La vida debería ser amarilla: amar y ya.
Amar sin condiciones.
Amar sin miedo.
Amar sin esperar nada a cambio.
Amar como las flores amarillas: sin prisa, sin ruido, sin pedir permiso.
Amar y ya.
Hoy, 21 de septiembre, se regalan flores amarillas.
Y aunque muchos lo ven como un gesto romántico,
yo lo veo como un recordatorio de algo más profundo:
La vida debería ser amarilla.
Debería ser de ese color que no se esconde,
que ilumina,
que calienta,
que recuerda que la felicidad también se regala.
Amar y ya.
Sin complicarlo.
Sin condicionarlo.
Sin esperar a que el otro ame primero.
Porque amar es la forma más simple y más poderosa de estar vivo.
✨ Hoy, regala flores amarillas. O regala una sonrisa. O regala tiempo. O regala silencio. Pero regala algo que nazca del amor. Porque la vida, cuando se vive desde el amor, se vuelve amarilla.
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En realidad, la fidelidad, la lealtad y la honestidad no nacen del amor que sientes por el otro, sino del amor que te tienes a ti, es disciplina del alma, es respeto a tu palabra, es congruencia con tus valores, es inteligencia emocional en acción, la fidelidad y la lealtad no son una prueba de amor, sino una prueba de integridad personal.
Dame una vida tranquila. Una en la que pueda escuchar los árboles susurrar con el viento, las gotas de lluvia en las ventanas, el paso de las páginas de un libro, el café preparado y los latidos del corazón de mis seres queridos.