vulnera Sanentur.
Los cortes se cerraron. La hemorragia cedió. Solo el ojo siguió igual, aunque Harry no tenía cabeza para notarlo.
Los pulmones de Harry se llenaron de golpe y un pitido le atravesó la cabeza. Cuando volvió en sí estaba de rodillas, con los brazos todavía arqueados en la posición exacta en que la había sostenido, pero vacíos. Ella ya estaba a varios metros, en manos del personal de enfermería, con Snape detrás repitiendo el contrahechizo.
Así lo encontraron Ron y Hermione: tirado en el suelo, la mirada fija en nada. De sus ojos abiertos, sin parpadear, caían tantas lágrimas que competían con el agua de las cañerías rotas del baño destruido a su espalda.
Ron no lo miró a él primero. Recorrió con la vista el baño devastado, después a Harry llorando, y apretó la mandíbula sin decir nada.
A su lado, Myrtle revoloteaba intentando rodearle los hombros con unos brazos que no podían sostener a nadie. Al verlos, se lanzó hacia ellos sollozando:
—Él no es culpable. Ella no quería... Ella en realidad no... —Se mordió el labio, tragándose lo que iba a decir, y el llanto se le volvió más fuerte, mientras dirigía su mirada al joven—. No es su culpa, pero no quiere aceptarlo, no quiere escucharme...
Harry no levantó la vista. Habló bajo, con la voz hecha trizas:
—Hice... hice algo horrible... Soy horrible...
CHICOS, si les gustó Electro Andes les recomiendo otro proyecto latino de gran calidad con mitología andina!
APUKUNAPA KUTIMUYNIN ♥️🇵🇪
Sacaron 2 PVs el último año, animación increíble y diseños de personajes HERMOSOS.
Se los dejo abajo para q vean👇
jajjaj ayer fui a ver a la selección y uno quiso cantar ‘el q no salta voto a milei’ y otro de ahí le dijo “cerra el culo bobo pagaste una entrada de 400 lucas para estar acá” y yo estaba así atras
Ayer un guardia lloraba mientras se despedía messi
El loco lo tenia a metros y no se podia dar vuelta a verlo por su trabajo
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